Periódico Diagonal

EL BIKE PORN FESTIVAL LLEGA A MADRID

Pornobici, toma el control en la cama y en la calle

Una propuesta por la libre sexualidad y el transporte. Si nunca se te había ocurrido relacionarlos, sigue leyendo que nos lo explican desde el colectivo Bike Smut.

Soraya González Guerrero (Redacción)
Martes 4 de octubre de 2011.  Número 158
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Foto: OjosdepezKO.

Tú, una cámara doméstica y la bici como eje vertebrador de una historia porno que luego se proyecta en un espacio público. Es la propuesta impúdica de Bike Smut, un festival de cine porno que desde 2007 gira por centros sociales, tiendas de bici y teatros promoviendo la autonomía en el sexo y en el transporte con bicicleta y que ahora se encuentra de gira por Europa. Las paredes de dos centros sociales madrileños, Casablanca y el Patio Maravillas, fueron escenario del delito los días 17 y 18 de septiembre. Diversos colectivos y personas que usan la bici a diario y están interesadas en cuestiones de género y sexualidad organizaron el primer Bike Porn Festival de Madrid, donde invitaron a Bike Smut. Además de cine, hubo un taller de juguetes sexuales con ruedas y otros materiales reciclados y una gymkana rodada para llegar armada y sudada a las proyecciones.

Alrededor de una mesa coja, charlamos con tres “bikesexual”; así se autodefinen estos personajes del colectivo Bike Smut. Ella, estupenda, responde al pseudónimo de Poppy Cox. Le acompañan Reve - rend Phil, con aires de amo, y Liberty Sprocket, que juega el papel del joven anarcopunk andrógino.

‘DO IT YOURSELF’

Detrás del Bike Porn hay una filosofía de vida radical: hazlo tú misma. Defienden la autogestión en la movilidad y en un terreno más virgen dentro de la política: la representación de la sexualidad. Se podría resumir, dice R. Phil, en “tener el control de tu vida en la cama y las calles”.

“La pornografía es una forma de representar la sexualidad y si queremos cambiar las representaciones sociales de nuestra sexualidad tenemos que empezar a controlarlas, lo que implica explorar qué es tu propia sexualidad. Mostrar esto, ponerlo ante una mirada pública, hablar de ello con tu comunidad, más que guardarlo para ti y esconderlo, constituye un desafío frente a las representaciones y el porno mainstream”, explica L. Sprocket.

R. Phil toma la palabra: “La mayor parte del porno apesta. No es inspirador, no te provoca alegría. Es una solución a corto plazo para algunas personas. Lo que defendemos es que la gente haga una pornografía propia que le haga sentir alegría, placer, sobre la sexualidad. Si haces tu propio porno y te sientes bien haciéndolo, va a estar muy bien y seguro que otra gente puede disfrutarlo”.

La bicicleta, por su parte, es una propuesta radical de movilidad: “Con la bici no necesitas que nadie te lleve a ningún sitio, llegas por ti misma, puedes arreglarla por ti misma”, nos cuenta Poppy Cox. Cuando comenzó a moverse en bici en Londres se le abrió un mundo lleno de posibilidades: “Poder elegir desplazarte en bici es muy potente, sobre todo viniendo de Norteamérica, donde el coche es el símbolo por excelencia y sólo montas en bici si no te puedes permitir conducir un coche. Además, honestamente, la bici me hace sentir genial. Te pone duro el culo”.

NUEVAS NARRATIVAS

Una aventura de lego, muñecos en bici con grandes órganos sexuales que emanan de su rigidez de plástico salvan al mundo del vertido de una toalla gris; una bici estática hecha a la medida de tus agujeros y tus fantasías para mantenerte en forma; el striptease que te montas para seducir al que tienes en frente en una fiesta (llueve, has llegado pedaleando y llevas varias capas de plástico, hasta una bolsa en cada pie que se ha calado). Historias cortas, divertidas, sugerentes, amateur, algunas realmente bonitas, alguna otra más burda. Historias gays, lésbicas, queer, o más heterodoxas. Sexo de dos, o de multitudes, también monólogos sexuales, y diálogos entre tú y la rueda, el sillín o la barra de tu bici.

