Sonrisas de labios partidos

Dos relatos supuestamente cómicos muestran la banalización de la violencia machista a través de los medios audiovisuales y las redes sociales.

02/04/13 · 16:30
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Una imagen del éxito de taquilla francés 'Incompatibles', una muestra de "violencia machista gratuíta"

Juguemos a las películas y hagamos un ejercicio de imaginación: piensen que soy un director de cine joven que acude a sus suntuosas oficinas de producción para venderles un gran proyecto cinematográfico. Tengo dos ideas en mente.

Historia A [una comedia homenaje a las películas de parejas de policías de los ‘80 como Arma letal o Tango y Cash pero al estilo europeo]. Unos chicos se disponen a mear en un descampado de las afueras de París y descubren que lo están haciendo sobre el cuerpo de una elegante y guapa mujer muerta. Durante la investigación criminal sobre este caso, un oficial de policía del centro, machista y pijo, se convierte en compañero de un policía de color de los suburbios en la investigación: su primer encuentro es hilarante porque el policía pijo huele el meado del cadáver sin saberlo. En otra inolvidable escena en la morgue, este mismo policía alaba el atractivo de la asesinada y bromea sobre la posibilidad de que se hubiera operado las tetas tocándolas para averiguarlo ante las risas del forense y la censura de su compañero. La película termina tras unas cuantas bromas a costa de los gitanos y con el caso resuelto: “Al final era tan sólo un crimen pasional”.

Ante la violencia machista como recurso cómico tenemos que levantarnos del cine y hablarHistoria B [cine de autor crítico con la sociedad americana muy en plan Dogville con toques de Haneke en El vídeo de Benny]. Dos quarterbacks del equipo de fútbol de una pequeña localidad norteamericana salen de fiesta una noche en la que se celebra la vuelta al instituto. Durante esa noche encuentran a una conocida inconsciente por el alcohol y deciden llevarla de fiesta en fiesta en una larga travesía de seis horas donde esta chica es vejada de todas las maneras posibles, incluida la violencia sexual. Le hacen fotos que se suben a Instagram, se le describe en Facebook como un “cuerpo muerto”, se tuitea su estado (“alguna gente merece que se le meen encima”, “han meado sobre ella. Así es como se sabe que está muerta, porque alguien la ha meado”) y finalmente uno de ellos tras afirmar que la canción de esa noche era Rape me de Nirvana, decide penetrarla con los dedos en su coche para después eyacular sobre ella y hacerle fotos en su sótano. La chica a la mañana siguiente no recuerda nada y aparece semidesnuda en el mismo lugar. Los responsables intentan eliminar pruebas y suplican a la chica que no presente cargos. La película termina con ella dirigiéndose hacia el juzgado junto con su madre y bajo la mirada censora del pueblo, que no puede impedir que vaya a arruinar la vida de esos dos buenos estudiantes y deportistas.

Como podrán ver, como futuro y moderno director de cine exploto la vieja fórmula de éxito que hizo famoso el escritor francés Victorien Sardou, autor de Tosca, que se resumía en ¡Torturad a las mujeres! Pero, eso sí, con dos estilos muy diferentes como son el cine comercial y el cine de autor, ahora, claro, les toca a ustedes: ¿cuál de las dos historias financiarían? Evidentemente, el juego tiene un truco que ya habrán supuesto: una historia es falsa y la otra es verdadera.

La historia A es el argumento de una película que cuando lean este artículo estará en sus cines, incluidos los de versión original, después de acompañarle en las marquesinas, revistas y magazines televisivos: se trata del mega éxito de taquilla francés Incompatibles (De l’autre côté du périph, 2012) dirigido por David Charhon en la labor de recuperar los peores tics de las películas de parejas de hombres (buddy films) en clave policial y birracial con un dúo formado por los actores Omar Sy y Laurent Lafitte, dándole el toque europeo con algunas referencias a Belmondo. La historia B es la historia de una violación ocurrida en Steubenville, Ohio, la noche del 11 de agosto de 2012 y cuyo reciente juicio ha galvanizado EE UU. Sus protagonistas junto a la chica violada son Ma’lik Richmond y Trent Mays, todos menores de edad y rondando los 16 años.

Si las diferencias son difíciles de tragar, las similitudes directamente nos hacen vomitar al descubrir los mecanismos narrativos y visuales que las entrelazan. Unos mecanismos que sólo podemos analizar, aquí les pido un esfuerzo en aguantar las arcadas, si aislamos un hecho terrible pero real: la historia A es una película (una ficción visual) y la historia B es una realidad (un acto espantoso) pero ambas coinciden en que han generado imágenes ya que la violación fue prácticamente retransmitida a tiempo real por todo el pueblo a través de las redes sociales en forma de vídeos y de fotos. Si bien las imágenes de Incompatibles se integran y confunden en el flujo del cine comercial y las del caso de Steubenville fueron eliminadas y rescatadas por una bloguera que se dedicó a hacer capturas de pantalla, ambas coinciden en utilizar la violencia machista como recurso cómico. Las víctimas son convertidas en “mujeres basura”, que diría Pilar Pedraza, arrojadas al vertedero de nuestra producción audiovisual gracias a su inercia, muñecos sin vida que producen risa, puro material plástico degradado y blando como en una de las escasas fotos que han transcendido de aquella noche, en la que la chica violada aparecía cogida de brazos y pies bajo el epígrafe sloppy (“blandengue”) que acompañaba al calificativo de zorra.

Otro de los elementos comunes es que ambas narraciones visuales están protagonizadas por una pareja de chicos de distinto carácter y raza que a su vez representan distintos tipos de masculinidades hegemónicas a las que acogernos, mecanismo que, como hemos visto, está en la base de los buddy films. Finalmente hay entre estas dos historias un punto que considero esencial: la construcción de la violencia machista como un espectáculo colectivo bautizada por los manifestantes y por la prensa americana como rape crew o “camarilla violadora” y que en su calidad de acusación colectiva creo que es una buena reflexión final. La violencia machista gratuita de Incom­patibles, así como los actos de Steubenville banalizados en la red, nos convierten a cada una de nosotras, espectadoras, en colaboradoras silenciosas. Ante la violencia machista como recurso cómico tenemos que levantarnos del cine y hablar.

Perdiendo la cabeza en la comedia

A principios de este marzo se estrenó en Estados Unidos la película 21 & over en la que se relata como una pareja de universitarios blancos sacan la noche de su veintiún cumpleaños a un compañero de ascendencia china, un formal estudiante interpretado por Justin Chon, en una celebración de su mayoría de edad que acaba en una noche de vejaciones llena de estereotipos raciales, sexuales (las escenas de fraternidades femeninas) y chistes homófobos. Próximamente en sus pantallas.

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