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Para quienes acudan a las urnas, elegir una papeleta entre las diferentes montañas que se amontonan en las mesas del colegio electoral puede deparar más de una sorpresa el próximo 27 de mayo. Junto a los votos del PSOE, el PP y los partidos tradicionales, será posible encontrarse con los nombres del Partido Salvemos Telemadrid, el del ya célebre Partido del Cannabis, el satírico ‘Partido del Karma Democrático’ o nombres ilustrativos como el Partido de Trabajadores en Precario.
La irrupción de estos ‘otros partidos’ coincide con un momento de fuerte desconfianza hacia la política formal. Los partidos políticos llevan años en la lista de instituciones peor valoradas. Los líderes de PP, PSOE o IU no llegan al aprobado en las valoraciones de los ciudadanos. Y la desconexión con la vida parlamentaria quedó de manifiesto con la alta abstención en el referéndum sobre el Estatuto o la Constitución Europea. Esta aparición de formaciones heterodoxas o alejadas de los normas clásicas del juego electoral está lejos de ser nueva. Las formas de manifestar el hartazgo hacia la clase política cuentan con una larga tradición. De hecho, el debate entre abstencionismo y participación nace poco después del sistema parlamentario. Las formaciones burlescas, con todo, son algo más reciente.
El colectivo Ladinamo, que cuenta también con un programa electoral propio, ha hecho un repaso histórico de algunas de estas iniciativas. Recientemente, en su revista se recordaba cómo “durante los años ‘80, los movimientos sociales más radicales de nuestro país, ligados a la okupación de casas y a la insumisión al servicio militar y a la Prestación Sustitutoria promovieron diferentes candidaturas electorales claramente paródicas”. Se trataba de campañas protagonizadas por “candidatos improbables” extráidos del imaginario popular de la época (Ángela Chaning, protagonista de Falcon Crest, se propuso para presidenta del Gobierno ; mientras Copito de Nieve aspiraba a alcalde de Barcelona).
“Pero la candidatura que gozó de mayor credibilidad por aquel tiempo fue la de Nadie”, añade Ladinamo, “fruto de las mentes calenturientas de los afiliados al Partido de la Gente del Bar (PGB). Muchos barrios de nuestro país se llenaron de carteles electorales en los que se nos invitaba directamente a votar a Nadie, asegurándonos que Nadie iba a resolver el problema del paro, Nadie iba a darnos vivienda, Nadie iba a bajar los impuestos o Nadie iba a mejorar la sanidad y la educación”.
Otras realidades, otras ideas
Por encima de episodios aislados,
las candidaturas poco corrientes
se han multiplicado a lo largo de
los últimos años. Un motivo se encuentra
en los cambios sociales.
Nuevas situaciones, desde la inmigración
y los derechos de ciudadanos
extranjeros hasta la extensión
de las nuevas tecnologías, que apenas
se reflejan en los programas
electorales. Y otro tanto, en el plano
local, sucede con la aparición
de reivindicaciones populares que
los partidos clásicos no recogen.
Todo ello ha originado un florecimiento de formaciones que, bajo el común denominador de “no sentirse representados”, llenan una larga lista. Un vistazo al registro de partidos del Ministerio del Interior lleva a toparse, por ejemplo, con nombres como Los Parados, Apolíticos Parroquias Galegas (PGA), Trabajadores y Trabajadoras Públicos de Cataluña Rebotados, Partido Fundamentalista Ácrata Valencianista Autónomo (FAVA), Partido del Bien (PBE), Muerte Al Sistema (MAS), Opción Libre e Independiente de Vecinos Olvidados (OLIVO), Ciudadanos Agobiados y Cabreados (CAC) o el Partido Pirata.
Entre las propuestas heterodoxas existe una enorme variedad. Algunos huyen de la etiqueta de ‘raros’ y defienden con firmeza sus convicciones. Es el caso del partido Inmigrantes con Derechos de Igualdad y Obligaciones (Indio) o el Partido de los Ciudadanos Diversos. Reivindican algo tan básico como el voto para inmigrantes y el mismo trato.
En el extremo opuesto, las formaciones bufas se constituyen con frecuencia como crítica satírica al sistema representativo. Así lleva años haciéndolo el Partido del Karma Democrático, para quienes la mejor manera de ridiculizar a los partidos era crear un partido surrealista. No obstante, la finalidad de un gran número de estas formaciones consiste en dar mayor visibilidad a protestas puntuales, para lo que luego no descartan integrarse en otras fuerzas políticas. ‘Salvemos Telemadrid’ es el ejemplo más reciente. La iniciativa apareció de un grupo de trabajadores para poner de manifiesto la manipulación de la cadena autonómica.
Una estrategia similar a la aplicada por sectores del movimiento cannabico a través del Partido Cannabico por la Legalización y la Normalización, (PCLYN), formación nacida en 2003 que, tras alcanzar cierto éxito, empezó a vivir una serie de peleas internas, abandonos al estilo de los partidos clásicos. Ahora, el Partido Ecologista del Cannabis intentará mantener como mínimo unos buenos resultados.
La importancia de estas listas, sin embargo, comienza a ir más allá de lo anecdótico. Cabe recordar que el Partido del Cannabis obtuvo 16.918 votos en las generales de 2004 ; y que meses más tarde su electorado alcanzó 54.460 en las europeas, convirtiéndose en la octava fuerza política. Y Ciudadanos en Blanco (que aboga por dejar vacías sus sillas), arañó un puesto en Menorca en 2004. Está por ver si alguna candidatura heterodoxa no da la sorpresa el 27 de mayo.
Boletín radiofónico Diagonal Periódico, número 80
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