Bike Smut no tiene criterios editoriales y, a pesar de ello, el porno que atraviesa las películas es otro. Puedes disfrutar sin indignarte. “Quizás ofrecer la oportunidad a la gente que no se siente representada en el porno comercial de hacer sus propias cosas sea la razón por la que nos llegan obras con perspectivas muy diversas. Encontrar tu propio discurso es empoderador”, opina Sprocken. Pero películas malas también llegan, nos confiesa Cox: “Ha sido difícil encontrar películas hechas por hombres con nuevas narrativas, sobre todo por hombres heterosexuales”.

PORNO COLECTIVO

La única forma de ver las películas de Bike Smut es acudiendo a las proyecciones. No se distribuye ningún DVD ni se pueden descargar por la red. Así garantizan la privacidad de quienes hacen las películas. Pero, sobre todo, hay una apuesta política de sacar el porno del cuarto propio conectado. Para Sprocken, “en nuestra sociedad estamos acostumbrados a consumir imágenes solos, en la red, sin hablar, y esto es una oportunidad de ver estas obras en comunidad y discutir ideas sobre la sexualidad o la obscenidad”.

“Además es más divertido: vienes, ves sexo, hablas sobre él y luego puedes pedalear a algún lugar y tener algo de sexo”, dice Cox, no sabemos si rememorando las dos noches madrileñas.

Crónica de una perra sobre ruedas

Por @SUPONEPÉREZ

Una tórrida tarde de asfalto en Madrid. Es sábado. Dejo la ropa mojada en la lavadora y salgo en bici. Me dirijo a una gymkana sobre ruedas en el marco del Bike Porn Fest. Temor y expectación en las venas. Yo seré perra, pero las que organizan ni te cuento.

Seis pruebas en seis puntos calientes de la urbe. “Lo importante en esta competición erótica festiva no es la velocidad sino la creatividad y el guarreo”. Perfecto, hoy no me apetecen polvos rápidos, prefiero remolonear en mi sillín.

Pistoletazo de salida. Nuestras bicis cruzadas sobre la calle estrecha y pelada de aceras cortan el tráfico. Las montamos y escapamos en parejas a tomar la ciudad con nuestros cuerpos y nuestras bicis.

Prueba uno en la Catedral de la Almudena: foto erótica con tu pareja. Bendita sea, sólo se me ocurren obscenidades pensando en bodorrios.

Prueba dos, en una tienda de bicis. Una de las organizadoras, maquinilla de afeitar en mano, nos ordena: “Elegid un lugar de vuestro cuerpo, él ya lo ha hecho”. Él, que trabaja en la tienda, sólo viste un delantal que le cubre por delante; se da la vuelta y decido pelarme como él.

Prueba tres en el Retiro. Me atan a mi pareja con una cadena de bici grasienta, bien apretada, y tiran el tronchacadenas al lado de una colmena de familias. Me siento como una perra atada en busca de su hueso mientras me azotan con un látigo made in el taller de juguetes eróticos del festival. Al principio duele, después escuece, luego me gusta.

Prueba cuatro, en el Corte Inglés. Gasa, satén, tafetán, el vestuario es una fiesta de vestidos caros y horteras. Mi proceso de conversión en perra se agudiza a la velocidad del flash. El book nos lleva tanto tiempo que no llegamos a la quinta prueba, en la sede del PP. Imagínesela. Tampoco llegamos a la del masaje en el Templo de Debod; me quedo sin mi plato de caricias.

Evidentemente, no gano el collar de perra de la competición, pero me siento sexy, tengo el culo duro y siento que la calle y la noche también son mías.

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Portada número 168
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Boletín radiofónico Diagonal 150
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