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Culturas
Odio cultural (desde el cariño)

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12 de Dic 2012
drasmichdt

Algunas impresiones arbitrarias sobre una ciudad y una supuesta subcultura que al final son meras excusas para recomendar una buena fiesta y acabar el post en pleno cliffhanger

Eo. He vuelto, ¿veis qué bien? ¿Se acuerdan de mí? Nah. Desaparecí hace un par de años de Diagonal después de tirar mi tele al Guadalquivir como había visto hacer a Nanni Moretti en Caro Diario y así fue como (you)tuve que dejar la crítica televisiva que venía haciendo en estas páginas. Los momentos euroconector quedaron atrás. Dejé la tele y me pasé al smartphone. Ahora mi adicción cada vez es más pequeña en términos de tamaño de pantalla y mayor en términos de ocupación mental y de tiempo. Mal negocio para mi salud pero buena noticia para algunos fenómenos: ahora puedo criticar el doble, qué digo, el triple, el enealcuadrado y sin límite de caracteres. Sí, señoras, mantendré este blog y cada quince días iré comentando cosas de la crap-cultura que me encuentre por ahí, es decir, por allí y por aquí, dentro y fuera de este lugar hacia el que están mirando, pantalla mundi, en el que ya de hecho viven. Bienvenidas.

También los momentos Sur quedaron atrás. Dejé Sevilla para venir a dar al centro de la Marca España, en concreto a una de las puertas del Infierno, irónicamente llamada Barrio de Maravillas. Sabemos que es un acceso al infierno porque en él vive Esperanza Aguirre. Y por la polisemia loca. En este barrio todo está connotado, no hay terreno culturalmente transitable, todo es una resignificación de una regurgitación de una reinterpretación de un hackeo de una atomización de una reapropiación de algo que un día fue otra cosa. Yo, por ejemplo, vivo en el portal del Taboo, donde estaba el bar Elígeme (algunas noches puedes llegar a ver al fantasma de Sabina), a la vuelta del Tupperware, a una manzana del Nasti (algunas noches puedes ver al fantasma del indie noventero) y enfrente del Red Bar (algunas noches puedes llegar a no ver nada). Mu mítico tó. Este barrio es el museo de las retro-moderneces. Vamos, que con-vivo en Malasaña (sin ser yo nada de eso). Y sufro en mis carnes y aceras la Invasión de los Ladrones de Barrios. ¿Qué quiénes son esos? ¡Los hip-hip...Hipsters! Los modernucos, modernuquis, modernas o moennos. Sí, puedo decir sin miedo a equivocarme, que en este barrio anidan, especialmente en fin de semana, todos aquellos que por H o por B no pudieron invadir Berlín en su día.

Me han dicho los Zuloark, los Basurama, los Stupid City, (por cierto, menos los OM son todos seres barbados), que los Invasores, a su paso, producen “lo de la Gentrificación”, aunque yo ya lo sabía porque vengo de vivir en La Alameda de Sevilla donde ya convirtieron un legendario barrio muy vivo (lo llaman “degradado” y no lo es) en un centro comercial al aire libre con sus columpios ergonómicos, su buena comisaría friendly y donde te echan de los bares a las tres de la mañana. Como una suerte de Euroveguificación en chiquitito -en vez de juego, aquí se mueve sushi, pizza, ukeleles y cerveza artesanal o lo que coño diga el Vice esa semana que hay que beber- los Invasores de Barrios modifican el paisaje económico y social cumpliendo su misión: Nacidos para Consumir. Y consumen: ropa, veggie burguers o escafandras con forma de muffin (¿o era al revés?). Y al precio que haga falta. Todos los bares aquí son low-profle-deco rollo “nos importa todo una mierda” y camareras displicentes pero donde sirve nesspreso a precio de Jamaica Blue Mountain. Era verdad, Gentrificación no era un nombre de señora. Me trajeron aquí engañada.

Resolví pues buscarme un piso en Tetuán de las Victorias, que es el barrio donde nacieron mi madre y mi abuela, y cuál no sería mi sorpresa al saber por unas vecinas que la invasión había llegado también alli: “Sí, hija, su sombra es alargada. Pero al trato son inofensivos. Si son niños buenos vestidos de mamarracho. Animalitos. Te ponen una tienda de tatuajes y un restaurante “biológico”, se pasean de aquí para allá con el patinete y, ¡hale!, barrio desmarginalizado y alquileres por las nubes. Nosotras les hacemos mucha gracia. Las viejas y los dominicanos. Nos tratan bien porque somos “lo otro”, me ha dicho la Remedios, que está mu leída”. Lo otro. Lo exótico. Pues para eso, pensé, me quedo en mi barrio que estoy en tol'cento de la línea 1 y llego andando a todas partes. Volví a Tribunal.

Me junté con otras dos viejas de mi bloque y, con toda la mierda que había por casa, libros, cassetes de audio, reproductores de dvd, linternas, tapetes de ganchillo, discos (ellos dicen vinilos) es decir, hasta “the last worthless piece of crap you can find” (si metes cosicas como de urban english al hablar se mean) y abrimos un local de esos, medio bar, medio librería, medio ropa absurda, medio cosas de papelería tela de caras: Tipas sin Fama, lo llamamos. Oye, y que lo hemos petado. Efectivamente, las viejas pobres y con olor a mercería les hacemos gracia a esta gente. Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Si luego son muy inocentones. Porque el hipster más recalcitrante (al menos en su aspecto) suele ser de un pueblo de Murcia, Alicante o Palencia. ¿Hay aquí trazas de un resentimiento autonómico, como el complejo de clase o de género pero con lo del lugar de origen? Ya ves tú.

Pero, ¿qué significa hipster? ¿Hay hispters en Madrid? ¿En Spain? ¿Pueden darse como fenómeno? ¿Somos las que odiamos a los hipsters las verdaderas hipsters? Ahhh... Seguiremos el próximo jueves indagando este elástico concepto cultural, amigas, pero no puedo terminar esta crónica partida en dos (o en tres, yo no sé esta gente la de caracteres que me va a llevar a lo tonto) sin dar voz a mi comadre Lucía, de aquí del barrio de toda la vida, que me dice que no es para tanto, que a ella no le molestan, que prefiere estos sujetos a los fachas de Chamberí o a los costras de Costralandia, sin ir más lejos, y que me calle ya y diga lo de que mañana viernes 14, en uno de los oasis del barrio, el Patio Maravillas, se lía a partir de las siete y más en concreto a la nuit en la fiesta de celebración de esta web tan mona que estrenamos y que nadie esperaba ver ya encarnada en HTML 5, WYSIWYG, Drupal o como se llame su sistema. Descreídas que sois. Todas. Como diría Luc Sante: “Ya no te aguanto, eres demasiado moderna”. Contemporizen menos y bailen más. Hasta la próxima.

De regalo, este maravilloso docu que da pistas de por dónde seguirán los tiros de este “repor” la próxima semana... Deuuuu.

'La muerte del bar español y la invasión del plato cuadrado'. Un corto documental de David Álvarez e Ivar Muñoz-Rojas.

 

drasmichdt

Critica de cosas. Hater profesional. Situacionismo digital en bata. Deriva compulsiva en busca de mierdas jugosas para compartir. Etnografía salvaje de las redes, el punto inglés, el marmitako y esa distopía llamada televisión a la carta. Economía del Don (Draper). Disección de productos, experiencia y hypes culturales. Excepcionalmente, sale a la calle e investiga personas y movimientos de carne y hueso. Bulímica y rumiante. Pero sobre todo, persona.

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