Economía Solidaria

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17 de Sep 2013
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Jordi Garcia Jané (jordi@apostrof.coop)

En agosto pasado, Chris Herren fue elegida secretaria general de Co-operative UK, la organización general del cooperativismo británico, que agrupa a más de quince millones de personas socias. Han sido necesarios 143 años para que una mujer ocupara el cargo más importante de esta organización, pese a que el cooperativismo británico fue pionero en otorgar a las mujeres la igualdad de derechos y deberes como socias en las cooperativas.

Recordemos que, entre las 28 personas que en 1844 iniciaron la mítica cooperativa de Rochdale, cerca de Manchester, se hallaba una mujer, Ann Tweedale, que firmó con ellos y en nombre propio el documento de constitución. Esto ocurría cincuenta años antes de que un país reconociera el sufragio femenino (Nueva Zelanda, en 1893) y sesenta antes de que las mujeres británicas pudieran votar en unas elecciones.

La cooperativa de Rochdale participó en campañas para que el Parlamento de Westminster promulgara una ley que evitara que las propiedades de las mujeres, cuando se casaban, pasaran a los maridos; se ganó en 1870. Más en general, el cooperativismo británico apoyó la lucha de las sufragistas. Ya en 1830, la feminista y cooperativista irlandesa, Anna Doyle Wheeler, publicó The rights of women en el periódico cooperativista British Cooperator. Medio siglo después, en 1883, se creó la primera organización cooperativa de mujeres, la Women’s Co-operative Guild, impulsada por Mary Lawrenson y unas cincuenta mujeres más. Esta entidad, aún existente, participó en las campañas por el sufragio femenino, los derechos reproductivos y la igualdad salarial con los hombres.

La veta feminista del cooperativismo no debería sorprendernos. Tal como nos hace observar la historiadora británica Rachael Vorberg-Rugh, las primeras cooperativas, las cooperativas de consumo, prosperaron porque las mujeres quisieron, ya que eran quienes compraban en ellas, aunque la mayoría de veces los hombres fueran formalmente los socios.

La importante presencia de la mujer en el cooperativismo es una realidad también constatada en el Estado español. En Estudio sobre la realidad social y laboral de las mujeres en el cooperativismo asociado en España, elaborado por el Departamento Confederal de la mujer de COCETA (Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado), leemos que las mujeres representan el 48% del total del cooperativismo de trabajo de España. Hace unos días, en el curso sobre “Visiones del desarrollo, alternativas y herramientas para la transformación social”, de la Universidad de Córdoba, en el que participo como docente, nos preguntábamos ―Alba, Rosabel, Victoria, Rocío y Mercedes y yo mismo― si la superior presencia de las mujeres en el cooperativismo y la economía solidaria, significa que ellas son más “alternativas” que ellos, o bien la razón de que estén más presentes se debe a que cooperativas y otras empresas de la economía solidaria se consideran socialmente fórmulas empresariales subalternas, “de serie B”, dirigidas a colectivos con dificultades de inserción laboral como las migrantes, las personas con movilidad reducida o las mujeres en general.

Mi impresión es que influyen factores de diversa índole que se retroalimentan. Es cierto que las mujeres muestran mucho interés por la economía social y solidaria; lo constato en los cursos, charlas y proyectos sobre este tema en donde participo, en el que hay tantas mujeres como hombres, o incluso más mujeres. Pero, por otra parte, muchas actividades de la economía solidaria corresponden a sectores tradicionalmente feminizados, como los cuidados, la educación o el comercio. Asimismo, estas empresas, al no estar orientadas a obtener el máximo beneficio económico, permiten tener en cuenta racionalidades distintas a la económica, de donde resultan empresas con una cultura más cooperadora, con mayores posibilidades de conciliar la vida profesional con la personal y la familiar, y con mayor igualdad salarial entre hombres y mujeres. Todo ello, como es natural, atrae a muchas mujeres.

En cambio, lo que cuesta más lograr es la paridad en los cargos, tanto societarios como empresariales, así como en los trabajos mejor remunerados. Según ese mismo estudio de COCETA, tan sólo un 18,8 % de los puestos directivos de las cooperativas de trabajo lo ejercen mujeres. Volviendo a la Gran Bretaña, el equipo directivo de The Co-operative Group, que es la principal cooperativa británica y europea por número de personas socias (más de cinco millones), lo forman dieciséis hombres y cuatro mujeres. En cambio, el 70 % de las personas socias de The Co-operative Group son mujeres...

El techo de cristal, por lo tanto, sigue existiendo. Como decíamos en el curso de la Universidad de Córdoba, las iniciativas de la economía social y solidaria son potencialmente favorables a la equidad de género, pero sin un esfuerzo continuado para convertir la potencia en actos cotidianos, estas empresas y entidades acaban comportándose como la mayoría de su entorno y reproducen las prácticas discriminatorias. Por eso son tan importantes iniciativas como poner en marcha planes de igualdad; crear comisiones de género, tal como ha hecho Coop57; la autoorganización de las mujeres cooperativistas, como Amecoop en Andalucía; publicar medios de debate y reflexión, como la revista Cuadernos de Mujer y Cooperativismo; introducir en los reglamentos y las leyes cooperativas medidas que garanticen la igualdad de género, como está haciendo la Federación Valenciana de Cooperativas de Trabajo Asociado (Fevecta) o Amecoop en la nueva ley andaluza de cooperativas, y fijarse objetivos concretos, tal como finalmente se ha marcado The Co-operative Group: lograr que en 2018 el 40% de dirigentes de la cooperativa sean mujeres. Porque las organizaciones de la economía solidaria ni de ningún otro tipo no son transformadoras de per se ni para siempre; la emancipación debemos ganarla cada día.

03 de Sep 2013
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Conchi Piñeiro
 

Este año he estado preguntando por aquí y por allá en el entorno cooperativo cómo han ido las vacaciones. Las vacaciones que responden a la necesidad de descanso y ocio, como algo fundamental para una vida buena o el llamado buen vivir. En forma de reflexión personal, y sin ánimo de generalizar a toda la economía solidaria, sino de provocar diálogo, me gustaría compartir algunas de las preguntas y propuestas respecto a las vacaciones que he estado encontrando este verano en proyectos de economía solidaria.

Sabemos que la economía al servicio de las personas es la economía solidaria. A veces en mi experiencia como promotora o parte proactiva de proyectos dentro de esta economía, las otras personas van antes que una misma. Es lo que en el entorno amistoso en broma llamamos el síndrome del huevo frito roto. Cuando fríes varios huevos, suele haber uno que se rompe y la yema no está tan jugosa, ése es el que se suele quedar la persona que ha estado cocinando. Un pequeño ejemplo de una de las formas de cuidar.
   
Entonces, ¿cómo encontrar formas de cuidar los proyectos y a las otras personas al mismo tiempo que a nosotras mismas?

Cuando tienes un trabajo que no tiene una fuerte componente vocacional y/o de autoempleo, parece que es más fácil desconectar, dejar de hablar y pensar en el trabajo.
Cuando el empleo es algo muy alineado con la forma personal de estar en el mundo, con el sentido profundo o esa brújula interna que nos orienta las decisiones clave, ¿donde está la separación entre trabajo, empleo, estilo de vida, ocio...?

Bauman habla de un cambio clave en la sociedad que ha desplazado la importancia social del empleo por la del consumo. En este contexto, las personas que trabajamos en la economía solidaria hacemos un puente entre ambos ejes, consumo y trabajo. Un símbolo de esto es el mercado social, en el que trabajamos y consumimos, tanto como parte de nuestro empleo como parte de nuestra necesidad de participación y activismo. Tenemos así múltiples roles.

Puede ser así una separación artificial temporal que nos sirve para tener claridad momentáneamente. Pero sabemos que al hacer énfasis en esto, perdemos la parte dinámica del proceso. Como si se tratara de variables físicas, si queremos saber con precisión la posición de una partícula, no conoceremos la velocidad y viceversa (haciendo una similitud grosso modo con el principio de incertidumbre de Heisenberg).

