Ciro Morales, condenado por la protesta Aturem el Parlament
"Mi nombre no se citó en 10 días de juicio en la Audiencia"

Entrevista a Ciro Morales, uno de los condenados a 3 años de prisión por la protesta Aturem el Parlament.

10/04/15 · 14:01
Manifestacion por el centro de Jerez / Aurore

Mas de mil personas se manifestaron por las calles de Jerez en apoyo a los condenados por la protesta de Aturem el el Parlament con dos lemas claros: 'Yo también estaba en el Partlament. Tres años por protestar' y 'Los desempleados de Jerez estábamos en el Partlament. Soy Ciro'.

Ciro Morales, natural de Jerez, emigró a Barcelona hace varios años y estuvo en el inicio del 15M de 2011. En aquellos meses, en el Parlamento Catalán CIU, junto a sus socios políticos, decidieron aprobar un paquete de recortes presupuestarios, una decisión que no estaba contemplada en su programa electoral. Miles de personas se dirigieron al Parlamento catalán en una protesta autorizada que se llamó Aturem el Parlament.

En principio la Audiencia Nacional había absuelto a las 20 personas acusadas por los hechos acaecidos el día de la protesta, pero el pasado 17 de marzo el Tribunal Supremo decidió anularlo y condenar a 8 personas con 3 años de prisión. Una sentencia que, a pesar de tener más de 90 folios, es de necesaria lectura no sólo para entender la importancia de los hechos que sucedieron el 15 de junio de 2011, sino también para intentar dilucidar como se puede juzgar una protesta con dos puntos de vista muy distantes entre la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo.

En la primera sentencia de la Audiencia se recoge el siguiente texto: “[...] notar que la protesta suponía la defensa de la Constitución y de sus contenidos básicos. No trataban de cambiar el marco de relaciones jurídico-políticas, sino plantear que se estaba operando un vaciamiento de los derechos fundamentales y hacer resistentes las garantías de los derechos”. En la segunda sentencia el Tribunal Supremo anota dos frases importantes pero contrarias a esta perspectiva: La historia europea ofrece elocuentes ejemplos en los que la destrucción del régimen democrático y la locura totalitaria se inició con un acto violento contra el órgano legislativo” y “el Parlamento es inviolable”.

Sin embargo, para la Audiencia Nacional "la protesta que ejercían moldeaba algo parecido a lo que, bien es cierto que en pocos momentos de la historia de las sociedades, se ha conocido como acción de revocatoria de mandatos, una forma de intervención democrática directa para el control de la representación”. Dos concepciones muy contradictorias que han dejado al activista Ciro Morales, junto con sus compañeras, a las puertas de entrar en prisión.

Para la Audiencia sois defensores de la Constitución pero el Tribunal Supremo señala que la historia europea ofrece ejemplos en los que la destrucción del régimen democrático y la locura totalitaria se inició con un acto violento contra el órgano legislativo.

Sí, nos compara un poco con los nazis. Somos los que han matado al Rey, y así empieza la I Guerra Mundial. Aquí está el sesgo ideológico del Supremo, no es que confíe mucho en la Audiencia Nacional, pero nos tocó un gran juez que tiene para mi dos dedos de frente, un tipo sensato y de izquierdas. Pero el Supremo tiene la cuota política y aquí se ve. Si en el Supremo deciden el PP o el PSOE evidentemente opinan este tipo de cosas. Aquí está el discurso del tema de la violencia, que en mi caso levantamos los brazos y le gritó por la espalda a Ernest Maragall, al que no puedo impedirle la entrada con los brazos en alto. Y si encima camino detrás, ¿éstos son los actos violentos? ¿Los actos violentos no son desahuciar a las familias? ¿No son los suicidios que se están produciendo? ¿No son las tasas judiciales ni las tasas universitarias? ¿Eso no es violencia? Pues es la violencia estructural que han creado ellos. Evidentemente, el poder siempre se tiene que resguardar ante este tipo de discursos. Pero bueno, allá ellos.

Para mí el derecho a la manifestación, el derecho a la crítica, el derecho a la protesta es la base del derecho a la representatividad que quieren ellos. El punto importante son dos cosas. Ellos iban a aprobar ahí algo que no se había dicho en su programa electoral, por lo tanto la ciudadanía tiene total legitimidad para pararte y decirte “a ti no te hemos votado para eso”. Nos sentíamos engañados, nos estaban mintiendo. Punto segundo. Los hechos probados no cometen ningún tipo de delito. Aquí se inventan un concepto que se llama la intimidación ambiental, diciendo que nosotros 8, o los 20, éramos responsables del clima de agitación que había y creo que ni la jurisprudencia española ni en ninguna puedes cometer delitos colectivos.

