Incorrección política y el pretexto neoliberal

¿El humor no tiene ideología y todo vale en él? ¿O preferimos no abordar sus consecuencias?

, Madrid
23/08/13 · 7:51
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A pesar de que su definición puede parecer sencilla, el concepto de lo políticamente incorrecto se vuelve escurridizo en cuanto entramos a analizarlo en profundidad. Al fin y al cabo, ¿hay algo más subjetivo que la posible ofensa a sensibilidades de distinta condición? Lo que para unos es inofensivo, para otros puede resultar de lo más incómodo e insultante. Entonces, ¿cómo reflexionar al respecto si además, como mujer, perteneces a una de las partes afectadas? Y ya rizando el rizo, si a esta compleja ecuación le añadimos el inevitable factor ironía, cualquier posible discurso derivado de un chiste se vuelve interpretable y su análisis casi inabarcable. Por eso, al teorizar sobre el humor políticamente incorrecto, nos movemos entre aguas pantanosas y traicioneras.

Esta sensación de absoluto relativismo puede llevarnos a creer que, si todo está sujeto a infinitas interpretaciones, asignar un significado a cualquier texto es tarea imposible. Pero no nos desanimemos tan pronto, pues si algo aprendimos de los semióticos es que todo producto cultural tiene un significado. Ante la duda, recurramos a Roland Barthes como argumento de autoridad: si él fue capaz de hacer un lucidísimo análisis político del entrecot con patatas fritas, ¿cómo negar las tensiones ideológicas y culturales que subyacen en cualquier comedia? Sin embargo, el relativismo cala hondo, y se vuelve aún más conflictivo cuando lo aplicamos al análisis del humor. Así, el verdadero discurso de cierta incorrección política consigue colarse en nuestras cabezas con una apariencia transgresora, manteniendo intacto su discurso conservador.

La clave del engaño reside en la aparente ausencia de perspectiva política a la hora de hacer comedia. Al renunciar a la reflexión ideológica, nos quedamos sólo con la carcasa grotesca del humor, que lejos de funcionar como ironía, ofrece una lectura literal de su ‘mensaje’. La provocación plantea escándalo, mientras que la trasgresión implica además, desafío a lo establecido.Esta confusión de significados resulta muy beneficiosa para los interesados en divulgar los discursos más reaccionarios. Por eso es tan importante entender que provocación no es sinónimo de transgresión. La provocación plantea escándalo, mientras que la trasgresión implica además, desafío a lo establecido. En definitiva, las transgresiones suelen ser provocadoras, aunque no toda provocación es necesariamente transgresora.  

Divertirse a costa del débil

Para simplificar este trabalenguas, supongamos que podemos viajar en el tiempo y volvemos al patio del colegio, donde un niño está siendo insultado. En este punto, todos coincidimos en valorar el gesto como una provocación. Sin embargo, aún nos falta información para calibrar el peso de los insultos: primero, quién los emite, y segundo, a quién van dirigidos. Por mucho que intentemos ironizar, el chiste de quien abusa de su poder para divertirse a costa del débil nunca tendrá el mismo valor que aquel que es capaz de ponerse en peligro para desafiar al opresor y de paso, echarse unas risas. Probablemente ambos se sientan provocados y ofendidos, pero uno de los casos tendrá un valor transgresor y el otro no.

El caso del humor funciona de forma muy similar, pues no tiene el mismo valor ni significado reírse a costa de una mujer por ser violada que hacerlo sobre un cura por ser pederasta. Ambos serían chistes políticamente incorrectos, pero ofenden a colectivos bien distintos. El miope desprecio a estos matices deriva en funestas consecuencias, pues conlleva que cualquier cuestionamiento del chiste sea percibido (y ferozmente denunciado) como un intento de censura.

El truco final de este tipo de ‘ironías’ reside en los distintos niveles de lectura. El salvavidas del sarcasmo consigue apaciguar al público medianamente suspicaz, sin necesidad de incomodar al sector más conservador. Así es como se fabrica el perfecto humor neoliberal, que a las mujeres nos afecta especialmente por ser uno de los blancos favoritos de esta ironía con raíces heteropatriarcales. A nuestra costa, consiguen máximos beneficios asumiendo el mínimo riesgo. En definitiva, el humor reaccionario en apariencia apolítico y vacío de significados, vuelve a ganarnos la partida en determinadas formas de incorrección política.

