Iñigo Errejón
Investigador en Ciencia Política en la Complutense y miembro de la Fundación CEPS
“La idea de nación no debería jugar siempre en nuestra contra”

Hablamos con el nuevo y joven rostro del pensamiento crítico español sobre las posibilidades de cambio rupturista en el Estado Español. Doctor e investigador en Ciencia Política en la Complutense, Íñigo Errejón (1983) es miembro de de la Fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales, con la cual trabaja en Latinoamérica colaborando con los nuevos gobiernos de la izquierda rupturista. Como colaborador del programa La Tuerka, de Canal33, se está convirtiendo en un referente del pensamiento crítico de izquierdas en el Estado. Diagonal Asturies aprovechó su visita al aniversario del CSOA La Madreña (Uviéu) para hablar con él.

, Redacción Asturies
04/06/13 · 20:51
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Acabas de volver de Venezuela y has vivido los procesos bolivarianos de cerca. ¿Qué debemos aprender de Latinoamérica?

El escenario en Europa está tornándose similar al de Latinoamérica en los 90 y debemos fijarnos urgentemente en dos puntos clave de estos procesos rupturistas. En primer lugar, han reubicado el poder político, la capacidad de la gente de hacer cosas. Por otro lado, buscan específicamente un discurso de mayorías. Han entendido que es fundamental articular una mayoría popular destituyente, mejorar la vida colectiva ejerciendo poder político.

¿Cómo ves estos procesos, tanto en Venezuela como en el resto de Latinoamérica, en un hipotético escenario sin Hugo Chávez?

Del futuro del proceso venezolano, depende el futuro del resto de Latinoamérica. En esa posibilidad ya se está pensando en toda la región y soy optimista siempre que se superen dos retos en Venezuela: Construir Chavismo sin Chávez, como la identidad política mayoritaria del país, y con mayor capacidad de fijar la agenda. Por ejemplo, la derecha en Venezuela, para tener unas mínimas aspiraciones electorales, ha tenido que desplazarse sustancialmente hacia la izquierda. Pero también será necesario aumentar la eficiencia de las políticas públicas, la institucionalización y sedimentación de las nuevas relaciones de poder, para que los anhelos populares expresados, además de ser aprobados, sigan transformando la vida cotidiana de la gente.

Evo Morales dijo: “del activismo hay que pasar al electoralismo”. ¿Lograra la izquierda militante y luchadora vencer el tabú?

No sé si el electoralismo, pero o se da el paso a disputar el poder político realmente existente en los estados o se afronta una situación de escasa capacidad ante la ofensiva de los de arriba. La situación actual es de cambio oligárquico, a la ofensiva, del modelo de estado que salió de la Constitución del 78. Se están demoliendo aquellas instituciones, ciertamente subalternas, pero donde tenía cabida la clase trabajadora y la izquierda del régimen y que generaba confianza y estabilidad en el Estado. En semejante escenario, el tiempo es oro. La izquierda corre peligro de perder gran parte de sus espacios de representación. Se pasaría una larga temporada de empobrecimiento y destrucción de lo social, como ocurrió durante 25 años en Latinoamérica. Es una urgencia no permitir que esta sociedad sea destruida y creo que esos tabúes se están resquebrajando, como han demostrado las Candidaturas de Unitat Popular (CUP) en Catalunya.

¿Es posible un nuevo proceso constituyente en el Estado?

En la correlación de fuerzas actual el resultado sería peor que en 1978, aunque simplemente abrir este debate podría romper esta correlación, de hecho lo requiere. Los sectores menos ideologizados no conciben una revolución, pero sí se percibe que no basta con la alternancia. Permitiría redefinir colectivamente las reglas del juego y reivindicar los derechos sociales y civiles básicos, hoy en día quebrados. La segunda gran cuestión es la definición territorial nacional en el Estado español: las izquierdas independentistas deberían entender que por sí solas no van a hacer saltar el candado de la Constitución del 78, es necesario aunar esfuerzos. El enfrentamiento con la derecha española les produce réditos a corto plazo pero a cambio la fortalecen cada vez más. Deberían entender que es necesario un pacto destituyente y constituyente y que en ese debate deben entenderse con izquierdas estatales, más débiles y con marcos nacionales más complejos. Pero también habría que redefinir el marco nacional, reconociendo a cada pueblo el derecho a constituir las instituciones que crean necesarias.

La austeridad nunca será suficiente porque está diseñada para el saqueo: No queda otra que el impago de la deuda

¿Sobre qué bases asentarías ese nuevo modelo de Estado?

