Pueblos, tierra y democracia

Análisis sobre la situación en los municipios andaluces de cara a las próximas elecciones locales de mayo.

27/02/15 · 7:18
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Las luchas sociales y populares han sido en Andalucía desde los últimos dos siglos luchas en las que el pueblo o municipio han sido el sujeto fundamental de transformación. Pueblo desde el sentido de comunidad. La comunidad en lucha manifestada en el grito histórico de tierra y libertad. Desde las agitaciones campesinas relatadas por el maestro Juan Díaz del Moral al cantonalismo, el primer anarquismo rural o las colectivizaciones de tierras en la II República, el municipio ha encarnado siempre las luchas y procesos de transformación. La Historia de las luchas sociales andaluzas demuestra que el municipio, el pueblo o la ciudad, son siempre el agente estratégico de transformación. En estas breves palabras trataremos de reflexionar sobre el papel del municipalismo en los actuales procesos de transformación política.

Pueblos que caminan: una Historia desde abajo

Para nadie es un secreto que vivimos en un momento crucial en Andalucía –y en el Estado–, un momento histórico que, como ya pasara durante la II Restauración borbónica, llega sin que haya una estructura política transformadora con arraigo municipal que pueda aprovechar las condiciones objetivas que se dan en esta crisis de régimen. Pero en cambio si vemos como diferentes partidos políticos y gentes de los movimientos sociales están buscando fórmulas de unidad popular, principalmente candidaturas ciudadanas que nacen de la lucha contra la desigualdad y el despojo generados por el tsunami neoliberal.

Andalucía tiene una importante, aunque irregular trayectoria de construcción municipalista. Desde finales de la dictadura, las primeras resistencias que se fraguaron en la lucha por un sistema democrático tuvieron siempre un carácter puramente local, con un deseo de derribar el anterior régimen que se plasmaba con dificultad en algunas organizaciones que raramente conseguían alcanzar la totalidad del territorio andaluz. Ya sean las primeras comisiones de jornaleros, las comisiones obreras y otras luchas obreras y campesinas, en Andalucía el peso de las luchas anti-franquistas fue municipal, más allá de los movimientos que se fraguaban en las Universidades. Los movimientos vecinales, el primer asociacionismo, los movimientos culturales tenía un horizonte claramente municipal, aunque con deseos la mayoría de veces de una vertebración andaluza.

En la historia más cercana, los diferentes movimientos, desde la irrupción del movimiento 15M y la aparición de las acampadas, suponen un proceso precipitado de reinvención de las políticas locales, muchas veces expresado a través del fortalecimiento de las Plataformas ciudadanas tales como las PAH y otras que reivindicaban la defensa de ciertas riquezas comunes que venían siendo devoradas por la ola neo-liberal de privatizaciones y mercantilización de espacios comunitarios y recursos públicos como el agua, del suelo a través de los PGOU’s o del patrimonio municipal físico y cultural. Esto se unió a las luchas contra el paro y la crisis, progresivamente más canalizadas por un “sindicalismo alternativo” cada vez más legitimado y fortalecido.

Tres años y medio más tarde vemos como estos movimientos buscan formas de articulación para dar la batalla también en el campo electoral, esto supone una maduración de diferentes movimientos sociales que han concluido que además de la movilización social es necesario un instrumento institucional, una herramienta política capaz de ganar las elecciones municipales, una candidatura municipal de unidad popular con más pies en la calle que en la institución, que sea voz de las sin-voz, usando el ayuntamiento como herramienta y como altavoz.

Unidad popular para conquistar el poder político

El marco legal actual, para un municipalismo transformador, es cada vez más adverso. La ley de la administración municipal aprobada por el PP en Madrid ataca directamente a los pueblos pequeños y medianos, de los cuales muchos perderán sus ayuntamientos, y en general, todos quedarán muy limitados en sus competencias.

Por tanto, la toma de la institución supone una limitación en sí. Pero las leyes y las instituciones que de ellas emanan no son eternas, nacen y mueren, y vuelven a nacer otras nuevas. Los movimientos han adquirido en estos últimos años una madurez y capacidad creativa y de gestión que en muchos casos llegan a tener fuerza de institución no reconocida. Es tarea de los posibles poderes políticos municipales que lleguen a los ayuntamientos servir de sustento a las instituciones no reconocidas que han surgido de los movimientos, potenciarlas y extender su ejemplo a donde la participación popular es más débil, sin que ello signifique robarles su autonomía. Este proceso no puede ser llevado a cabo sin una labor pedagógica en la que confluyan los saberes técnicos y políticos del ayuntamiento, con los saberes de la parte más progresista de las instituciones académicas y los saberes militantes y populares de quienes han puesto su tiempo, sus manos y su cuerpo en las luchas sociales de estos últimos años.

Todo esto debe hacerse paralelamente a una reapropiación de los servicios, recursos materiales y culturales municipales, que supongan una democratización económica y espacial de los municipios.

Y todo ello sin perder de vista al pueblo de al lado, sin caer en el localismo. Los procesos municipales deben ser las raíces de un proceso más amplio, que sin éstas, está destinado al fracaso. Un proceso que será capaz de pensar Andalucía y transformarla con mayor o menor profundidad, en función del arraigo que tenga en los municipios y movimientos que conocen y viven las realidades e injusticias de esta Tierra a pie de calle.

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