Los movimientos sociales ante el nuevo contexto municipal en Madrid

El ejemplo de Ahora Madrid como análisis sobre la comunicación entre los movimientos sociales y los nuevos ayuntamientos del cambio.

09/12/15 · 8:00

Durante los meses que han trascurrido tras las elecciones municipales, en realidad ya desde la campaña previa, asistimos a un escenario político que requiere una especial atención: la promesa de la “toma institucional” por listas electorales afines ha supuesto una merma de la efervescencia política en las calles. Ciertos movimientos sociales están, paradójicamente, aletargados, a la espera de ver qué sucede con el Ayuntamiento y con la llamada “ventana de oportunidad”.

En esta carta abierta se reflexiona sobre la comunicación de los movimientos sociales con el Ayuntamiento, a partir de una experiencia concreta en el campo de las migraciones [habrá tiempo en próximos artículos de desgranar este proceso específico]. El motivo de hacer pública esta experiencia es que otros compañeros/as en otras luchas sociales parece que están teniendo experiencias similares. Por esta razón esta carta abierta lo es por y para los movimientos sociales, por si pudiera servir como un elemento más para enriquecer la reflexión sobre la situación actual a partir de una experiencia concreta.

¿Llevar las instituciones a la gente?

Lo que queremos es “llevar las instituciones a la gente”, afirmaba un cargo municipal de Ahora Madrid recientemente en una reunión. Pues bien, la voluntad de llevar las instituciones a los ciudadanos es muy peligrosa porque implica poner en el centro de la vida las instituciones. Y como bien sabemos, las instituciones son relaciones históricas de poder orientadas a una función social concreta, que en su interior funcionan con una lógica propia que condiciona la capacidad de acción de los individuos que la conforman. Más aún cuando no se cuenta con mecanismos para evitar que finalmente los ciudadanos, las organizaciones y los movimientos sociales terminen siendo arrastrados a las instituciones y puestos a funcionar desde sus lógicas.

La lógica de la institución frente a la de los movimientos sociales

¿A qué nos referimos con lógicas? Pues en definitiva a una forma de hacer política, tanto en lo que atañe a los tiempos, los objetivos, los resultados pero, sobre todo y muy especialmente, al puntos de vista: la temporalidad de los partidos o del propio Ayuntamiento no sólo es distinta a la de los movimientos sociales, sino que más bien los ritmos de la institución se suelen imponer a los de los movimientos sociales.

Nos guste o no hay una relación de poder. Esta temporalidad es en sí mismo una concepción y una forma de hacer política: frente a la discusión asamblearia, abierta, horizontal, centrada tanto en los procesos como en los resultados, se imponen reuniones de pequeños grupos delegados, con argumentos y acciones sujetas a una jerarquía de decisión que, además, orienta la legitimidad de las decisiones en base a los resultados y sus posibles consecuencias (generalmente mediáticas).

La institución, los grupos del Ayuntamiento, tratan de representar una razón común (hegemónica), teóricamente el resultado de las orientaciones ideológicas identificadas con los partidos en el pleno. Si hay distancia entre lo que piensa una persona y el partido al que puedo haber votado imaginad la distancia que habrá entre la suma de partidos y una supuesta razón común. Sea como fuere, si las organizaciones sociales entablan contactos con el Ayuntamiento tienen que entrar a negociar sus objetivos en base a estas posiciones, lo que supone rebajar las expectativas y la radicalidad de los planteamientos y enfoques. A pesar de que las organizaciones sociales reflexionan y debaten en torno a su problema u objetivo durante horas en asambleas (conformando “su punto de vista”), cuando entran en contacto con el Ayuntamiento han de discutir desde el punto de vista de éste, para el cual, el objetivo de las organizaciones sociales es uno más a negociar junto con otros tantos problemas, organizaciones, partidos y juegos de fuerzas.

Sordinas, checkpoint, cortinas de humo y francotiradores

Por la propia lógica de la institución sabemos que en política es muy difícil cumplir o sostener la palabra dada, por lo que la negociación no debería basarse en declaraciones de intenciones a futuro sino en base a los hechos concretos presentes y pasados. Para que Ahora Madrid pueda desarrollar una comunicación con los movimientos sociales satisfactoria es necesario que rompa con los miedos que están paralizando algunos procesos. Con intenciones pero sin voluntad real (como se solía decir: “Cueste lo que cueste”) la agrupación de Ahora Madrid no será un altavoz sino una sordina de los movimientos sociales.