Los estilos de vida son patrones que res­ponden a las cuestiones planteadas en la definición de economía solidaria y los principios de la Carta de REAS. Por ejemplo, dónde ir de vacaciones sería otro tema de elección, sobre la que Opcions nos hace también reflexionar, entre otras organizaciones.

Las conversaciones en las propias vacaciones (qué tal te va todo y ahí aparece el trabajo), ¿cómo irte de vacaciones con tus colegas que además son compas de cooperativas y proyectos varios y no tener momentos de hablar del proyecto de autoempleo?
Si nuestra tendencia más primaria o habitual es no separar. Nuestra tendencia más desconocida sería poder separar, por lo que el aprendizaje sería tener fluidez para poder hacer ambas cosas o sacar la parte útil que tienen ambas y poder integrarlas.

De Young enumera 5 tipos de motivaciones que explican la conducta responsable (algo que puede ser parte de la economía solidaria). Una de ellas es el lujo.
Quizá sea un lujo poder desconectar unos días de descanso, pero seguramente pueda servir de motivación intrínseca para poder seguir construyendo proyectos de economía solidaria. La inteligencia grupal para satisfacer esta necesidad puede ser establecer turnos de vacaciones, mecanismos de guardias o cerrar unos días. Algunas de las otras fórmulas son:

  • tomar vacaciones según necesidad
  • compensar horas extra a lo largo de todo el año mediante horas de vacaciones a lo largo de todo el año
  • teletrabajo puntual para poder convivir en diferentes espacios y así poder combinar horas dedicadas al empleo con horas dedicadas a otras actividades
  • ​redistribuir horas de trabajo dentro de un mismo equipo o entre equipos

​Si en la economía más convencional toman estas medidas, ¿qué otras fórmulas puede haber desde la economía solidaria? Es uno de los temas para seguir investigando de cara a poder vivir mejor dentro de los límites biofísicos del Planeta y dentro de nuestros proyectos. Ojalá en las próximas vacaciones tengamos nuevas respuestas.

Referencias
BAUMAN, Zygmunt (2007). Vida de consumo. Fondo de Cultura Económica.
Carta de REAS
Revista Opcions. ¿Te apuntas al viaje? Consumo consciente de turismo.
DE YOUNG, Raymond (2000) Expanding and evaluating motives for evironmentally responsible behvior 
Journal of Social Issues. Vol. 56. Nº 3. 2000. pp. 509-526

09 de Jul 2013
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                                                           Enrique del Río 
 

1.   Los retos. Uno de los desafíos más importantes que tenemos hoy en el ámbito de la economía social y solidaria, es que para transformar la sociedad actual no basta con que unas cuantas personas quieran, aunque sean una minoría cualificada, hace falta que haya muchas personas que quieran cambiarla y para eso tienen que tener claro por qué cambiarla. Y ese no es el caso. Si no ¿Cómo se explicaría que se mantenga este modelo de desarrollo a todas luces insostenible, que perjudica a la mayoría de la población que paga sus consecuencias?
 
Lo grave de la respuesta es que nos señala a nosotros mismos, a la población en general, como los propios cómplices reproductores día a día, víctimas y responsables a la de vez, de esta manera de funcionar la sociedad, conscientes o inconscientes, cómodos o incómodos, implicados o inhibidos. Podríamos afirmar que si existe la actual situación de injusticias, discriminaciones, abusos de poder, precariedad, etc., a nivel planetario, es porque hay una inmensa masa de personas que la sostienen.
 
Para que las personas quieran cambiar la sociedad a favor suyo, es necesario favorecer procesos de toma de conciencia de la realidad y compararla con sus aspiraciones más profundas y así una vez consciente de la enorme distancia entre lo que se siente y se quiere con lo que se está obligado a vivir, surge la motivación para actuar a favor de una sociedad más justa, más digna, más humana y más participativa.  
 
Para ello, tenemos que superar el modelo de educación oficial, a imagen y semejanza del modelo de producción industrial, con los valores impuestos por la economía financiera dominante y en el respeto a la jerarquía establecida en el poder. Así la educación se controla desde el estado y se adoctrina a las personas en ese sentido, con un “pensamiento único”, de manera que se elaboran “paquetes” de datos y enseñanzas que todo el mundo tiene que asimilar y repetir para que el sistema económico siga funcionando sin ningún tipo de contestación. Tenemos que ir en la dirección contraria, porque la sociedad necesita de personas con el pensamiento divergente.
 
2.      La educación popular liberadora y la metodología de la formación. Recorrer ese camino precisa de una educación transformadora que desarrolle nuestra capacidad de construir experiencias democráticas y pluralistas que combatan el  pensamiento único y generen el pensamiento propio y pluralista de los ciudadanos. Dialogante, tolerante, sin certezas absolutas, investigador, abierto…
 
De acuerdo con Paulo Freire, este modelo de educación/formación…”concibe el conocimiento como arma de lucha. Se plantea la transformación del mundo por la acción del pueblo mismo, liberado a través de la educación…La educación como una actitud de tensión creadora que utiliza la imaginación para buscar soluciones realistas a las situaciones cotidianas. Las palabras tienen sentido cuando están encarnadas en la realidad de quien las pronuncia. Solo así, las palabras en vez de ser vehículo de ideologías alienantes se convierten en generadoras, en instrumentos de transformación auténtica... “Por eso la educación es un acto de amor y de coraje y es una práctica de la libertad, dirigida hacia la realidad, a la que no se teme, sino que busca transformarla…”
 
De hecho, en realidad nadie forma a nadie, porque para que haya formación tienen que darse tres elementos inseparables a tener en cuenta: a) la información (saber, conocer), b) la implicación (toma de conciencia), c) la aplicación (actuación acorde con la toma de conciencia)
 
a)  La información veraz, las ganas de saber, de aprender y adquirir conocimientos, de investigar y verificar. En definitiva para satisfacer el hambre de saber los porqués y los cómos de las cosas y las personas. Ese proceso precisa de informaciones al alcance, para satisfacer nuestra búsqueda de conocimientos y esta búsqueda también precisa de un método para seleccionar lo que queremos buscar. Aprender a informar e informarse. La información es la base de la que nos nutrimos para hacernos una idea de la realidad y opinar sobre ella. Sin información no puede haber transmisión de conocimientos. El estar informado es clave para funcionar en la vida y no perder el horizonte, pero hay que seleccionar la información, para no atiborrarnos de noticias que ocupen toda nuestra capacidad y no nos deje espacio para lo fundamental.
 
Por eso es básico inculcar el rigor informativo, la verificación de los datos, contrastar la forma de interpretar esos datos. Esa información necesaria no siempre está a nuestra disposición y es preciso investigar donde está, así como, comprobar si la que tenemos es veraz.  De ahí la importancia de aprender a saber lo que queremos saber y no perdernos en las infinitas formas de asomarse a todo superficialmente, sin entrar en nada, porque no se puede profundizar en todo a la vez.
 
b) La implicación o conciencia de esa información, precisa de aprender a pensar, sentir y comprender lo que sabemos. Ese proceso de formación permanente no puede ser una simple acumulación de datos en nuestra cabeza o en el disco duro de nuestro ordenador. Es decir, no basta la información recibida si no sabemos trabajarla en nuestra mente y en nuestro corazón. La realidad nos implica de cualquier manera, por eso es importante que seamos conscientes de esa implicación, para que los datos e informaciones integradas nos ayuden a enfocar nuestra postura y compromiso con base suficiente para estar convencidos de lo que queremos.
 
Se trata de ejercitar la comprensión. Tenemos que aprender a pensar sobre esa información y sacar nuestras conclusiones. De manera que los datos adquiridos y verificados que nos vienen de afuera hacia dentro, transmitidos como información, no pueden dejarnos indiferentes. Es decir, ratifican o rectifican o aumentan nuestra visión de la realidad y tienen que provocarnos una toma de postura o de conciencia en nuestro interior.    
  
