Memoria Histórica / Recuerdos de los inicios de Comisiones Obreras
Bayón, mi abuelo comunista

Recuerdo postumo de uno de los primeros fundadores de Comisiones Obreras, tras la huelga en el pozo minero La Camocha en 1957.

10/09/09 · 17:42
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Ya sé que este texto llega un poco tarde. Ahora tocaba hablar de si subirán los impuestos, de la situación en Afganistán, o incluso de la vuelta al cole. Pero no puedo dejar de intentar saltarme las convenciones de la “actualidad” y defender mis propios ritmos. Para mí, este tema estará de actualidad mucho tiempo todavía, quizá para siempre. Y es que hace poco más de un mes murió mi abuelo más abuelo y me quedó como herencia algo que me gustaría compartir con más gente: su ejemplo.

Poco después de la muerte de Casimiro Bayón González, el pasado 20 de julio de 2009, empecé a leer y escuchar recordatorios, obituarios, discursos de despedida… algunos, publicados en la prensa normal, en la digital o en blogs. Todos los textos que yo leí destacaban su condición de minero asturiano, sus grandes logros en la lucha contra la dictadura franquista y su participación en acciones sindicales históricas. Todos escritos, además, desde el cariño, desde luego que sí.

Pero echo de menos algo más, alguna referencia profunda a sus últimos años, que son los que yo conocí. Para mí la grandeza de Bayón no está en lo que hizo en los años cincuenta y sesenta, sino en que además de eso no dejó nunca de crecer, de evolucionar y de enfrentarse a nuevas dificultades.

Aunque fuese asturiano en su esencia más profunda, con todo lo que ha trabajado Bayón por el pueblo donde vivió sus últimos años, se ha ganado con creces el título de campellero, alicantino y valenciano.

Muchos miércoles durante muchos años se pudo ver a Bayón vendiendo lotería “del partido” en el mercadillo de Campello. Con esa clase de trabajos se mantuvo Esquerra Unida de El Campello en el privilegiado puesto de ser de las pocas secciones locales con superávit económico de toda la Comunitat Valenciana. No faltó Bayón en las iniciativas para proteger el entorno natural del pueblo o para alejar las gasolineras de los colegios. Y no todas salieron adelante, claro, porque con Bayón solo no basta. Pero lo valioso es no rendirse y no se rindió. Ni siquiera cuando aquel oscuro episodio con tránsfuga incluido en Esquerra Unida de El Campello. No sé si llegó a dejar de pagar las cuotas una temporada y todo, pero siguió yendo a los plenos del ayuntamiento a defender lo que para él (y para muchas otras personas) era correcto. Tampoco en el ámbito sindicalista tiró la toalla: nunca domicilió sus recibos ni usó los cajeros automáticos para no quitar puestos de trabajo en la banca. Esa constancia vale más que unas siglas.

He oído decir a algunas personas que cambiaron la imagen que tenían de los comunistas al conocer a Bayón. Y no me extraña nada. Así, superficialmente, desde fuera, yo diría que uno de los puntos menos trabajados del partido comunista es el cuidado, el ámbito más personal (por cierto, esta idea que yo veo desde fuera, no es sólo mía, la comparto con gente más implicada que yo). Pues Bayón supo cultivar esa parte como pocos hombres que yo haya conocido. Consiguió vivir su día a día con tolerancia, respeto a la dignidad humana, amor por la diversidad, solidaridad, generosidad, atención, alegría y ternura. Cuando yo lo conocí cocinaba y cuidaba niños/as igual que lo hubiese hecho “una buena mujer”. Cuidándome a mí fue como acabó convirtiéndome en su nieta, porque nuestro parentesco nunca ha sido biológico.

Siento, sin embargo, que desde las organizaciones a las que él perteneció no se han valorado mucho todos estos aspectos suyos. Y a mí me parecen políticamente importantes. Bajo mi punto de vista, hoy en día son tan importantes como lo fue en su momento la huelga de La Camocha. Me atrevería a decir, incluso, que Bayón era consciente de la importancia de los pequeños detalles. Me atrevería a decir que detrás de su modestia había algo que tiene que ver con esto. Porque yo creo que él sabía que las hazañas de los grandes héroes no tienen mucho sentido sin los granitos de arena de la gente corriente; y que la mitificación de unos pocos elegidos, más que alentarnos a la acción, muchas veces nos desanima, porque nos sentimos inferiores en la inevitable comparación.

Bayón siempre confió en la juventud, supo comprender los nuevos tiempos con sus nuevas dificultades y mirar hacia el futuro. Por eso no me canso de insistir: tanto valor como lo que hizo en La Camocha tiene el hecho de esforzarse en seguir contándolo, en primera persona, como ejemplo vivo y activo, en esas charlas escolares que daba con su amigo Quico.

Me quedaría una deuda pendiente con él si no mencionase en este texto a la persona más importante de su vida. Ana, compañera inseparable, inmune al cansancio, también tuvo su parte en la evolución y el crecimiento de Bayón, y en su felicidad. Pero eso ya es entrar en otra historia, la historia de Ana.
Así que me despido aquí, anunciando que me quedo con el presente vivo de Bayón, pero, como decía al principio, estoy encantada de compartirlo con quien quiera porque es tan mío como de cualquiera que sepa verlo.

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