Yo no puedo ser responsable de lo que hicieron esas 3.500 personas que estaban esa mañana allí. Sólo soy responsable de mis hechos, y mis hechos son que Ciro tenía los brazos levantados y le gritó en el oído por detrás a Ernest Maragall. Él ha hecho una reclamación tremenda diciendo que no se había sentido nada violentado aquel día y que entró con total tranquilidad. Si encima Ernest Maragall nos defiende a nosotros, pues se ve que hay intereses políticos, más claro agua.

¿Piensas que el sistema democrático está entrando en una contradicción nunca vista antes?

No soy politólogo y tampoco tengo muchos recursos para decir eso, pero para mí el sistema democrático es una contradicción en sí misma. Solo te puedo decir que en la Audiencia Nacional el juez sí tiene una actitud garantista con respecto a la justicia y hacia la ciudadanía.

Se habla de que tocáis el corazón del sistema democrático.

Claro, pero es que ese corazón habría que verlo, porque para mí el corazón del sistema democrático está en los ateneos, en las asociaciones de vecinos y en las comunidades que se van creando de base con el trabajo diario. Ese corazón del sistema democrático está totalmente coordinado con el corazón del sistema económico ,y los políticos son títeres del sistema económico, lo que nos lleva al capitalismo.

¿Un futuro cambio político podría dar nuevamente un giro a esta sentencia?

No tengo ni idea. De hecho aquí hay intereses políticos que no puedo ni vislumbrar, no sé si esta decisión del Tribunal Supremo tiene que ver con el año electoral que tenemos. No me lo esperaba en ningún momento, el Tribunal Supremo me ha cogido de nuevas. Los tres jueces de la Audiencia Nacional me absolvieron. Me han condenado sin saber quién soy y sin haber escuchado mi defensa. Mi nombre no se citó en 10 días de juicio de la Audiencia, Ciro no apareció. Ciro fue insignificante para ellos.

El magistrado Don Perfecto A. Ibañez sí fallo a vuestro favor, ¿no te parece extraño?

Es lo interesante de todo esto, es una patata caliente político judicial que nadie quiere. Desde los mismos políticos del Parlament, donde un 50% no reconocen la denuncia y otro 50% son de derecha, como CIU, Ciutadans (C´s) y PSC hasta cierto punto. Hay un gran desequilibrio político entre ellos. Luego nos absuelven en la Audiencia, pero hay un juez que dice que no está de acuerdo, por lo que también hay discrepancias judiciales.

Pero es que llega el Supremo, que le quita la razón a la Audiencia, y hay un juez que también discrepa con sus propios compañeros. No sabemos nadie que está pasando, es inaudito. Y se ve claramente que ni la justicia es una ni la política es una. Es curioso esto.

Para mí es un honor que este caso haya generado dos sentencias tan bonitas como la de Ramón Sáez de la Audiencia, que es impoluta, y el voto particular de Don Perfecto. Son preciosas estas voces. La jurisprudencia que gobierna a estos dos jueces le daría un adelanto a los movimientos sociales tremendo.

Extracto del fallo del magistrado Don Perfecto Andrés Ibáñez

RECURSO CASACIÓN Nº: 1828/2014 , página número 85.

Mi discrepancia de la mayoría versa, primero, sobre la forma en que interpreta las consideraciones del tribunal de instancia expresivas de su punto de vista acerca del modo de operar con los principios constitucionales e intereses en presencia y implicados en el caso de que se trata. Esto porque no me parece que allí se persiga alterar su rango y jerarquía, sino tan solo introducir un temperamento, no caprichoso, sino, precisamente, derivado de la actual situación y desarrollo de las vicisitudes de la política y del papel de las instituciones representativas en países como el nuestro, que -por lo que diré- no pueden dejarse de lado, habida cuenta de la naturaleza de los hechos y de la conflictiva realidad social en la que se inscriben.

Esta última, en este momento, y sobran los indicadores al respecto, tiene tintes especialmente dramáticos para millones de personas, muy duramente golpeadas en sus derechos básicos, los sociales: es decir, aquellos que -es ya un tópico del mejor constitucionalismo- son, además, un prius , sine quo non , del pleno disfrute de los derechos políticos y de participación. Es también una evidencia que no precisa especial demostración, que esto ocurre en virtud de medidas que, en cuanto tales, no han formado parte de los programas de gobierno expuestos al voto de la ciudadanía. De donde se sigue como una obviedad, que los integrantes de esas extensas franjas de población tienen motivos reales para no sentirse partícipes efectivos de las decisiones que, no solo les afectan en lo inmediato en su calidad de vida, sino que, además, están modificando en términos quizá irreversibles, sus posibilidades futuras de acceso a bienes elementales y, con ello, también su estatus de ciudadanos con derechos.

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