La dependencia informativa de la izquierda española de El País y el grupo que encabeza es una vieja y grave enfermedad. La “legitimidad de origen” con que nació el periódico, como una isla progresista rodeada de la prensa contaminada por el Franquismo, se fue diluyendo por la acción conjunta del peso creciente en la línea editorial de los negocios del grupo y por la degeneración de su referente y cómplice político: el PSOE de Felipe González. Las raíces del editorial-basura sobre el ‘Che’ vienen de lejos: del apoyo al ‘sí’ en el referéndum sobre la OTAN de 1986, por ejemplo; o, mirando más cerca, de la desinformación permanente sobre Venezuela, Bolivia o Ecuador. Así, la relación entre el contenido del periódico y su slogan: “Querer comprender”, es la definición misma de oxímoron. Pero, aún siendo conscientes y padeciendo cada día todo esto, somos muchos los que a diario seguimos comprando el periódico y leyendo El País contra El País.
En esta larga etapa, hubo un sólo proyecto esperanzador en la prensa diaria para romper esa dependencia y conquistar la autonomía informativa de la izquierda respecto al sistema, que es una condición para el desarrollo de una opinión crítica y unos movimientos sociales y políticos que merezcan llamarse alternativos: fue Liberación, que luchó cinco meses por su supervivencia, entre noviembre de 1984 y marzo de 1985. En su editorial de despedida decían: “Hemos entrado en las arenas movedizas del mundo empresarial periodístico sin haber asido fieramente las riendas de un carro con los que nosotros -simples administradores, redactores, teclistas, montadores- siempre nos habíamos movido. Y hemos pagado caro el error”.
“Punto y seguido”
El editorial se llamó: “Punto y seguido”.
Después de 22 años, cuando
se empezó a comentar el proyecto
de Público, pudo pensarse o si se
quiere tener la ilusión de que, por
fin, iba a reanudarse el hilo de la
prensa diaria de izquierda.
Por supuesto, son otros tiempos.
El espacio social y político que hizo
posible, precariamente,
Liberación no existe ya. Ahora
esas “arenas movedizas del mundo
empresarial periodístico” apenas
dejan resquicios de acceso a
los kioscos de prensa. Pero hoy es
aún más fuerte la necesidad de un
diario que pueda liberar de la dependencia
de El País a un sector de
lectores hartos de la cínica post izquierda
que adoctrina desde el
“diario de referencia” y pueda también
ganarse a quienes se conforman
con la micro, cuando no pseudoinformación
de la prensa gratuita.
La definición coloquial que precedió
a la salida de Público era, a la
vez, expectante e inquietante. Se
anunciaba un periódico “a la izquierda
de El País y próximo a Zapatero”.
Un espacio demasiado estrecho,
demasiado confuso y demasiado
contradictorio (entre
otras razones, porque, en muchas
cuestiones importantes, Zapatero
no está “a la izquierda de El País”).
Ha pasado más o menos un mes y, a mi parecer, se han confirmado las expectativas y las inquietudes. Encontramos firmas, informes y puntos de vista valiosos que antes sólo nos llegaban por internet; encontramos también tratamientos de algunos temas imprescindibles (el ‘conflicto vasco’, la Unión Europea, la política económica y social del Gobierno...) más próximos a Zapatero que a “la izquierda”. Pero por fin se ha abierto una brecha en los kioscos y los lectores podemos, quizás, ayudar a ensancharla, “abajo y a la izquierda”. Si así fuera, se ampliaría también el espacio de toda la prensa alternativa.