
El grupo de Entrevías de la Coordinadora de Barrios es un referente en la lucha contra la exclusión social. Fuertemente vinculado a la parroquia como espacio de trabajo y reunión, llevan más de 30 años combatiendo para dar respuesta a las reivindicaciones vecinales en materia de infraestructuras y servicios sociales en una zona marcada por la pobreza y la marginación. De su actividad han surgido grupos como Traperos de Emaús, que desde 1984 funciona como taller ocupacional, financiándose a través de la recuperación y venta de muebles, y por donde ya han pasado más de 400 personas en busca de alternativas sociales y laborales al margen de la delincuencia y la droga (www.traperosmadrid.org).
ESCUELA SOBRE MARGINACIÓN
Nace en 1978 con el fin de
crear un espacio de
encuentro y formación para
educadores, psicólogos y
todas aquellas personas
que trabajen o colaboren
con colectivos marginados
o en riesgo de exclusión
social. Su objetivo principal
es, desde la experiencia,
dotar de herramientas para
abordar los problemas de
la marginación y buscar
soluciones pedagógicas
apropiadas y coherentes al
entorno social y cultural en
que viven muchos niños y
jóvenes. Desde hace más
de tres años sus actividades
se realizan en un local
cedido por la parroquia.
MADRES CONTRA LA DROGA
A mediados de los
años ‘80 se comienza
a crear el grupo
en torno a la parroquia,
donde desde
un principio los chavales
con problemas
de droga, así como
sus familiares,
encontraron un fuerte
apoyo y un lugar
donde trabajar para
superar sus problemas.
En 1990, el
grupo formado principalmente
por las
madres se establece
como asociación con
el objetivo de
“denunciar, presionar
y exigir” ante un
sistema que tan sólo
ofrece soluciones de
tipo penal, luchando
por superar las trabas
legales, denunciando
casos de
corrupción y maltrato
a presos, así como
trabajando fuertemente
en la reinserción.
“Si nos cierran
la parroquia seguiremos
haciendo nuestro
trabajo, en los
pisos y en la calle,
pero nos habrán quitado
nuestro espacio
de fe, donde hemos
aprendido a luchar
sin llorar”, dice Sara
Nieto, de Madres
contra la Droga,
que lleva 22 años en
la parroquia.