Según P. Freire, la educación/formación liberadora o emancipadora  consiste en pasar de una conciencia ingenua a la conciencia crítica, es decir, “darse cuenta”. Y esa conciencia crítica, se adquiere a través del aprendizaje práctico que se hace al afrontar todas las vicisitudes diarias y en todos los ámbitos que vivimos en relación con los demás, con nuestro entorno y con la naturaleza, con la participación de todos, para gestionarlas a favor de todos.
 
c)  La aplicación. La información recibida y comprendida provoca en nosotros un estado de opinión, una toma de postura, que normalmente debe llevarnos a  una actitud vital, una reacción práctica y coherente, según nuestra opinión y conciencia. Eso supone una toma de responsabilidad respecto a nuestra vida cotidiana y lo que nos rodea, que también, forma parte de nosotros mismos.
 
La aplicación o compromiso ante esa realidad, que tenemos integrada a través de nuestra información y nuestra conciencia, precisa de aprender a actuar positivamente y organizarse para crear alternativas.  La verdadera formación es “praxis”, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo. Se trata de aprender a actuar positivamente y organizarse para crear plataformas de creación de soluciones alternativas. Perder el miedo a gestionar y asumir la cultura de la autogestión que es la cultura de los iguales en dignidad, derechos y deberes.
 
Estos tres elementos de información, implicación y aplicación, van juntos ya que por separado no son suficientes y pueden conducir a error y deformaciones. Es decir, que la información sin implicación no genera compromiso, ni participación, sino tertulianos; la implicación sin análisis basados en la información rigurosa, puede llevar a una actitud de sufrimiento sin perspectivas, ni alternativas y a errores de bulto en los objetivos y estrategias; la aplicación sin análisis y sin conciencia del por qué se hace puede derivar en puro activismo.
 
3.   Fijarnos indicadores de evaluación. Para verificar si nuestro método es transformador, necesitamos establecer y consensuar unos indicadores que nos permitan verificar si las personas crecen en conciencia de lo que son, si sus actitudes son abiertas, comprensivas, dialogantes, investigadoras y comprometidas con asumir las responsabilidades que les corresponden. Indicadores del proceso que permitan verificar a los “educadores” si ayudan a esa toma de conciencia y de responsabilidad o solamente, entretienen, dirigen, manipulan o refuerzan el pensamiento único.
 
Partiendo del contexto que nos rodea, donde la rutina impone su peso como una losa, es fundamental conectar con el interés de las personas, se encuentren al nivel que se encuentren de conocimientos y de conciencia sociopolítica.  Hay que partir de la sana aspiración de cada uno para estimular su iniciativa, su interés por cambiar y salir de la situación actual.

03 de Jul 2013
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Clara Soler Roig

Buena parte de los actuales proyectos vinculados a las finanzas éticas tienen una base cooperativa de gran calado. Probablemente este es uno de los elementos fundamentales de las organizaciones que trabajan en este ámbito, ya que su principal razón de ser es transformar la sociedad hacia un modelo mucho más justo e integrador. Las finanzas éticas no sólo implican la canalización de los ahorros de parte de la ciudadanía y organizaciones hacia proyectos que tengan un claro eje transformador sino que el propio proceso de desarrollo de las organizaciones de finanzas éticas, representa en sí mismo un cambio social.

Si examináramos algunos de los procesos de creación, desarrollo y consolidación de las organizaciones que tienen ámbito de actuación estatal, vemos que éstos surgieron de espacios de construcción alternativos de herramientas financieras al servicio de la Economía Social y Solidaria desde lo local.  El proceso de puesta en marcha y extensión de estos proyectos implicaba un compromiso de las personas que había detrás de ellos, que con su trabajo voluntario o remunerado estaban dispuestas a poner en marcha herramientas que fueran útiles y necesarias para completar uno de los ejes necesarios de nuestras sociedades, como es el de la gestión de las finanzas.

A lo largo de los últimos 15 años hemos sido capaces de montar un sistema que poco a poco ha ido dando respuestas a las diferentes necesidades surgidas -y seguramente sin respuestas inmediatas- a través de la perseverancia, la intercooperación y el trabajo por un objetivo claro. Ha sido gracias al compromiso de las personas y entidades involucradas que hemos erigido un sistema de organizaciones que poco a poco empiezan a ser una alternativa al sistema convencional de finanzas.

¿Qué nos ha sucedido con esta nueva crisis del sistema? La respuesta podría ser muy amplia pero la que nos interesa aquí es el nivel de compromiso de la ciudadanía. Muchas personas están hartas de tener el sentimiento de que el sistema económico vigente no cambiará, y precisamente éste es  uno de los pensamientos que debemos combatir desde las propias organizaciones que trabajamos en el ámbito la Economía Solidaria. Nuestro territorio está lleno de cientos de casos, donde la movilización ciudadana ha conseguido logros muy significativos en el proceso de construcción de alternativas desde lo local y debemos recordarlos y explicarlos continuamente para tener presente que el sistema dominante no es el único vigente.

El 15-M y la PAH son dos de las experiencias de movilización social más significativas de ámbito estatal, que precisamente responden a un espíritu de cambio y que a la vez requieren de tiempo, perseverancia y constancia para conseguir los fines propuestos. Por un lado el primero se proponía decir “no” a las decisiones de nuestros representantes políticos frente a la presión extranjera que intentaba conseguir un cambio en la orientación política del país. Sin embargo poco a poco han ido articulando, con diferencias según las ciudades, unos movimientos comunitarios de cooperación y construcción de alternativas en los barrios.  En el segundo caso, la PAH ha realizado un trabajo mucho más visible en los últimos años de crear una conciencia ciudadana sobre el derecho a la vivienda, ha frenado cientos de procesos de desahucios de personas que no tenían otra alternativa que quedarse en la calle y, en tercer lugar, ha denunciado algunos de los principales responsables del proceso de estancamiento en la modificación de las leyes que permiten que la legislación española sea una de las más retrógradas a nivel europeo.

¿Qué queremos decir con todo esto? Básicamente dos cosas. En primer lugar esta crisis nos está recordando nuestra condición de ciudadanía y por lo tanto, la necesidad de defender nuestros derechos frente a un sistema que sólo mira por defender el de unos pocos; y en segundo lugar el poder de la ciudadanía organizada para construir otros escenarios de relaciones sociales y económicas basados en los valores de la Economía Solidaria.

Las diferentes iniciativas que englobamos la Economía Solidaria son un ejercicio de democratización de la economía en el sentido más amplio de la palabra. Es decir para que todas las personas, sin importar su condición legal, aspecto físico o habilidades sociales, tengan la oportunidad de desarrollar unas condiciones de vida que la hagan digna como persona en igualdad de condiciones que las demás, tenemos que construir un sistema que defienda los intereses de todas. Y para esto necesitamos tener los objetivos claros en cada uno de los ámbitos del cambio y luego desarrollar virtudes como la paciencia, la constancia y la perseverancia para que a medio plazo demos un vuelco a la forma de operar del sistema. Incluso en un ámbito que podía parecer tan duro como es el de las finanzas lo estamos consiguiendo, pero sin el compromiso y lealtad de la ciudadanía es difícil desarrollar proyectos transcendentales que incidan en cambiar las estructuras y formatos de un sistema liberal que nos lo daba todo hecho y sin muchas preguntas a cambio.

Por este motivo es imprescindible profundizar el compromiso de la ciudadanía  en la construcción de alternativas al sistema capitalista dominante para mostrarnos a nosotros mismos la posibilidad de dar respuestas integradoras a las diferentes necesidades que tenemos como colectivo. Sin nuestro compromiso en apoyar las diferentes iniciativas estamos entregando nuestra cuota de poder al sistema y a sus intereses, que se aprovecha de todos aquellos despistados, que sin querer, a través del consumo y la desmovilización, permiten que el sistema continúe imponiendo sus reglas del juego.

Precisamente la propuesta del Mercado Social que se está desarrollando a nivel estatal en una serie de territorios, intenta dar respuesta a algunos de estos retos a través de incidir y acrecentar la intercooperación del propio sector así como buscando la ampliación a nuevos sectores de población. Por este motivo, necesitamos que más ciudadanía se sume también a este cambio de modelo y camine junto a nosotras en este proceso de desarrollo de nuevos modelos de organización social.

