
DIAGONAL: ¿Cómo ha ido este primer año de La Directa?
LA DIRECTA: El proyecto va realmente bien. Al principio, mientras hacíamos las presentaciones y dábamos charlas sobre el periódico, sentíamos cierta frialdad. Quizás porque, en cierta manera, los colectivos en general y otros medios de contrainformación no sabían qué íbamos a hacer. Pero ahora los apoyos van creciendo y la respuesta es muy buena. Falta consolidación del proyecto, pero se va consiguiendo poco a poco. Se siguen haciendo charlas, pero ahora, en vez de proponerlas desde la redacción, asistimos a aquéllas a las que nos invitan. Todas las fuerzas se emplean en sacar la edición.
D.: ¿Cómo van las suscripciones?
L.D.: Nuestro objetivo eran 1.500 y andaremos por la mitad más o menos. Nuestro objetivo es doblarlas antes de fin de año. Van creciendo. Y a buen ritmo. Pero de un modo más lento de como pensábamos.
D.: ¿Y la distribución? ¿Habéis contemplado ir a los quioscos?
L.D.: Hemos cambiado el sistema de distribución un par de veces. Hay una persona responsable de este área y, luego, nos repartimos una serie de puntos que asume cada uno. Es un trabajo adicional que, como imaginaréis, es exagerado. Lo de los quioscos, aunque es una idea de algo que haremos en el futuro, de momento lo vemos bastante inviable. En Barcelona distribuimos en algunos, pero a título casi personal. El resto de la distribución se hace a librerías, centros sociales... en general a toda una red de espacios alternativos con proyectos muy sólidos. Habrá unos 70 puntos de distribución en Barcelona y quizás unos 50 en provincias.
D.: ¿Cómo es la relación con otros medios de contrainformación?
L.D.: Muy buena. Había varias publicaciones en Barcelona y ya digo que al principio había un poco de precaución sobre qué íbamos a hacer; por si el proyecto se parecía demasiado a otros y no aportaba nada. Ahora está claro que somos diferentes y que no pretendíamos erigirnos representantes de nada. La colaboración es por tanto fluida, muy buena con medios tanto de aquí (Burxa, Massala, etc.) como con Diagonal, Berria y medios de América Latina.
D.: ¿Y cómo os ven los movimientos sociales? L.D.: Nos ven como una herramienta útil. Nos hemos dado cuenta de que La Directa es algo necesario. Tenemos muchas colaboraciones y algunos grupos de apoyo se han convertido en auténticas corresponsalías.
D.: ¿Cómo os organizáis?
L.D.: Tenemos dos reuniones de contenidos, dos asambleas a decir verdad, cada semana. Lo cual es mucho esfuerzo para un montón de gente que no vive en Barcelona. Muchas veces el peso de la organización cae en la lista de correo que, en nuestro caso, sí vemos útil. Y no es que no tenga sus problemas esto de internet: malos entendidos que se tratan de arreglar con un poco de sentido común y confianza en la gente que la gestiona. Habrá 100 personas en la lista y unas 20 o 30 muy activas. Si el tema de debate es interesante, la participación se dispara. ¿Cómo revierten luego esos debates en los contenidos? Bueno, confianza, ya digo. Hay un núcleo ‘duro’ de gente que nos conocemos de mucho tiempo, de otros proyectos y, en general, la gente aunque no comparta plenamente las informaciones sí sabe que hay unos consensos, unos acuerdos, una determinada manera de contar las cosas... También hemos tenido dos asambleas generales que han resultado muy positivas. La gente está, si cabe, más entusiasmada que nunca.
D.: Por último, comentáis que llegáis a los movimientos sociales, ¿y más allá de éstos?
L.D.: Eso es difícil de saber. Es difícil hacer un periódico por suscripciones en un entorno que no está acostumbrado a eso. Creo que ha llegado, por muchos motivos, a los militantes activos y, también, digámoslo así, a una segunda línea de militancia, quizá algo más mayor, más alejada de la ‘acción’, pero que pide una información que tampoco los medios convencionales le ofrece. Desde luego, masivamente, no. Aunque un par de veces sí se ha tenido una repercusión mediática importante- sobre todo con las declaraciones de Oleguer- que, además de propaganda, también contribuye a ‘normalizar’ el medio.