
La mayoría de los colegios, privados o privados-concertados, no pertenecen a los propios movimientos, sino que están creados por sus miembros o por personas muy próximas a ellos. Estos centros poseen gran prestigio por su imagen elitista. Sin embargo, muchas de las familias que matriculan a sus hijos por cuestiones de estatus social no comulgan con su ideario, lo cual produce encontronazos entre padres y miembros de las organizaciones apostólicas. Incluso se aceptan a miembros que poseen creencias opuestas. Como relata A. G. S., una antigua estudiante de un centro del Opus, “una niña budista china fue admitida gracias a la gran donación que realizó su familia”.
Casi la totalidad de estos centros establece la discriminación de sexos como uno de sus principios más notorios, si bien se permiten en educación infantil. El movimiento Schoenstatt lo justifica por “el diferente desarrollo de su personalidad, los tiempos de madurez propios de cada sexo y los estilos cognitivos que les caracterizan”. Esta situación ha sido denunciada judicialmente en varias ocasiones. CC OO del País Valencià en 1998 recurrió ante la Audiencia Nacional por considerar que en dichos centros “se producen discriminaciones de sexo y religión que van en contra de los derechos constitucionales, por lo que no es lícito que reciban subvenciones públicas”. Pero la Audiencia denegó el recurso, ya que, según explica Ferrán García, de CC OO, “deben ser los propios padres los que lo denuncien”.
Otra situación parecida se produjo ese mismo año en Asturias. Allí UGT recurrió la orden ministerial por la que se renovaba el concierto a los colegios Los Robles, que sólo admite a niños, Penaubiña y Valmayor, exclusivo para niñas. Igualmente, la denuncia no prosperó. Además de la segregación, la sexualidad es otra de las preocupaciones permanentes. El castigo y la prohibición son la forma más habitual de tratar el sexo. Un ejemplo de ello es la expulsión de una compañera de A. G. S. por quedarse embarazada fuera del matrimonio. Jesús, que prefiere no revelar su verdadero nombre, fue numerario de La Obra. Hoy, después de 25 años como profesor, critica el alarmismo sobre las relaciones sexuales. “Las doctrinas sobre sexualidad se explican cada vez antes, pues a los mayores ya no les pueden influir tan fácilmente”.
El sistema de admisión, lejos de ser un simple trámite burocrático como en el resto de colegios, impone determinadas condiciones: entrevista personal en la que se evalúa la adecuación de la nueva familia al ideario del centro, así como la recomendación por parte de familias que ya pertenecen al colegio. Otros condicionantes dificultan el acceso de las personas con menos recursos a estos colegios, muchas veces subvencionados con fondos públicos. Entre ellas hay que citar el establecimiento de diferentes gastos a lo largo del curso en concepto de cuotas mensuales, actividades extraescolares, uniformes obligatorios, o la donación al centro de una determinada cifra económica para la admisión.
Diferentes escándalos han saltado a la opinión pública sobre las donaciones que se deben realizar a dichos centros. Tras su inauguración, por ejemplo, el colegio J. H. Newman fue acusado de pedir 5.000 euros por alumno. E incluso hoy en su propia web realiza una “invitación a colaborar en el proyecto”. Según explica Jesús, en los centros que trabajó las donaciones rondaban los 1.200 euros. Éstas, además, no se limitan al momento de la inscripción, sino que pueden pedirse en diferentes momentos durante la estancia en el centro. Y en numerosas ocasiones, como si se tratase de una extorsión, se persigue a los padres solicitando una contribución para la mejora del colegio en el que sus hijos estudian.
La Obra de Dios
El Opus Dei se ha convertido en el movimiento con mayor presencia en el Estado. En conjunto cuenta con cerca de un centenar de centros. Sus instituciones se dividen en dos clases: las obras corportativas y las labores personales. Las primeras pertenecen al propio Opus. Y en ellas todo es controlado por La Obra, como ocurre con el Colegio Gaztelueta (Leioa, Vizcaya) o el Guadalaviar (Valencia). Por su parte, las labores personales son centros que dirigen personas relacionadas con el Opus, en los que la prelatura se encarga de la ‘dirección espiritual’. Aún así, el control sobre estos colegios es muy parecido al que se efectúa en las obras corporativas. El mayor ejemplo es el Grupo Educativo Fomento, que inició su aventura educativa en 1963. Actualmente posee más de 35 centros repartidos en 11 Comunidades, e incluso posee el Centro Universitario Villanueva. A todo ello, dentro de esas labores personales hay que incluir otros grupos empresariales, como Attendis, con 19 colegios repartidos entre Andalucía y Extremadura; o como La Institució Familiar d’Educació, poseedora de 11 centros en Cataluña. Por último, el Grupo Educativo Coas controla cinco centros de primaria y otros tantos de educación infantil en Vizcaya, Guipuzcoa y La Rioja. Legionarios de Cristo Algo menor es la influencia de los Legionarios de Cristo. En la actualidad su implantación se concentra en algunas capitales: Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia. No obstante, se encuentran en expansión.
El curso pasado adquirían el colegio Virgen del Bosque (Villanueva de la Cañada, Madrid), a lo que se suma el intento de construir otro colegio en Marratxi (Mallorca), cuyo permiso ha sido denegado por el Parlamento de las Islas Baleares ante su falta de interés social. En este tiempo, han contado con poderosos aliados empresariales. El presidente de Iberdrola, Iñigo de Oriol, fue uno de sus máximos apoyos. De hecho, su familia se encuentra íntimamente vinculada con los legionarios. Santiago Oriol, su primo, ha llegado a dirigir el Everest, otro de los colegios del movimiento. La red se extiende hasta actividades de ocio. Juvenalia, uno de los certámenes juveniles más importantes, financiado por la Comunidad de Madrid, ha sido organizado los últimos años por una asociación ligada a los Legionarios.
Otros ‘lobbys’
El entramado de los demás grupos de presión ultracatólicos resulta más complejo. La relación entre los colegios y el lobby muchas veces ni siquiera se llega a reconocer. Así, cuesta seguirles la pista. A Comunión y Liberación, por ejemplo, se le relaciona con dos colegios. Uno de ellos, el J. H. Newman, está relacionado con la Fundación Pablo VI, vinculada por su parte con la sede madrileña de la Universidad Pontificia de Salamanca. Ambos promueven a su vez la Fundación Internacional de la Educación, que acabaría entrando así en la órbita de Comunión y Liberación. En los últimos años crece la implantación de otros grupos. Schoenstatt, con presencia en todo el mundo, gana espacio en Madrid, haciéndose con el centro Nuestra Señora de Schoenstatt y construyendo el Monte Tabor. Y Camino Neocatecumenal, si bien no cuenta con ningún colegio, ha logrado una fuerte implantación en barrios y zonas marginales.