Nuestra base cooperativa debe ayudarnos a movilizar a las personas a implicarse en el circuito de construcción de alternativas que nos permita construir una sociedad más justa, desde la producción y consumo de bienes de primera necesidad, al tiempo de ocio y la gestión de las finanzas.

www.proyectofiare.com

19 de Jun 2013
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Jordi Garcia Jané (Jordi@apostrof.coop)
 

Según Bernard Lietaer, especialista en sistemas monetarios, tan sólo en los últimos 40 años, se han registrado 145 quiebras bancarias, 208 monetarias y 72 crisis de deuda soberana. La media indica que cada seis semanas se produce una crisis de estas características en alguna parte del mundo. La pregunta es: ¿cuántas crisis más debemos soportar para decidirnos a salir del paradigma financiero, monetario y económico capitalista?

Pero ciñámonos hoy a la dimensión monetaria de dicho paradigma. A lo largo de los siglos, los humanos hemos empleado distintas cosas que considerábamos valiosas como dinero: la sal en el Mediterráneo, las telas en China, el tabaco en África, el cacao en América Central... Más tarde, el oro se convirtió en el medio de intercambio y estándar de valor por excelencia; todo el mundo lo reconocía como algo valioso y sobre esta base se determinaba el valor del resto de cosas. Posteriormente, el metal precioso fue sustituido por monedas con aleaciones de metales y, en el siglo XVIII, en Londres, se inventaron los billetes, que “representaban oro”. En 1941, con el acuerdo de Bretton Woods, se decidió equiparar las monedas nacionales con el dólar de EE.UU., que tenía una reserva en oro como garantía. Pero en 1971, Nixon, reconoció que su país no tenía oro suficiente para sustentar el dólar y esa moneda dejó también de ser convertible en el codiciado metal. Desde entonces, las monedas oficiales del mundo son fiduciarias, es decir, se crean de la nada y no están respaldadas por nada material, sólo por la confianza en su emisor que la sociedad le otorgue.
 
Si bien el dinero nació como un instrumento público para facilitar los intercambios de productos y servicios y como medida de valor, en estos momentos ha sido privatizado por bancos y grandes corporaciones, que lo han convertido en instrumento de especulación, acumulación y transferencia de riqueza de los pobres hacia los ricos.  Como en la crisis del 1929, hoy nos tienen metidos en una situación tragicómica. Tragicómica porque aunque la mayoría de la sociedad (empresas y personas) seguimos poseyendo la capacidad para proveer bienes y servicios que los demás necesitan, al retirarnos los bancos el dinero de la circulación, hemos dejado de trabajar los unos para los otros y hemos caído en el pozo negro del paro y la falta de recursos.
 
En realidad, no todo el mundo sigue preso del dinero oficial. Ya en la depresión de los años 30 del siglo pasado, surgieron monedas no oficiales, tales como el wara en Alemania o el wörgl en Austria. Y un lustro más tarde, desde la década de los ochenta hasta hoy, por doquier diferentes grupos han creado monedas alternativas, también llamadas sociales, locales, complementarias o comunitarias, como los chiemgauer en Alemania, los sampaios en Sao Paulo, los tlaloc en Méjico, los ithaca hours en EEUU, el fureai ticket en Japón, los brixton pound en Londres, los sol-violette en Tolouse, los boniatos en Madrid, los pumas en Sevilla,... y ahora, en Cataluña, entre otras, el ecosol, la moneda de la economía solidaria.
 

El ecosol

Una moneda comunitaria es un símbolo de valor que un grupo de personas adopta para sus intercambios. Puede tomar la forma de vale circulante (billete) o de anotación en cuenta (moneda electrónica). En ambos casos representa la contraparte de la entrega de valor real, que permite a quien proporciona valor útil pedir al mismo tiempo valor equivalente a otro miembro de la comunidad.
 
El ecosol pretende ser la moneda comunitaria de la economía solidaria catalana. Se inspira en la moneda complementaria suiza, el wir, en tanto que sistema de crédito mutuo entre empresas, y en el chiemgauer alemán, en tanto que moneda que los consumidores pueden comprar con euros.
 
El ecosol fue creado por la Xarxa d’Economia Solidària (XES) para la primera edición de la Feria de Economía Solidaria, que tuvo lugar en octubre de 2012. Su ámbito de circulación es el denominado Mercado Ecosol, una comunidad de crédito mutuo sin intereses formada por prosumidores solidarios (cooperativas, asociaciones, profesionales…), así como por consumidores que desean acceder a dicho mercado cambiando euros por ecosoles  al ventajoso cambio de 11 ecosoles por 10 euros.
 
Como sistema de crédito mutuo, el ecosol se genera cada vez que una empresa vende a otra un producto y no cobra en efectivo, sino que la empresa vendedora aumenta su saldo para comprar otros productos o servicios a cualquier miembro del Mercado Ecosol, mientras que la empresa compradora contrae una deuda que deberá saldar vendiendo al resto de miembros sin cobrarles tampoco en efectivo. Cada cooperativa, profesional o entidad dispone de un límite de crédito para comprar dentro del Mercado Ecosol; este límite fluctúa en proporción del volumen de ventas que realice dentro del mismo mercado: cuanto más venda más podrá comprar.
 
¿Cuáles son los objetivos que persigue la XES al apostar por el ecosol? Por una parte, ayudar la economía solidaria a resistir a la crisis, más aún, a hacerla crecer dinamizando los intercambios y atrayendo a nuevos consumidores y proveedores a su seno. Pero también, incentivar el consumo responsable y, mediante el ejercicio de la confianza y la reciprocidad, generar una comunidad cada vez mayor de productores y consumidores de la economía solidaria, que termine desembocando en un verdadero mercado alternativo al capitalista, regido por la equidad en los intercambios, la solidaridad entre productores y consumidores, y la distribución de bienes y servicios necesarios y producidos de modo socialmente responsable. Estamos hablando del denominado mercado social o mercado solidario, un objetivo estratégico para muchos movimientos de economía solidaria, entre ellos el catalán.
 
Ahora, desde el pasado 17 de junio y hasta el 26 de julio, la XES ha iniciado con Goteo una campaña de crowdfunding para poder financiar un plan de acción que permita consolidar el Mercado Ecosol. La campaña lleva por título “ECOSOLidaritza’t (“ECOSOLidarízate”) y, como dicen en su vídeo explicativo, esperan que sea la última vez que deban pedir euros. Nunca tan bien dicho.

 

11 de Jun 2013
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Comisión Organizadora de La Feria de Madrid

En octubre 2012, se celebró en Barcelona, en el barrio de Sant Andreu, la primera Fira de Economía Solidaria de Cataluña, promovida por la XES (Xarxa de Economia Solidaria). Fue un éxito en muchos sentidos. Un pequeño equipo de la Red de Economía Solidaria de Madrid(REAS Madrid) y del Mercado Social (MES Madrid) estuvo allí y vivió ese éxito en directo. La imaginación empezó a volar.

El tiempo de preparación ha sido corto, pues la decisión definitiva de organizar una Feria en Madrid, llegó en Navidades. El deseo de no diluir el entusiasmo y de no coincidir con la II Fira en Barcelona, resultó en 4 o 5 meses escasos de preparación maratoniana. Las dificultades se han ido acumulando, y la inexperiencia en algunos momentos, amenazó tormenta. Poco a poco sin embargo, iban apareciendo soluciones, posibilidades, refuerzos, nuevos ánimos.

Tres días antes de la Feria, ya se tenía, aún con todo el miedo en el cuerpo, sensación de éxito, pues hacía días que se habían soprepasado las expectativas en términos de participación de expositores, y los principales escollos estaban o superados o amortiguados. Los últimos detalles se cerraron, como siempre, la víspera, pero un dispositivo de más de 40 personas tenía tareas distribuidas y el mejor de los ánimos.

