CONFLICTOS ARMADOS // LAS AGRESIONES SE EXTIENDEN ENTRE LA POBLACIÓN CIVIL Y CRECE EL PORCENTAJE DE VARONES VÍ
Aumenta la violencia sexual en conflictos

Diversas organizaciones
de mujeres denuncian que
la violencia sexual, delito
de lesa humanidad, sigue
siendo moneda corriente
en los conflictos en un
ambiente de impunidad.

- Las restricciones de la justicia internacional

- La verdad como único camino para la reparación

06/05/10 · 0:00

“Les aseguro que estamos viviendo
un verdadero drama, el número de
víctimas de crímenes sexuales que
recibimos es muy alto. En estos momentos
tengo 15 pacientes que me
esperan en consulta. Llegan de todos
los rincones”, explica Célile Mulolo,
psicóloga en el hospital Panzi de
República Democrática de Congo
(RDC) a una periodista de la productora
Lolamora. A Panzi acuden mujeres
no sólo desde Congo, sino desde
otros países de la región africana
de los Grandes Lagos, como Burundi
o Ruanda, a buscar paliativos a los
estragos de la violencia sexual: úteros
destrozados, fístulas, sida…

La campaña Desafiando el silencio
contra la violencia sexual promovida
por Lolamora une a mujeres
periodistas de Europa, África y
Latinoamérica. Como declaración
de principios, Tatiana Miralles, una
de las periodistas promotoras, describe
la violencia sexual contra las
mujeres como “un continuum en la
historia” pero subraya que “la movilización
de las mujeres contra esa
violencia también lo es”. A lo largo
de los cuatro programas de radio
que se recogen en el DVD que han
distribuido en medios de comunicación
de todo el mundo (disponibles
en la página lolamora.net) se
recogen testimonios de mujeres de
Congo, Ruanda y Angola: mujeres
agredidas, pero también mujeres
activistas que se han unido para hablar
y exigir “verdad, justicia y reparación”.

El primer aterrizaje de esta campaña
para documentar los crímenes
sexuales –reconocidos como de
lesa humanidad por el Estatuto de
Roma– fue en RDC, lugar en el que
la virulencia genocida alcanzó dimensiones
salvajes. “Entre 1996 y
2003, sólo en la región Kivu, ha habido
unas 40.000 mujeres violadas.
Hablamos de violaciones en grupo,
de introducción en la vagina de
instrumentos, destrozando a las
mujeres”, apunta Miralles. Allí recogieron
testimonios como el de
Marie, violada por hombres armados
ruandeses que mataron a sus
dos hijos ante sus ojos: “Allá éramos
comparables a los animales,
nos pegaban sin piedad. No sé
quién es el padre pero ahora estoy
embarazada de seis meses. Ellos
nos violaban tres veces por día”.

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CRIMEN DE LESA HUMANIDAD. El reconocimiento del Estatuto de Roma es un logro de la lucha de las mujeres por visibilizar la estrategia sistemática que supone la violencia sexual. Venus Veldhoen /MSF

Leire Otaegi, también integrante
de la campaña, aclara los objetivos
de este tipo de agresiones: “La violencia
sexual ha sido una estrategia
para acabar con las mujeres y, a
través de las mujeres, con la economía
de la comunidad, porque son
ellas quienes van a cultivar, a por
agua, etcétera.”. Su compañera
Blanca Diego incide en la inoperancia
de la justicia: “Se han hecho intentos
con tribunales militares pero
están siendo juicios exprés para
quitarse de encima el asunto. Hay
mucha impunidad”. La generalización
de la violencia, su extensión a
civiles, en el caso de los perpetradores,
y a hombres, en el lado de
las víctimas, se relaciona en diversos
informes de organizaciones de
Derechos Humanos con la impunidad.
El propio secretario de la ONU
reconocía en su primer informe sobre
violencia sexual, presentado en
julio de 2009: “Nadie ha respondido
aún por la mayoría de los abusos
cometidos en el pasado”.

Godelive Mukasari, de la organización
ruandesa de mujeres SEVOTA,
insiste en la necesidad de
“acompañamiento, justicia y reparación”.
“Hay mujeres a las que se
les han mutilado sus órganos genitales
externos y hoy sufren y viven
con dificultad. Debería haber reparación
e indemnización para esas
situaciones”, insiste. En Ruanda
durante el genocidio de 1994, unas
250.000 mujeres fueron víctimas de
violación, esclavitud sexual, embarazo
forzado y mutilaciones genitales.
Perdieron sus familias y sus tierras.
Aunque se creó un Tribunal
Penal Internacional ad hoc en 1994,
las mujeres se sintieron incómodas
al carecer de acompañamiento y
tratamiento adecuado.

Domitille Bukanagwanza, secretaria
nacional de los tribunales populares
de justicia tradicional Gacaca,
destaca el carácter genocida
de las agresiones, para evitar la reproducción:
“Es así como introducían
árboles, incluso botellas, todo
lo que ustedes se puedan imaginar,
en el útero de las mujeres”. Y tras
este dolor, llegó el silencio al que
las víctimas se ven sometidas. En
palabras de la escritora ruandesa
Ester Mujawayo: “En cuanto comenzábamos
a contar lo que habíamos
vivido, nos cortaban y nos decían:
‘¡Uy! ¡Calla, calla, es horrible!”.

Según Otaegi, las mujeres
que quieren hablar “rompen el discurso
oficial del ‘ya pasó’ porque
sus cuerpos y sus mentes, el sida y
los hijos productos de las violaciones
dan cuenta de ello”.
Susana Mendez, editora del periódico
Angolese y miembro de la
campaña, señala que la lucha actual
de las mujeres angoleñas se
centra en la violencia doméstica.
“De la cuestión de la guerra no se
habla mucho. Por una especie de
consenso mental se piensa que es
mejor no discutir”, aclara. Para esta
activista, “la comunidad internacional
está en silencio porque
somos un país rico, que tiene petróleo,
diamantes...”. Ella y sus compañeras,
por contra, siguen desafiando
el silencio.

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CRIMEN DE LESA HUMANIDAD. El reconocimiento del Estatuto de Roma es un logro de la lucha de las mujeres por visibilizar la estrategia sistemática que supone la violencia sexual. Venus Veldhoen /MSF
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