CIENCIA // CONSECUENCIAS DE LA ACTIVIDAD SOLAR
¿Alguien teme a las tormentas solares?

Entre 2012 y 2014, el Sol alcanzará su máxima
actividad y las tormentas solares se harán más
frecuentes. ¿Qué quiere decir esto y cómo nos afecta?

, Madrid
24/04/12 · 10:45
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CANADÁ. Aurora boreal provocada por una tormenta solar (Scott Lough)

“Welcome to the end of the world”.
Cinco mil millones de años en el futuro,
Rose y el noveno Doctor Who
ven, desde una nave de observación
cómo el Sol se convierte en
una gigante roja que destruye la
Tierra. Aunque un poco tramposo
–el Sol no explotará de repente, sino
que se irá expandiendo poco a
poco hasta ‘engullir’ el planeta–, la
serie de la BBC roza en este capítulo
el miedo que a veces infunde el
astro rey. Un miedo que nuestros
antepasados conjuraban con la religión
y que nosotros, más modernos,
podemos resumir en una pregunta:
¿vendrá una tormenta solar
y acabará con nosotros?

Manuel Collados no puede evitar
una carcajada irónica: “El ser humano
lleva aquí mucho tiempo y
hasta ahora no parece que haya pasado
nada”, acierta a contestar con
algo de sorna. Este investigador del
Instituto de Astrofísica de Canarias
es tajante: “Las tormentas solares
forman parte del ciclo normal del
Sol”.
Un ciclo relacionado con la
presencia de manchas solares que
se repite cada 11 años y cuyo máximo
se alcanzará entre este año y el
2014. Como dice la NASA en una
nota de prensa no exenta de guasa
– o, al menos, de guasa anglosajona–,
“cualquiera con más de 11
años ha sobrevivido a un máximo
solar sin sufrir daño alguno”.

Una tecnología delicada

La primera tormenta solar de la que
el ser humano fue consciente se
produjo en 1859 y, además de producir
auroras boreales en latitudes
tan bajas como el Caribe, cortó el
servicio telegráfico entre Estados
Unidos y Gran Bretaña. En 1989,
otra tormenta solar provocó un
apagón de nueve horas en Quebec
por el fallo de un transformador.
Sin embargo, la mayor tormenta
hasta ahora registrada –se salió de
escala– ocurrió en octubre de 2003.

¿Se acuerdan de ella? Tampoco la
que escribe: no provocó ningún daño
significativo para la población,
aunque sí hubo satélites afectados.

“Es cierto que cada día tenemos
una tecnología más delicada, como
los satélites GPS o de televisión, que
sí que pueden sufrir daños”, reconoce
Ricard Casas, del Instituto de
Ciencias del Espacio. “Pero existen
modos de protegerlos: por ejemplo,
cambiarlos de posición, situarlos en
una órbita más baja o desconectar
determinados sistemas”. Collados
admite que “a veces, las partículas
pueden llegar a la superficie y dañar
centrales eléctricas, pero
suelen tardar
un par de días en llegar a la
Tierra, por lo que es posible adoptar
medidas preventivas”.

De hecho, hay varios programas
que se dedican a hacer un seguimiento
de la actividad solar para
predecir si nos afectará y cómo: el
estadounidense Space Weather y el europeo Spacecast, que se acaba
de poner en marcha. Como el
hombre del tiempo pero a escala
planetaria.

Fulguraciones y eyecciones

Aunque pensamos en el Sol como
un disco estático y apacible, la
realidad es bien distinta: lo que
tenemos encima es una enorme
bola de fuego, una central nuclear
de fusión
(no confundir con las
terrestres, de fisión) que nos proporciona
energía en forma de radiación
electromagnética
ultravioleta,
visible e infrarroja. Y que
tiene un papel importantísimo en
el clima del planeta.

Una tormenta solar no es más
que un pico en la actividad de esa
central,
producido por el magnetismo
de la estrella y que se manifiesta
en forma de eyecciones de
masa coronal o de fulguraciones
(las famosas “llamaradas”): explosiones
que liberan de forma súbita
gran cantidad de energía en más
longitudes de onda de lo habitual,
desde rayos X hasta gamma. Y
que, en el caso de las eyecciones,
expulsan también gas y plasma.
Lo normal es que haya al menos
una por semana, aunque en épocas
de gran actividad puede haber
hasta dos o tres por día.