La guinda la puso el tiempo, que acompañó bastante, y la maravillosa sensación que daba ver crecer de la nada (dos naves y un trozo de calle, completamente vacías) una Feria, un Mercado Social en acción. Ver como las mesas iban dando forma y después las telas y los distintivos con los nombres, todos en armonía, para terminar completamente personalizados por la diferencia de productos, de decoración, de propuestas, de dispositivos para sombra o para proyección o difusión (como las bicicletas que se podían alquilar al final de la calle Matadero).

Con el montaje listo, a las 11 de la mañana del sábado, se inauguró La Feria con 131 empresas y organizaciones sociales presentesdos exposiciones montadas y 3 actividades simultáneas casi permanentemente, incluidas 4 actividades para niños durante el fin de semana. Antes de que pudiéramos darnos cuenta, el espacio Matadero-Madrid se había llenado de gente. Personas curiosas, paseantes, consumidoras responsables, observadoras, inquietas, participantes, emprendedoras, que han dado sentido a la necesidad de hacer esta Feria. Sin duda, se ha cumplido el objetivo de visibilizar y mostrar la fuerza de los proyectos de la economía solidaria madrileña.

Y es que lo que ha logrado esta Feria es hacer honor al lema con el que se presentó en sociedad: “COOPERAR PARA TRANSFORMAR”. Durante  20 horas de espacio de conexión se han establecido multitud de relaciones de todo tipo entre entidades que son el comienzo de futuros proyectos más estables de intercooperación.

Si queremos poner en valor las cifras del éxito diremos que por las actividades del programa han pasado cerca de 1.000 personas, que se ha consumido por valor de 40.000 boniatos, que se han participado de una u otra forma en La Feria más de 10.000 personas.

Ahora toca evaluar para mejorar, pero sobre todo celebrar y descansar. Han sido muchos meses de trabajo frenético que duró hasta la medianoche del domingo 2 de Junio, con los últimos residuos colocados en su sitio y los cuerpos de los últimos turnos de recogida, alejándose a paso cansado del recinto “ferial”. El espacio, a pesar de alguna limitación que otra, resultó idóneo para el tipo de feria que habíamos imaginado. Las dos entidades promotoras se felicitan por el sueño cumplido -la primera vez siempre es la más difícil- y el sentir general expresado en directo durante la Feria -falta la evaluación oficial, que está preparando una comisión del MES- es de felicitaciones mutuas. Todos y todas agradecían y felicitaban, entre sí y al inmenso equipo de trabajo, que incluía nada menos que un Centro de Medios propio, con radio en directo, cuyos registros quedan a disposición, junto con el archivo fotográfico.  El núcleo duro de la organización, a su vez, agradecía al pequeño equipo de Intermediae que se volcó durante el fin de semana. Y por supuesto, a las entidades colaboradoras, a los expositores que llegaron puntualmente a llenar sus puestos de vida, de colorido y de realidad concreta, al público por acudir, por participar, por preguntar y difundir.

Aun falta mucho por hacer. En los próximos meses el Mercado Social crecerá en consumidores/as y en proveedores pudiendo atender un mayor número de necesidades bajo los principios de la economía solidaria. En definitiva, nos toca seguir CONSTRUYENDO EN EL DÍA A DÍA  UN  INSTRUMENTO AL SERVICIO DE LA ECONOMIA SOLIDARIA, junto a proyectos de emprendimiento colectivo, de redes y grupos de cooperativas y proyectos de Banca Ética y autogestionada, Seguros Éticos, Energia Sostenible y Software y cultura coolaborativa.

No es tiempo de caminar en solitario, es tiempo de seguir construyendo alternativas y de disfrutar de cada pequeño logro, pues cuesta tanto, y merece tanto la pena, que ojalá se pueda jalonar el 2013 y mas allá, de esfuerzos y logros compartidos. Nos vemos en las Ferias, nos vemos en el día a día del Mercado Social y la Economía Solidaria.

Artículo publicado originalmente en el Blog de La Feria

 

28 de Mayo 2013
idearia

Raimon Gassiot, coordinador adjunto de Coop57

Desde distintos ámbitos, se ha incidido en que las finanzas éticas no son un fin en sí mismo, si no una herramienta para transformar la sociedad en base a los planteamientos de la economía social y solidaria. Su función debe ser suministrar financiación a las entidades de economía social y solidaria para que puedan llevar a cabo sus proyectos, y eso deben hacerlo con planteamientos mutualistas y cooperativistas, innovando, sin copiar miméticamente el funcionamiento de los bancos o las sociedades financieras mercantiles convencionales.

En un contexto de recesión económica generalizada y de profundos recortes en el Estado del Bienestar que afectan también a la economía solidaria, ¿qué papel deben jugar las finanzas éticas? El que juegan las entidades financieras convencionales está claro: cerrar el grifo del crédito y encarecer y endurecer las condiciones de sus servicios. El de las finanzas éticas debe ser justamente el contrario: mantener y potenciar sus servicios financieros para dar respuesta a las necesidades financieras de las entidades de economía social y solidaria. A pesar de las dificultades económicas que atenazan a estas entidades, las finanzas alternativas deben seguir aumentando la concesión de préstamos para evitar que la falta de financiación acentúe su fragilidad. Por otra parte, ante el crecimiento exponencial del paro y el inmenso descrédito de los modelos económicos capitalistas, tenemos la oportunidad de promover nuevos proyectos cooperativos y de economía social y solidaria que creen puestos de trabajo, de manera que den respuesta a una necesidad acuciante (la falta de empleo), pero que también contribuyan a articular una realidad económica alternativa. Las finanzas éticas deben contribuir a este objetivo priorizando los préstamos para financiar inversiones y la puesta en marcha de nuevos proyectos.
 
Todo ello, obviamente, comporta asumir riesgos. Las finanzas éticas no deben rehuir este riesgo, si no afrontarlo y, a la vez, garantizar al máximo los ahorros de las personas que han confiado en ellas. Se trata de un equilibrio difícil, que sólo puede mantenerse si se desarrollan fórmulas de implicación social y se aplican modelos cooperativos, mutualistas y de intercooperación. Las fórmulas son variadas y ninguna de ellas por si sola es suficiente: hay que combinar varias con imaginación y flexibilidad. Por una parte, es importante aumentar el capital social de las entidades de finanzas alternativas de forma muy capilar para implicar al máximo de personas posible. Así aumentarán sus fondos propios y, en consecuencia, podrán conceder más préstamos. Y la capilaridad garantiza que nadie pueda adoptar posiciones de control y que, en la medida que el capital social está muy repartido, también se distribuye el riesgo que asume toda persona o entidad que efectúa aportaciones al capital social.

Por otra parte, se pueden aplicar fórmulas mutualistas a las garantías que se piden a las entidades que solicitan préstamos, como por ejemplo el sistema de avales personales mancomunados. Si una entidad social pide un préstamo para hacer una inversión, consiste en pedir a sus miembros y a su base social que avalen el préstamo mediante la firma de un documento en el que cada persona se compromete a retornar una determinada cantidad (nunca la totalidad del préstamo) en el caso de que la cooperativa no pueda hacerlo. Este documento es un compromiso asumido por cada persona, y no implica desembolsar dinero ni aportar o pignorar propiedades como garantía. Se trata de buscar que la entidad que pide el préstamo aporte el máximo de avales. Este sistema de avales refuerza los lazos de ayuda mutua y de solidaridad, y cuando se aplican son un revulsivo que amplia y refuerza la red de personas y entidades vinculadas al proyecto que recibe el préstamo. Asimismo, permite superar la paradoja de que sólo los proyectos que cuentan con patrimonio o dinero (o personas adineradas que las avalen) puedan acceder al crédito.
 
Por último, hay que potenciar la intercooperación y la generación de sinergias entre todas las entidades interesadas en potenciar la economía solidaria y el cooperativismo para compartir riesgos, cada una desde su ámbito de actuación: bancos éticos, cooperativas de crédito, cooperativas de servicios financieros, sociedades de garantía recíproca, fundaciones de promoción de la economía social y solidaria, administraciones locales, etc. Si estamos de acuerdo en que debemos hacer todo lo posible para evitar que entidades y proyectos de economía social y solidaria viables fracasen por problemas de financiación, debemos tratar de aunar esfuerzos y compartir (o mutualizar) los riesgos que comporta toda concesión de préstamos.
 
