En los últimos meses hemos oído que es necesario crear “campeones españoles en el sector energético”. No obstante, existe un sector en el que ya tenemos auténticos campeones internacionales, la pesca. Hoy en día Pescanova destaca a escala global. A partir de los años ‘70, gracias a sus barcos congeladores, este grupo expandió su capacidad de captura a zonas donde nunca antes había llegado la pesca industrial.
Así, colaboró destacadamente en la sobreexplotación de zonas pesqueras donde no existía legislación adecuada (como, por ejemplo, en Chile o Argentina), facilitando el colapso de algunas pesquerías donde actuaba. En las últimas décadas ha utilizado su volumen para que las nuevas legislaciones favorecieran sus intereses (acumulando derechos de pesca sobre cantidades ingentes de pesca y dejando a miles de pequeños y medianos pescadores prácticamente sin derechos de captura). Últimamente ha potenciado sus actividades en el ámbito de la acuicultura, aunque este crecimiento también haya tenido graves perdedores, como son en muchas ocasiones parte de las poblaciones costeras, así como un sector de la fuerza laboral que trabaja en condiciones deleznables.
Existen otros actores españoles, más pequeños, que destacan en el ámbito global. Antonio Vidal Pego es conocido por ser uno de los máximos exponentes en la pesca ilegal de bacalao de profundidad, y está actualmente en juicio en EE UU. Otros actores como su hijo Toño, que controla Navalmar, S.A.; o ciudadanos españoles como Florindo González Corral y Florindo González Otero, operadores de Pesca Cisne, S.A. y Arcosmar, S.A. han sido relacionados por diversas ONG con la pesca ilegal. La lista de nuestros “campeones” nacionales en este ámbito es también demasiado larga por desgracia.