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comentarios

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    Samantha
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    08/02/2015 - 5:32pm
    &quot;<span style="color: rgb(60, 61, 60); font-family: Georgia, Times, 'Times New Roman', serif; font-size: 16px; line-height: 22px;">Por mucho que intentemos ironizar, el chiste de quien abusa de su poder para divertirse a costa del débil nunca tendrá el mismo valor que aquel que es capaz de ponerse en peligro para desafiar al opresor y de paso, echarse unas risas. Probablemente ambos se sientan provocados y ofendidos, pero uno de los casos tendrá un valor transgresor y el otro no.&quot;</span> El uno puede tener un valor transgresor y el otro no... pero y? simplemente eso justifica la censura del segundo? Soy mujer y creo que antes de intentar callarle la boca al humor chabacano, le podemos sacar la vuelta y reírnos del que hace malos chistes, no? el humor se combate con humor, no con censura.
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    Johnny
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    06/09/2013 - 1:08pm
    Daos un paseo por Twitter:&nbsp;veréis cantidad de feministas bromeando no sólo con curas pederastas, sino también con el sida, el holocausto, las deficiencias físicas y mentales o con ETA y sus víctimas. Eso sí, bromas de violaciones ninguna.&nbsp; &nbsp; Vamos, que cada uno a defender su chiringuito.&nbsp;
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    Robbie Robertson
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    26/08/2013 - 8:28pm
    No tiene el mismo valor ni significado reírse a costa de una mujer por ser violada que hacerlo sobre un cura por ser pederasta, por supuesto. Creo que todos entendemos la diferencia entre hacer chistes sobre agresores y agredidos, gracias, &iquest;pero y si el cura no es pederasta y aun así nos reímos de él por el mismo motivo? &iquest;No estaría el comediante no sólo haciendo leña del árbol caído, sino talándolo&nbsp;él mismo para hacerse después una buena fogata?&nbsp; Por supuesto no se me escapa que, comparado con el daño que ocasiona una violación, una difamación pública no deja de ser una falta menor, pero si lo que pretende la articulista es justificar cualquier clase de humor siempre que ataque al enemigo y prohibirlo bajo pena de perder el carnet del partido si su objetivo es uno de los nuestros creo que se equivoca de punto a punto.&nbsp; O tal vez el equivocado sea yo y este artículo no verse en realidad sobre teoría de la comedia, sino sobre ellos y nosotros una vez más. De ser así, mis felicitaciones a la autora por tratar de lavarnos el cerebro de una forma tan sutil.&nbsp;
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    Peter
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    23/08/2013 - 12:35pm
    Creo que también existe otro juego del lenguaje detrás del uso del propio concepto &quot;corrección política&quot;. Aparte de lo que señaláis, que es un término escurridizo, el problema es que en&nbsp;la mayoría de casos, tanto los que&nbsp;desean&nbsp;provocar, como los que desean ser correctos,&nbsp;la emplean como corsé incómodo. Como si la vida pública les obligara, como individuos, a cortarse la&nbsp;lengua. Lo que está ocultando es en realidad&nbsp;cinismo puro y&nbsp;duro por ambas partes. El&nbsp;que desea provocar se mea en las &quot;minorías&quot; a las que supuestamente protege ese corsé, mientras que el que&nbsp;desea ser correcto no las respeta en su fuero interno pero hace esfuerzos por no ser cazado en un renuncio. Por ello,&nbsp;nunca utilizo ese término, me parece contaminado, no me sirve, y empleo&nbsp;simple y llanamente la palabra &quot;respeto&quot;.&nbsp;Y en situación de hacer burla del agresor, por ejemplo, el cura pederasta, esa persona dentro de mis coordenadas lingüísticas ha perdido&nbsp;mi &quot;respeto&quot;.&nbsp; Es una cuestión similar a la crítica que hace Zizek de la palabra &quot;tolerancia&quot;.&nbsp;&quot;Eres negro, pero te tolero&quot;. Parte de una falsa imagen de convivencia: está marcando&nbsp;que aunque eres &quot;el otro&quot; te dejo vivir a mí&nbsp;lado. Si de verdad existiera igualdad, no se &quot;toleraría&quot; al otro, sencillamente seríamos iguales por lo que no habría &quot;tolerancia&quot; alguna. Uno&nbsp;&quot;tolera&quot; un&nbsp;ruido o un dolor, pero no &quot;tolera&quot; al moro o al cojo, porque entonces los está considerando un estorbo. La tolerancia es el imperio del cinismo.&nbsp; &nbsp;
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