En momentos difíciles como el actual es cuando se debe visualizar, en la práctica, la razón de ser de las finanzas éticas: suministrar, de forma colectiva y cooperativa, financiación a entidades de la economía solidaria que contribuyan a transformar la sociedad.

16 de Abr 2013
idearia

Enrique del Río y Jeromo Aguado

El panorama. Se han encendido todas las alarmas económicas, sociales, ambientales y culturales. Los poderosos grupos económicos en su insaciable avaricia, y después de haber explotado la burbuja del ladrillo, ahora quieren más y tienen puesta su mirada en apropiarse de los recursos públicos, la tierra, el agua y las semillas.
 
Y, para ello, cuentan con la colaboración de los poderes públicos para suprimir ayuntamientos y concentrar el poder de decisión en menos manos, ajenas a los intereses de la población, o para poner cada vez más normativas que dificulten la subsistencia de los agricultores y agricultoras que no se sometan a las leyes del mercado, controlado por estos grupos económicos. Las corporaciones agroalimentarias y los conglomerados financieros tienen vía libre para hacer de los alimentos una simple mercancía, impidiendo a millones de seres humanos el derecho al acceso a la comida.
 
Los ataques a toda la ciudadanía son permanentes, pero en el campo además nos estamos jugando la alimentación y la salud presente y futura de toda la población.
 
Abriendo caminos. Además de denunciar todos los atropellos, salir a la calle y reivindicar nuestros derechos humanos y sociales secuestrados, conviene ir construyendo caminos que contemplen por un lado diques de contención de tanto avasallamiento y por otro generar otras formas de usar y gestionar los recursos y los bienes comunes, otras prácticas a la hora de relacionarnos con la naturaleza, y gestionar la economía, la política y la cultura de otra manera. En definitiva, necesitamos fortalecer otros modelos de desarrollo local basados en el valor de la suficiencia sostenible, frente al crecimiento ilimitado, el productivismo y el despilfarro. 
 
Todos nos necesitamos mutuamente, por eso queremos tejer redes sociales y alianzas campo-ciudad, productores/as y usuarios/as de bienes y servicios, desde donde vayamos gestando en común el modelo de desarrollo favorable para ambos, construyendo espacios comunitarios para abordar problemas colectivos.
 
En esta línea, nos vamos encontrado grupos de personas que por caminos diversos hemos ido llegando a las mismas conclusiones, y nos hemos asociado formalmente para darnos soluciones sin esperar a que cambie la sociedad entera. Queremos construir y estamos construyendo alianzas entre campo y ciudad.
 
¿Por qué nos asociamos entre el Campo y la Ciudad? Para favorecer y mantener el estado óptimo de nuestra salud física y mental, a través del cuidado de una alimentación sana. Alimentándonos de manera saludable con productos naturales que los mismos asociados producimos, tanto de origen vegetal como animal.
 
Para promover también nuestro desarrollo cultural y el de nuestra sensibilidad como personas, además de fomentar el ejercicio físico adecuado. Tratando de recuperar toda la sabiduría de las generaciones precedentes, sus conocimientos y destrezas profesionales en la agricultura y ganadería natural. Así como sus hábitos y formas de adaptarse al territorio y al clima y las diversas maneras de respetar la naturaleza, que durante más de ochocientos años han sido capaces de conservar el medio natural para las generaciones sucesivas, hasta que en estas últimas décadas el capitalismo depredador y sus formas de explotación de la tierra está poniendo en grave peligro la subsistencia de toda la humanidad.
 
¿Cómo? Planificando la producción de aquellos alimentos que satisfagan las necesidades alimenticias personales y familiares de los asociados, previendo para ello dichas necesidades.
Dominando las técnicas adecuadas para producir con calidad y consumir de manera responsable y coherente con nuestros objetivos. Aprendiendo a elaborar, transformar y conservar alimentos sin aditivos químicos nocivos para nuestra salud.
 
Fomentando y manteniendo los bancos locales de semillas, para garantizar el origen orgánico de nuestra producción agrícola y la autonomía de funcionamiento, sin depender de injerencias e intereses económicos ajenos y extraños.
 
Lo que proponemos para el fortalecimiento de alianzas campo-ciudad. Llegar a acuerdos estables con grupos que tienen fines similares a los nuestros para una mayor eficacia en nuestros objetivos. Y en este mismo sentido, facilitar la cooperación entre entidades tanto locales, como autonómicas, nacionales e internacionales que tengan fines similares o complementarios.
 
Aumentar la reserva local de tierras y la creación de un fondo de viviendas, para apoyar la incorporación de nuevos vecinos que practiquen la agricultura orgánica natural, asegurando que la tierra sea un bien de todos y todas para el uso de los que la trabajan, facilitando el acceso a la vivienda de quienes quieran plantearse vivir en el mundo rural.
 
Colaborar con las estructuras formativas de educación liberadora que ya existen en nuestro entorno y reforzarlas, para hacer de la formación una herramienta que ayude a dignificar la vida de los hombres y las mujeres del campo, a mantener sus culturas como base del saber hacer campesino, y a contemplar ésta una tarea permanente.
 
Esta manera de entender la economía solidaria, que en nuestro caso le damos forma de Asociación, es un proceso abierto a nuevas aportaciones, inspirada en el valor de la autogestión como modelo de organización y de construcción permanente del desarrollo local en beneficio de toda la población.  
 
Noticia relacionada:

Madrid: Primer ciclo de encuentros el Campo y la Ciudad, organizado por Ecologistas en Acción.

                                                                                                             

09 de Abr 2013
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Nuria del Río Paracolls

 
De niña, acompañaba a mi madre, presidenta del Ampa de mi colegio, a la Escuela de Verano que se celebraba cada año en el campus de la Autónoma en Cantoblanco (Madrid). Como a mí no me estaba permitido entrar en los talleres de “Renovación pedagógica”, me entretenía enredando en los puestos donde se vendían todo tipo de materiales de innovación, publicaciones, juguetes educativos, experimentos, marionetas. Al principio miraba, luego preguntaba y al final me ofrecía, entusiasta, a ayudar. Una secuencia tan sencilla, pero mil veces repetida por mí y por todos y todas los que se acercan, incluso ahora, a algo que realmente despierta su interés.
 
Es lo que tiene el contacto directo con el público, no hay mejor manera de abrirse a las dudas, de aprender de ellas, de que la gente aprenda de la honestidad de quien ofrece su propuesta a “tenderete descubierto”. 
 
Eso es lo que pude comprobar de nuevo en 1998 en L’ille, durante la primera Feria internacional de Finanzas Solidarias. Para las pocas personas que llegamos desde la península, fue un festín de descubrimientos, un universo entero de iniciativas que ya funcionaban por todo el planeta desafiando lo que se dictaba desde las grandes facultades de economía. Allí reunidos y al alcance de la mano. En uno de los talleres descubrí a Pat Conaty, (del Ashton Reinvestment Trust y de la New Economics Fundation) una de las mentes más preclaras de las finanzas aplicadas al desarrollo comunitario, y a Francesco Bicciato, uno de los 8 magníficos que fue recorriendo Italia en la etapa en que la Cooperativa Banca Popolare Ética, aun solo era, “Assoziacione verso la Banca Ética”, para conectar a todas las gentes interesadas en constituir la futura cooperativa financiera.
 
Es lo que tiene el formato Feria, frente a otros formatos, que se reúnen en un solo espacio y tiempo, todos y todas los que son y están, promoviendo la transformación social a través de lo económico. 
 
