
Quien conozca el nombre de Kiko Amat sabrá que, como buen autodidacta, él es experto en las materias más inverosímiles del saber popular. Esta obsesión pop se convierte en una de las mejores bazas de su segunda novela: Amat renuncia a corsés académicos y teje un relato ágil, trepidante, sin demoras ni concesiones. De esta manera, Cosas que hacen BUM se integra dentro de un género que podría titularse como “gente que no encaja” y que tan buenos ratos nos ha regalado, desde Céline a Casavella.
El libro narra las peripecias de Pànic Orfilia, en su intento de encontrar su lugar en el mundo. Marginado por obligación y por vocación, el relato expone la educación intelectual y sentimental de un outsider simpático que, además, está hecho un lío. Porque, en efecto, el humor es uno de los mayores aciertos de Kiko Amat a la hora de tramar su aventura. El protagonista es un rebelde con el viento de cara, pero con la virtud de no tomarse muy en serio. En su devenir Pànic flirtea con el surrealismo, el satanismo, el anarquismo, el situacionismo y todos los ‘ismos’ habidos, pero, siempre que el texto amenaza con introducirse en aguas procelosas, una corriente de humor evita el naufragio del tedio. Y su desenlace alimentará más discusiones de barra que la Vespa despeñada de Quadrophenia.