Normalmente, el campo magnético
de la Tierra desvía la mayoría
de estas partículas, aunque algunas
consiguen colarse por los polos dando lugar a las auroras boreales y
australes
al interaccionar con los
gases de la atmósfera.
Pero si la tormenta
es muy fuerte y las partículas
emitidas tienen mucha energía
y velocidad, pueden atravesar el escudo
magnético y llegar a latitudes
más bajas. Por eso a las tormentas
solares se les llama también tormentas
geomagnéticas. Y por eso
es necesario vigilarlas.

Medidas de precaución

Entonces, ¿es grave? Pues no más
que un tornado o una época de
inundaciones:
depende de las precauciones
que se tomen.
Actualmente, una red de satélites
sigue la actividad solar, que se clasifica
en función de la potencia de
la fulguración que causa la tormenta
(B, C, M o X en una escala
en la que cada letra es diez veces
mayor que la anterior), la radiación
que genera (del 1 al 5) y sus
posibles efectos geomagnéticos
(de G1 a G5). La puntuación en todas
estas escalas es la que determina
las precauciones a tomar.

Unas precauciones que pueden ir
desde apagar un satélite hasta desviar
los vuelos que pasan cerca de
los polos,
ya que las comunicaciones
por radio en esas latitudes se
pueden ver afectadas y los pasajeros
expuestos a radiación. También
se “encierra” a los astronautas de la
Estación Espacial Internacional en
un compartimento especial para estos
casos. De hecho, “fue a raíz de
la preocupación por las misiones
tripuladas que se comenzó a observar
el Sol con más detenimiento”,
comenta Manuel Collados.

Volviendo a la NASA (que puso
su primer hombre en órbita en
1968, siete años después de Yuri
Gagarin), “ni siquiera la mayor
llamarada solar sería suficientemente
fuerte para destruir la
Tierra”.
Y tampoco nos van a sumergir
en el mundo apocalíptico
de Dark Angel. Y es que, pese a
ser muy potentes, las tormentas
solares no son ni de lejos el fenómeno
más energético del universo;
un honor que recae sobre las
explosiones de rayos gamma
que, afortunadamente, nos pillan
bastante lejos.


Más información:

- FAQ sobre tormentas solares en la NASA

- FAQ sobre tormentas solares en la BBC

- NASA Living with a Star

LAS MANCHAS SOLARES, EL MÍNIMO DE MAUNDER Y LA PEQUEÑA EDAD DEL HIELO

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Las tormentas solares se relacionan con la presencia de manchas, regiones «frías» en la superficie del Sol que se producen a causa del magnetismo de la estrella: como el ecuador solar gira más rápido que los polos, las líneas magnéticas se tuercen de este a oeste y se agrupan sobre determinadas regiones provocando que su temperatura descienda casi 2000º (por eso las vemos más oscuras, por contraste con el resto de la superficie que está a 6.000 grados).

Fue Heinrich Schwave, un astrónomo aficionado, quien en 1843 descubrió que la presencia de manchas parecía regirse por ciclos de once años. Actualmente estamos en el 24. Antes, los astrónomos habían constatado otro fenómeno curioso: la ausencia de manchas solares entre 1645 y 1725. Este descenso en la actividad solar, que se dio en llamar mínimo de Maunder, coincidió (y parece que en parte provocó) con la pequeña
[Edad de Hielo Europea->http://en.wikipedia.org/wiki/Little_Ice_Age]: un descenso en la temperatura media de casi 1 grado entre los siglos
XVI y XVIII que provocó inviernos inusualmente fríos. Tanto, que los ríos de Holanda y Gran Bretaña se congelaban prácticamente cada año y sobre el Támesis -que entre 1863 y 1864 estuvo dos meses helado-- se celebraban popularísimas «Ferias del Hielo». Lo sabemos por escritos
históricos y por pinturas de la época.

En España también lo vivimos: entre 1442 y 1891 el Ebro se congeló nada menos que 17 veces a su paso por Tortosa (Cataluña) y hubo abundantes nevadas en las Islas Baleares.

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- Más información sobre la relación entre el Sol y el clima

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comentarios

1

  • |
    anónima
    |
    26/04/2012 - 9:44pm
    Excelente artículo. Extraordinaria idea la de incluir articulos de corte científico.
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