De los 52,5 millones de turistas extranjeros que llegan al Estado español anualmente, unos 40 millones vienen del centro y norte de Europa atraídos por el buen clima. En general, las actividades y modalidades turísticas que generan mayores flujos humanos y económicos son aquellos que dependen de las condiciones atmosféricas, básicamente el turismo de sol y playa y el de nieve. Con el aumento de intensidad del Cambio Climático se prevé una reducción de precipitaciones, una mayor variabilidad de su intensidad durante el año, una tendencia al alza de las temperaturas y también de los sucesos climáticos extremos. Sumándole a esto la crecida del nivel del mar debido a la fusión de los casquetes polares, es fácil prever conflictos regionales por recursos como el agua, un cambio importante de los destinos turísticos dentro y fuera del Estado, así como de la estacionalidad de las vacaciones, de su duración y de los medios de transporte para moverse, ya que se espera un menor uso del avión por su alta contaminación atmosférica. Está por ver si la adaptación de agentes turísticos, políticas públicas y leyes a la nueva situación se realiza en base a un desarrollo socioeconómico y ambientalmente sostenible o si continúa primando la rentabilidad económica a costa de los recursos naturales.
Turismo de sol y playa
Aunque el sector turístico
está viviendo un
proceso de diversificación,
en el Estado
español todavía predomina,
con diferencia,
el turismo de sol y
playa, el que se concentra
en las regiones
mediterráneas durante
los meses de verano.
El que viene desarrollándose
desde el
boom de los años ‘60
con un uso desordenado
y desmesurado
de los recursos naturales.
Su mayor impacto
y el más directo es,
sin duda, la construcción
masiva de
infraestructuras turísticas.
De éste se derivan los demás: especulación del suelo, escasez y empeoramiento de la calidad del agua, competencia con otros sectores económicos, destrucción de hábitats y pérdida de biodiversidad, aumento de residuos que supera a la capacidad de gestionarlos, aumento de la contaminación atmosférica y acústica debido a la acumulación de automóviles y el deterioro del paisaje por la cantidad de infraestructuras en contraste con el entorno.