La primera vez que entré en Biocultura, en el recinto Ferial de la Casa de Campo de Madrid, solo ocupaba el pabellón de la Pipa, uno de los más pequeños. A mí sin embargo, me pareció como entrar en el museo de la ciencia, había productos agrícolas sanísimos, inventos de salud para depurar aguas, todo tipo de propuestas rurales y futuristas al mismo tiempo, y una gente genial, llena de vida y de entusiasmo por reunirse y mostrar otra forma de vivir y consumir. Lo que se podía comer, estaba riquísimo, lo que solo se podía mirar –por caro- era bellísimo y lo que aun me costaba entender –por pionero- era interesantísimo. 
 
Normalmente, tanto los expositores como los visitantes, se interesan por la innovación. Unas y otros, buscan estar “a la ultima”, conocer el “no va más”. En Economía Solidaria, en Finanzas Alternativas, en Consumo Responsable, en Mercado Social, no importa solo la innovación, importa sobre todo la integración. Cómo se tienen en cuenta todos los criterios, para poner límites al crecimiento exponencial y a la innovación que no mide sus consecuencias.
 
A lo largo de toda una vida, ahora que hago recuento, he tenido la suerte de acudir a muchas ferias. Y de ellas he sacado muchas cosas: he disfrutado, me he sentido parte de algo más grande que yo como proveedora, y he visto como 10 puestos se convertían en 100 y luego en el doble. Lo importante no es el número, es la consolidación, es el sentimiento de REALIDAD que se genera en los ojos de quien acude. La certeza de que como dicen en las redes de Economía Solidaria brasileña: "uma outra economia acontece".
 
A finales de Octubre de 2012, en Barcelona, promovida por la Xarxa de Economia Solidaria, se celebró la Fira de Economía Solidaria (http://www.firaesc.org/). Esta vez, como aquel verano, no llegué con una misión concreta. Fui por acompañar a mis amigos organizadores, por engrosar las cifras de tránsito del evento, por apoyar, por disfrutar, curiosear… La antigua fábrica parecía haber sido construida, tal vez dos siglos antes, con su estilo industrialista, para acoger en su segunda vida útil, aquella concentración de lo mejor de la Economía Social y Solidaria catalana.  Estaban todos y todas, juntos, revueltos, pero en filas ordenadas, mezclados los que tienen cifras de negocio gigantes, con las iniciativas humildes, que sobreviven como pueden, los que tienen más de 30 años de historia, con los que llegaron el año pasado… Todo en el ambiente gritaba “lo hicimos”, “tots y totes plegats ho hem fet”(1) Y solo por haber tenido el empuje de viajar hasta allá para contemplarlo, sentí que pertenecía.

El 1 y 2 de Junio, se celebrará La Feria (primera Feria de Economía Solidaria de Madrid) promovida por REAS y el MES de Madrid. Un puñado creciente de soñadoras y cabezotas, que va contagiando todo lo que toca, le está poniendo suelo y estructura al sueño. El fin de semana siguiente, se celebrará en Zaragoza la IV Feria promovida por REAS y Mercado Social de Aragón. Los maños, como todo el mundo sabe, primero actúan y luego presumen. Así aprenden más rápido que nadie e iluminan al resto, como un Faro “al estilo adoquín”. Y más adelante, en otoño, llegará la segunda edición en Cataluña. Y así sucesivamente.
 
Esto es solo el principio, pues el tiempo ha llegado en que consumidores y consumidoras cuyo lema podríamos resumir en “transfórmalo con mi dinero”, empiecen a participar cada vez más en este tipo de iniciativas y devengan en “transformemos esto en común, con nuestro dinero y nuestra experiencia”. También ha llegado la hora de que quienes proveen de bienes y servicios, lo hagan de forma organizada en torno a criterios y valores de Economía Solidaria, de Sostenibilidad social y ambiental, de autogestión, de participación y de alegría compartida por cada pequeño logro. 
 
¿Qué mejor lugar para darse cita y empezar a conocer, a enredarse, a degustar, a celebrarse, que una Feria de Economía Solidaria, con un Mercado Social como expresión práctica y concreta? Ojala reencuentre en cada una, ese ambiente de “actividad apetecible” que cuando niña veía en los ojos de mi madre al dirigirse a la Escuela de Verano. La Feria de 2013 es el “laboratorio de participación ciudadana” para el 2020 y mas allá.
 
Si no puedes esperar a Junio y quieres sorprenderte con todo lo que ya está funcionando, mantente informado/a: www.konsumoresponsable.coop, www.economiasolidaria.org
 
02 de Abr 2013
idearia

Peru Sasia

En el ámbito de la Economía Solidaria estamos viviendo en estos últimos tiempos el desarrollo de propuestas de alternativa económica de gran calado. Junto a los espacios económicos que han venido construyendo históricamente la Economía Solidaria, se han incorporado en los últimos años circuitos nuevos que incluyen productos y servicios que forman parte del mismo corazón del entramado económico capitalista: seguros, energía, intermediación financiera… incluso estamos asistiendo a la configuración de un sólido espacio de intercambio para todo el conjunto, un Mercado Social. Son circuitos que se desarrollan con la vocación de consolidar propuestas de alternativa de amplio recorrido, y que vienen a complementar ese rico entramado que ha venido construyéndose desde la Economía Solidaria. Entre estos nuevos circuitos nos fijaremos hoy en el ámbito de la intermediación financiera, compartiendo una reflexión sobre la relación entre las propuestas de intermediación financiera alternativa que se desarrollan en el ámbito de la Economía Solidaria y el propio espacio de alternativa que constituye todo el conjunto.¿Qué traen, y qué reciben, las propuestas de intermediación financiera alternativa a la Economía Solidaria?

Responder a esta pregunta supone interrogarse por aspectos tan importantes en la configuración de un proyecto como la estructura de propiedad, las dinámicas de desarrollo, la relación con el entorno o el tratamiento del capital. En la práctica, la pertenencia al espacio de la Economía Solidaria plantea a los proyectos de intermediación financiera alternativa una vinculación con ese espacio que se despliega en diferentes dimensiones. En primer lugar, una dimensión de pertenencia ideológica, que implica compartir con el conjunto los principios de la Economía Solidaria. Esta pertenencia define de manera muy nítida los contornos de la intermediación financiera alternativa, y su aplicación se concreta en aspectos tan importantes como la participación, la transparencia, el lugar del personal contratado en el proyecto, la cooperación, la vinculación con lo local, la perspectiva de género, la sostenibilidad medioambiental o el tratamiento del capital y de los excedentes de la actividad.

 

De entre todos estos elementos, me parece importante resaltar, dadas las características específicas de la intermediación financiera, la importancia de la participación y del tratamiento del capital. No podemos olvidar que estos proyectos, especialmente los que se desarrollan con la vocación de implantarse a escala estatal como Coop57 o Fiare, van consolidando estructuras con bases sociales amplias y volúmenes de actividad económica sensiblemente superiores a los de la mayoría de las organizaciones de la Economía Solidaria. Por eso, la consolidación de una red densa de capital social en la que se articulan canales estables y permanentes que permitan la participación resulta imprescindible. Para estas realidades, la participación es mucho más que un medio. Es un fin en sí mismo, una característica inseparable del conjunto de elementos de alternativa que las configuran. Sin la participación, las finanzas alternativas pierden uno de sus pilares básicos y se debilita todo el conjunto. Sin la participación, resulta impensable entender las realidades locales y dialogar con ellas. Sin una base social comprometida, motivada y dinámica, que se siente protagonista del proyecto, es muy difícil fomentar el trabajo en red con otras organizaciones aliadas, promoviendo la acción colectiva y el intercambio de saberes y recursos a diferentes niveles. Sin la participación, esta relación entre organizaciones pierde su potencial transformador, quedando en el mejor de los casos reducido a meros acuerdos comerciales. Sin la participación, en definitiva, se debilita el “rostro social” del proyecto, que pierde su dimensión política y buena parte de su legitimidad, quedando reducido a un espacio que no convoca a construir colectivamente la alternativa, sino a consumir un producto construido y ofrecido por terceros.