Del mismo modo que Ahora Madrid pretende ser un canal para la expresión de los movimientos sociales, el PSOE ha adoptado una rentable posición de checkpoint institucional: toda medida o declaración progresista que pueda ser rentable electoralmente (o mejor, que no genere costo ni compromiso) será aceptada; aquella medida que genere dudas o pueda perjudicar será bloqueada y se utilizará públicamente para acusar a Ahora Madrid de infantilidad y falta de capacidad para afrontar la tarea de gobierno, argumentos que dan rienda suelta a las fuerzas de la derecha, también contra el impotente e internamente divido grupo municipal del PSOE.

Efectivamente, PP y Ciudadanos pueden actuar de forma coordinada, conformando el búnker de la vieja y la nueva derecha (la conservadora liberal y la liberal conservadora, respectivamente). El PP se ha especializado en las cortinas de humo, con la sibilina capacidad de Aguirre para imponer el marco de la discusión, a riesgo de convertir los plenos en un esperpento político con tal de no hacer política real u ocultar los escándalos que se destapan a cada paso. Ciudadanos disfruta de su reluciente e indefinida imagen, realizando declaraciones a la prensa como conservador, liberal o socialdemócrata según le convenga, aunque a la hora de votar siempre lo hacen con la mano derecha por todo lo alto.

Aprendizajes y apuestas tácticas para los movimientos sociales

El principal aprendizaje que conviene no olvidar es que Ahora Madrid llegó al poder en un contexto de activa movilización social y conflicto político (es decir, el cuestionamiento político del hasta entonces statu quo). Esta movilización junto con la estrategia de la toma institucional cambió el marco de la propia discusión política. Los relativos buenos resultados electorales de la agrupación han supuesto un acuerdo tácito en gran parte de los movimientos sociales para rebajar la presión social.

Sin embargo, este letargo expectante puede ser contraproducente, por la sencilla razón que sin esa presión social la fuerza de la agrupación en la institución es reducible (y reducida) constantemente a la fuerza electoral que representa. Pues bien, no se ha cambiado el marco de lo que entendemos por política en las urnas, fue cambiado antes por la acción social, por lo tanto, pienso que o se inocula la institución de la presión social externa o la propia sociedad será reducida a la propia lógica de la institución. Del mismo modo que la lógica institucional depende en parte de un juego de fuerzas variables (en función de los votos obtenidos), la lógica de las organizaciones sociales ha de jugar con su propio crédito social: la movilización y las acciones políticas en el espacio público -también y, no sólo, mediáticamente- hasta imponer y mantener el marco de la discusión.

Si a la hora de sentarse en una mesa de negociación no hay una fuerza social movilizada –aunque exista- los movimientos sociales pueden quedar sometidos la lógica de la institución, en los términos señalados anteriormente. Con un problema añadido, la negociación con instituciones, aún en el mejor de los casos, acarrea una fragmentación de los movimientos sociales y sus posiciones en las asambleas al inocular la lógica de la política institucional en los debates, lamentablemente éste es un riesgo inextinguible pues la pureza no existe. Por eso mismo hay que estar especialmente vigilantes a la hora de hablar con la institución. Cuando se dialoga con una persona que ostenta un cargo en la institución se está ante un agente de la misma, independientemente de que acaben de llegar al Ayuntamiento y no hayan podido amueblar las estanterías.

Por mucho que pueda haber o no afinidad ideológica, no se puede confundir esta afinidad con una misma posición o punto de vista. Uno está al cargo del gobierno de una ciudad y otro es miembro de un movimiento social, asumir que estamos ante las mismas personas es asegurarse una imposición invisible de las lógicas de la institución sobre los movimientos sociales.

Finalmente, con más razón parece necesario aumentar las conexiones y organización en el interior de los movimientos sociales y las asociaciones para el desarrollo de una mayor presión en el espacio público. Es el momento de retomar las acciones y la presión social. De hecho hay una sensación generalizada que consiste en pensar que hay que “dar una oportunidad” a las personas que están ahora en el Ayuntamiento, rebajando las demostraciones de fuerza de los movimientos sociales en el espacio público. Sin embargo, sin esta fuerza social en acción Ahora Madrid queda en manos única y exclusivamente de su fuerza en términos de representación de votos y sus miembros absorbidos por la lógica institucional. La mejor oportunidad es seguir ahondando la ventana de oportunidad que se ha abierto mediante la movilización –esto comprende un amplio número de acciones, más allá de las manifestaciones, la imaginación está de nuestro lado–, para que efectivamente el miedo cambie de bando y la vida vuelva a estar en el centro.

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