Miguel Ángel Presno Linera ha sido activista del 15M-Siero y es profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Oviedo. Acaba de publicar su libro "El 15-M y la promesa de la política" y una iniciativa en la que ha estado involucrado, la petición de reforma constitucional para facilitar la realización de Iniciativas Legislativas Populares y el desarrollo de referendos vinculantes, acaba de ser aprobada por la Xunta Xeneral del Principáu d'Asturies, que la ha remitido al Congreso de los Diputados.
Es tópico aludir a la desafección ciudadana por la política invocando datos estadísticos: la situación política es considerada buena/muy buena por el 3,1% y mala/muy mala por el 76% (CIS, diciembre, 2012). Pero una cosa es rechazar una concreta forma de entender la política y otra el desprecio a la política en sí. Esta confusión, no inocente, soslaya que la vitalidad social se mide por el papel de la deliberación, la reflexión y el espíritu crítico en los asuntos públicos. Y si bien la política “de los políticos” está en declive, no ocurre lo mismo con las formas “no tradicionales” de participación (manifestaciones, exigencia de responsabilidades políticas, activismo electrónico...).
Si bien la política “de los políticos” está en declive, no ocurre lo mismo con las formas “no tradicionales” de participación
Es muy saludable que se estén venciendo las tesis reactivo-reaccionarias (Albert O. Hirschman): la de la perversidad, toda acción deliberada para mejorar algún rasgo político, social o económico sólo exacerbaría la condición que desea remediar; la de la futilidad, las tentativas de transformación social no lograrán “hacer mella”; y la del riesgo, el coste del cambio o reforma propuestos es demasiado alto porque pone en riesgo logros previos y valiosos. Frente a estas retóricas ha crecido una contrademocracia (Rosanvallon) articulada a partir de movimientos sociales: una democracia de expresión, que critica a los poderes públicos y expresa reivindicaciones; una democracia de implicación, donde los integrantes de los movimientos se relacionan entre sí, y una democracia de intervención, con actuaciones colectivas por un sistema más transparente y participativo o que controle a los actores económicos. En suma, si algo positivo ha tenido 2012 es demostrar la falacia de la ciudadanía pasiva.
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