Respecto al tratamiento del capital, la condición esencialmente no lucrativa de los proyectos de intermediación financiera alternativa que pertenecen al espacio de la Economía Solidaria se refleja en una dinámica de apropiación del proyecto que convoca en su estructura a personas y organizaciones interesadas en construir una alternativa por encima del retorno económico que su condición de personas clientes o socias pueda ofrecerles. Los proyectos de intermediación financiera alternativa no pueden estar de ninguna manera sometidos al yugo de la superrentabilidad, ni sus estrategias condicionadas por la exigencia de retribución, por la vía de dividendos, a aquellos accionistas que han decidido invertir en el proyecto a la búsqueda de este retorno económico. Lo que vincula a la base social es radicalmente distinta. Se nutre de una aspiración de transformación social, en un marco radicalmente contracultural que es necesario (de nuevo) construir colectivamente.  Los principios de la Economía Solidaria lo reflejan con mucha claridad: la reinversión y la redistribución de los excedentes, el valor del impacto social, la solidaridad con terceros, la ausencia de posiciones dominantes, el reconocimiento efectivo del derecho al crédito para determinados proyectos y colectivos… son todos ellos elementos que configuran una manera concreta de construir estos proyectos y que vinculan a las organizaciones de la Economía Solidaria y a las personas comprometidas con este espacio en una nueva dimensión, que añade a la pertenencia ideológica la vinculación real (y militante) en la construcción de las finanzas éticas.

 

 
Una tercera dimensión que relaciona las finanzas éticas con la Economía Solidaria viene constituida por la posibilidad de reforzar mediante el crédito el desarrollo de este espacio. La Economía Solidaria puede disponer, de esta manera, de un nuevo elemento que favorezca su autonomía y capacidad de desarrollo, sin depender de herramientas financieras capitalistas, cuyas prioridades fragilizan permanentemente sus posibilidades de consolidación. Ante esta dimensión de la relación entre las organizaciones de la Economía Solidaria y los proyectos de intermediación financiera alternativa, los retos que se plantean son evidentes: por un lado, consolidar de forma prioritaria una manera de evaluar las solicitudes de financiación que conozcan las especificidades de esas organizaciones. Por otro, la creación de circuitos de intermediación adaptados a las diferentes realidades, vinculando ahorro e inversión orientada al apoyo financiero a estos proyectos. Desde esta perspectiva se ve con claridad la necesidad de entender la intermediación financiera alternativa en el espacio de la Economía Solidaria como un Sistema complejo de herramientas financieras, que reúnan desde circuitos de proximidad hasta entidades bancarias, pasando por diferentes niveles de implantación y especialización. Y es desde esta perspectiva desde la que se entiende asimismo el valor de articular un marco sólido de relación entre las diferentes organizaciones que pertenecemos a este espacio, al que podamos llamar el Sistema de Finanzas de la Economía Solidaria. Este es nuestro reto colectivo en estos momentos.

19 de Mar 2013
idearia

Durante el fin de semana del 26 al 28 de abril tendrá lugar en Córdoba la 11ª edición de IDEARIA, un encuentro bianual para el intercambio, desarrollo y formación sobre economía solidaria,  organizado por IDEAS (Iniciativas de Economía Alternativa y Solidaria) y REAS (Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria).
 
Si buscamos en el diccionario el significado de “idear” nos encontraremos varias acepciones:

  • Formar en la mente una idea, especialmente si es útil para resolver un problema o como punto de partida para un proyecto o plan.
  • Formar el propósito de hacer algo.
  • Trazar, inventar.

Hay pocas definiciones tan acertadas para lo que pusieron en práctica los pioneros y pioneras que en el año 1993 decidieron que ya era hora de exponer, intercambiar conocimientos y potenciar las experiencias de economía solidaria que despuntaban a lo largo y ancho del Estado en el primer encuentro que se realizó en Córdoba. Como hoy, en aquel 1993 arreciaba la crisis económica y política. Exactamente igual que hoy, la creatividad, la audacia y la capacidad de emprendimiento aparecían como soluciones para la crisis y puntos de partida para configurar otro mundo posible.

En el segundo encuentro, en el año 1995, se constituyó formalmente REAS, y en 1997 se funda IDEAS, aunque su actividad impulsando el Comercio Justo se remonta a 1992 a través de las Tiendas de la Solidaridad. En diciembre de 2000 se modificaron los estatutos de REAS para convertirla en una red de redes. Desde entonces agrupa tanto a redes territoriales como sectoriales, aglutinando a sectores tan diversos como el reciclaje y la recuperación; empresas de inserción; empresas de mensajería; banca ética; agricultura y ganadería ecológica; Comercio Justo; empresas de jardinería; empresas de asesoramiento y formación a personas emprendedoras y de inserción socio-ocupacional; centros de promoción del empleo de jóvenes en situación de riesgo de exclusión; educación ambiental; entidades de trueque e intercambios de servicios sin dinero entre personas con bajos recursos económicos; cooperativas de consumo y de distribución de productos ecológicos; librerías, revistas y distribuidoras de publicaciones relacionadas con la economía alternativa y solidaria; catering, hostelería y alojamientos rurales; empresas de comunicación social; servicios de ayuda a domicilio; servicios de animación sociocultural; empresas de limpieza y mantenimiento; empresas textiles; empresas de energías alternativas… Así, hasta un largo etcétera de servicios que ofrecen más de 200 entidades en todo el Estado, y más de 3.000 trabajadoras y trabajadores que abogan a favor de la transformación social a través de lo económico.

Las prácticas de economía solidaria se caracterizan por productos, servicios y acciones que contribuyen a mejorar la calidad de vida de nuestro entorno; una gestión independiente de los poderes públicos y privados; el desarrollo de relaciones comerciales justas; personas trabajadoras asociadas a las decisiones que conciernen a su trabajo o al futuro de sus organizaciones, y el apoyo a iniciativas solidarias emprendidas en el seno de grupos o regiones desfavorecidas.

Los valores que impregnan estas prácticas se ubican en el polo opuesto de la degradación política, moral y económica que nos asola, y emergen como un elemento indispensable para la regeneración democrática de nuestras instituciones. A lo largo de veinte años, IDEARIA se ha ganado por derecho propio ser el punto de referencia, la convergencia de todo lo que signifique cambio, osadía, energía e imaginación. Nuestra capacidad de compartir estas experiencias, introducirlas en la sociedad e implicar a nuestro entorno determinará el éxito de la economía solidaria en general, y la proyección de IDEARIA como evento itinerante en distintas capitales del Estado en particular. Ojalá seamos capaces de ello.

Este año es especialmente importante reunir en Córdoba, como en las primeras ediciones, a  todas aquellas personas y entidades preocupadas por el entorno social, que apuestan por un modelo económico centrado en las personas. Han pasado más de veinte años desde el primer encuentro y hoy la economía solidaria es una alternativa real. Durante el fin de semana del 26 al 28 de abril se profundizará de manera participativa y en un ambiente festivo en las sinergias de diferentes proyectos —como el Comercio Justo, la soberanía alimentaria, el mercado social y las finanzas éticas— aprendiendo a construir modelos basados en la equidad, la igualdad y la participación.

Os animamos que os inscribáis al encuentro en este ENLACE ¡Os esperamos!
Programa del encuentro.
               

                                          Roberto Ballesteros
                                                      Presidente de IDEAS

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Idearia

Un blog colectivo impulsado por la Red de redes de Economía Alternativa y Solidaria (REAS) sobre distintas realidades económicas que de forma práctica nos demuestran la capacidad de las comunidades de establecer relaciones económicas basadas en la democracia, la justicia social y el respeto al medio ambiente. Un espacio para la reflexión y la divulgación que está coordinado por Iñigo Bandrés y Fernando Sabín de REAS Madrid y en el que participan de forma estable Jordi García y Jordi Estivil la Xes de Catalunya, Peru Sasia y Clara Soler del Proyecto Fiare, Soraya González Guerrero de Diagonal, Alvaro Porro del Cric, Conchi Piñeiro de la cooperativa Altekio,  la cooperativa Ideas, Marga Padilla de la cooperativa Dabne, Enrique del Río y Nuria del Río de Proempleo, Xabi Teis de Coop57 y la Coordinadora Estatal de Comercio Justo.

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