Escándalo en la UCA
700 euros en panes de Cádiz y hambre para mañana

Cargos directivos de la Universidad de Cádiz gastaron 380.000 euros en tarjetas institucionales mientras sus estudiantes no tenían calefacción, ni mesas y se mojaban en barracones diseñados en 1962.

24/12/14 · 15:35
Un aula de la Escuela Superior de Ingeniería de Cádiz (ESI) en el año 2002. / Gino Ochoa

El Diario de Cádiz ha levantado un maremoto político en la capital después de muchos años de tranquilidad. Ha mostrado en sus páginas documentos que acreditan gastos por valor de 380.000 euros en tarjetas institucionales asignadas a varios directivos de la Universidad de Cádiz (UCA). En el periodo de 2007 a 2011, estos directivos usaron esas tarjetas para pagar viajes, comidas, parkings, cafeterías y todo lo necesario para sus gastos de representación y protocolo.

Aulas con goteras y sin pizarra

En el Cádiz de los 90 había varias facultades que estaban en malas condiciones como Enfermería, Relaciones Laborales, la Politécnica o Educación en el campus de Puerto Real. La Politécnica, ESI (Escuela Superior de Ingeniería), era un caso extremo entre las distintas facultades, un edificio de 1962 con un gran desgaste encima. Los que estudiaron allí recuerdan el frío del invierno sin calefacción, clases abarrotadas en sillas con palas, prácticas de Sistemas Operativos en barracones donde se filtraba la lluvia por algunas goteras y en los que compartían ordenador cuando eran muchos. Además, su biblioteca no tenía el suficiente espacio aunque los libros escaseaban, ya que no se invertía demasiado en ellos, aun cuando en esa época eran el único recurso.

Era anecdótico compartir el servicio de alumnos con las alumnas, que no tuvieron uno propio hasta 1998. El edificio estaba diseñado solo para hombres y no estaba adaptado para personas con diversidad funcional, ya que además contaba con unas grandes escaleras de entrada. Resultaba difícil hasta coger apuntes, no había pizarras. Desde 1962 cada año el portero de la facultad pintaba de verde un trozo de pared que simulaba una pizarra. Cuando empezaba a calar la humedad, la pared se humedecía y solo se podía escribir en los trozos que permanecían secos.

Excelencia educativa a pedazos

M. M. Sanchez, antiguo alumno de la Politécnica, en una entrevista para Diagonal, relata lo siguiente: “La sensación era que siempre había otros intereses por encima de la excelencia educativa que en realidad era lo de menos, y sentíamos que los alumnos no éramos más que números, cifras para rellenar estadísticas. La masificación y la precariedad en las instalaciones y el material eran siempre la norma, al menos en la ESI. Durante más de una década se protestó cada año por una nueva escuela y nunca se nos hizo caso, aunque los techos se nos cayesen encima”.

Casi nada cambió y con la llegada de las lluvias era normal acudir a alguna manifestación en la calle Ancha del Rectorado, e incluso se llegaron a fletar autobuses para ir a Sevilla y pedir a la Consejería de Educación una ayuda. Nunca había presupuesto para reparar la ESI u otras facultades que lo necesitaban. Muchos alumnos recuerdan los problemas para aparcar cuando llegaban desde la bahía de Cádiz, o cuando se desplazaban desde el Puerto de Santa María y viajaban en el conocido como “autobús de la droga”, compartiendo asiento con personas con problemas de drogodependencias que iban fumando plata por el camino. Muchos jóvenes gaditanos sabían que acabarían conociendo el exilio para tener oportunidades de trabajo, pero también se planteaban emigrar para estudiar a las facultades de Sevilla o Málaga si tenían recursos económicos.

En 2012 la situación es límite

Generación tras generación, aguantaron la precariedad y hasta el mismo director de la Escuela Superior de Ingeniería (ESI), Juan José Domínguez, acudió a los medios de comunicación para afirmar en el año 2012: “La situación es límite”. Incluso se organizó un concurso de fotografía que recogía, entre las temáticas premiables, “las instalaciones actuales de la ESI, pudiendo reflejar tanto el estado en el que se encuentran las mismas, los equipamientos docentes, como los habituales problemas que nos encontramos en el desarrollo de nuestra labor docente (clases masificadas, mobiliario inadecuado, barreras arquitectónicas, etc.)” o “la superación de las dificultades en materia de infraestructuras para formar a buenos profesionales”. El 17 de noviembre de 2014, después de 52 años, la ESI consiguió un edificio digno en Puerto Real, pero aún están en situación precaria otras facultades como la de Educación, donde usan pupitres de instituto para dar clases.

La respuesta de la UCA

La Universidad de Cádiz y antiguo personal directivo inmerso en este escándalo han difundido un comunicado, publicado en el Diario de Cádiz, “en relación a las informaciones publicadas en este medio sobre el uso de las tarjetas institucionales por parte del equipo de gobierno de la UCA en el periodo 2007-2011”. La UCA señala que “no le consta hasta el momento la aplicación de esas tarjetas y su uso para gastos personales". Los directivos defienden su inocencia y aclaran que incluso no percibieron dietas de distinto tipo a las que tenían derecho.

Ana M. Rodríguez Tirado, ex secretaria general, afirma que “todos y cada uno de los gastos fueron debidamente justificados”. Justifica “apuntes concretos aparecidos en este periódico”, por ejemplo, un “obsequio institucional” por un coste de 697,5 euros, realizado el del 12 de noviembre de 2008, correspondiente a “la compra de unos ochenta panes de Cádiz” regalados a los participantes en “las Jornadas de la Sectorial de Secretarios Generales de las Universidades públicas y privadas españolas”. José María Rodríguez Izquierdo, ex vicerrector de Planificación se expresa en términos similares. Respecto a uno de los desembolsos más llamativos, un cargo de 149,20 euros, el 21 de septiembre de 2009, en el pub irlandés O’Connell, un lugar de copas de la plaza de San Francisco de Cádiz, aclara que responde a la “atención a un grupo de responsables académicos y profesores con motivo de la apertura de curso 2009/10”. Finalmente, Mercedes Dobarco, directora general de Acción Social y Solidaria, insiste, como los demás, en que todos los gastos están “suficientemente justificados, documentados y autorizados”. Por ejemplo, explica la compra de 2.076 euros en la tienda Pascal London como “una compra fraudulenta realizada en el extranjero por usurpación de identidad”.

Eduardo González Mazo, actual rector, que se limitó a eliminar este tipo de tarjetas cuando tomó su cargo, en 2011, sin ningún tipo de investigación, ha anunciado que “la UCA va a comprobar la aplicación de esos gastos uno por uno”, una exigencia lanzada también por la consejera andaluza de Hacienda, María Jesús Montero. Mientras tanto, el alumnado de esta universidad ubicada en una de las provincias históricamente más castigadas por el desempleo y la precariedad, sigue movilizándose para recibir una explicación al hecho de que la UCA prefiriese gastar 380.000 euros en parkings, comidas de empresa o viajes por el mundo antes que adecentar sus aulas o escuchar las quejas de sus estudiantes año tras año.

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comentarios

1

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    manolo2
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    28/12/2014 - 4:31am
    La culpa es de los catalanes, las embajadas y Carod Rovira.