Corremos el riesgo desde la izquierda de llenar de excesivo contenido un proceso constituyente: a mayor carga de contenidos, menor capacidad de seducción tendrá con sectores muy amplios. La idea aglutinadora para las clases populares debiera ser la actual destrucción oligárquica del anterior pacto social, siguiendo los designios de capitales extranjeros que pretenden el subdesarrollo de España. En un segundo paso y de manera más personal, creo que debe ser una constitución radicalmente democrática, que la democracia no se agote en la participación electoral. Debe asegurar todos los derechos sociales como la renta básica, vivienda, educación, sanidad, agua, energía, deporte, cultura, además debe recuperar las riquezas nacionales y ponerlas al servicio de las necesidades colectivas.

Actores políticos de este proceso: ¿ya existen o hay que crearlos?

Aún no existen y menos en términos electorales. La dinámica de movilización política contra la crisis abierta por el 15M y después hibridada en múltiples experiencias ha incorporado a mucha gente a la movilización, a otra la ha activado, a otra la hizo aprender… pero no está todo el mundo que debería estar, es necesaria una voluntad popular bastante más amplia para un cambio político. Hace falta que grandes sectores de las capas subalternas dejen de confiar en los grandes partidos e instituciones del régimen. Esta confianza se debe en gran medida al panorama mediático español, que podría denominarse como “mercenarios del optimismo” donde no se refleja el drama real de la calle.

Hemos de unificar todos los dolores de los sectores populares que están sufriendo y convertirlos en voluntad mayoritaria para el cambio político.

¿Es posible una acción de impago de la deuda dentro del seno de la UE?

Esta posibilidad es muy dura, pero no hay otra. La UE y la casta dirigente española quieren, como se dice coloquialmente, un país de camareros, putas y policías. La austeridad nunca será suficiente porque está diseñada para el saqueo, así que es posible que no haya otro camino que no pagar la deuda. La amenaza de no pagar con Syriza provocó pánico, pero lo haría aún más con el Estado español, ya que es difícil imaginarse un euro sin España. Esto es una baza muy importante, pero necesita de un gobierno decidido a plantarse y cuyo mandato sea el de la soberanía popular. Con esto, se puede renegociar y auditar la deuda, para sacar la que es ilegítima. Después, hay que plantearse un marco geopolítico de la Europa mediterránea y de nuevas relaciones con América latina, ya que MERCOSUR es ya la quinta economía del mundo.

¿Hay una falta de identidad nacional en las izquierdas del Estado?

Es un problema central. Aunque hay cierto hueco para el republicanismo, si se asemeja a la II República española tendrá grandes problemas para ser hegemónico y crear una identidad popular. Mucha gente asocia la II República a la guerra civil. Es una derrota para la izquierda, una desgracia, pero el mito de la reconciliación entre hermanos tras la Transición está instalado en el imaginario popular. Ante ello, con problemas no resueltos de su proyecto de país, las izquierdas españolas miraron a Europa como motor de modernización. Buscaban superar la hegemonización de la idea de España por los sectores reaccionarios, que además habían hecho coincidir los intereses nacionales con los de la oligarquía. Que esta casta pueda presentarse como patriota cuando le está entregando el país a pedazos a intereses extranjeros para dejar sin casas a familias españolas solo se explica porque no hay un discurso que pueda contraponerse.
Donde ha convergido la idea de nación con las aspiraciones de las clases populares, las izquierdas rupturistas han conseguido prometedores resultados
Pero el ciclo de bienestar económico que procedía de Europa se ha cerrado y lo que viene de la UE es subdesarrollo, que nos conduce a Grecia y a América Latina, a Buenos Aires 2001. No queríamos abordar el problema nacional y lo puenteábamos con “lo local y lo global” sin dar importancia a lo nacional y estatal, como si no la tuviera... Especialmente en situaciones de crisis y fragmentación cuando los de abajo construyen un discurso hegemónico y mayorías por medio de la identificación popular, la resignificación de la idea de patria y el hacerla coincidir con los intereses de los más desfavorecidos. Esto no significa ser nacionalista, significa tener un referente nacional, que tenía incluso el anarquismo en la guerra civil. Hay que intentar que la nación no juegue en tu contra, que no pertenezca siempre al enemigo, postulando exitosamente la coincidencia de los intereses de las elites con los generales. De hecho, donde ha convergido la idea de nación con las aspiraciones de las clases populares, las izquierdas rupturistas han conseguido prometedores resultados electorales (Galicia, Euskadi, Catalunya). Hemos de unificar todos los dolores de los sectores populares que están sufriendo y convertirlos en voluntad mayoritaria para el cambio político.

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