
Asistimos actualmente a un empobrecimiento rural sin precedentes, agresiones ambientales en aumento, sistemas de producción y comercio de alimentos altamente insostenibles, y a una preocupante concentración de poder corporativo sobre el derecho básico de la alimentación. De todos los eslabones en que se basa la cadena agroalimentaria, resulta especialmente preocupante el creciente poder y condicionamiento que ejercen las grandes empresas de distribución alimentaria (GDA) sobre toda ella, especialmente sobre los productores y los consumidores.
El poder de la gran distribución
Los datos nos indican que cada vez
más, las compras de alimentos por
parte del consumidor final se concentran
y organizan alrededor de la
GDA. La GDA se está convirtiendo
en la única puerta de acceso del consumidor
a los alimentos y en la única
puerta de los productores al consumidor.
En el Estado español el 81%
de la población compra sus alimentos
en la GDA y cinco empresas y dos
centrales de compras controlan el
75% de toda la distribución alimentaria.
En Europa, la cuota de mercado de las diez mayores empresas multinacionales de distribución, se sitúa ahora en más del 45%, más del doble que en 1987. Y se pronostica dentro de 10 o 15 años una concentración del 70-75% de la cuota de mercado. Los grupos empresariales de distribución representan el punto final de la cadena alimentaria, la ventana final y visible para los consumidores. Pero se trata solamente del escaparate final de la cadena alimentaria y, sin duda, la actual “revolución del supermercado” tiene efectos contundentes sobre todos los eslabones de la cadena, desde los productores de estos alimentos, que ven limitada su capacidad de venta (a quién venden y por cuánto), hasta los consumidores que, inmersos en un consumismo basado en unos falsos mitos, actuamos como sujetos de unos modelos alimentarios injustos e insostenibles, para nosotros mismos y para otras regiones, unos modelos que sólo aportan beneficios a estos agentes económicos.
Actualmente la GDA concentra el 60% del valor de beneficio monetario que genera toda la cadena agroalimentaria. Las grandes cadenas de distribución crean una mitología propia para incrementar sus ventas.
Mitos como que estos establecimientos ofrecen alimentos más baratos cuando en realidad, según datos oficiales, en muchos productos de media son mucho más caros que las tiendas tradicionales. Y la GDA es también la responsable de la desaparición de las producciones agrarias familiares. A su vez, cada día, desaparecen 11 tiendas tradicionales. Finalmente, la GDA promueve insistentemente la insostenibilidad ambiental. Tanto en lo referente a los modelos de producción intensivos e industrializados que demanda, como por el tipo y cantidad de alimento ofrecido no respetando los ciclos naturales de los mismos (alimentos de temporada) ni los diferentes costes ecológicos de cada uno de ellos. Su desembarco en los países empobrecidos no hace otra cosa que profundizar en la tremenda crisis rural que azota a estas regiones causando más hambre, pobreza y migración rural-urbana.
De esta preocupación y del trabajo que están llevando a cabo distintas organizaciones que defendemos los modelos basados en la soberanía alimentaria nace la necesidad de denunciar y cambiar esta situación. La campaña ‘Supermercados, no gracias’, ha sido impulsada por Plataforma Rural, pero pretende ser un espacio muy amplio. Tiene una clara vocación local-general, una especie de paraguas general donde se agrupan organizaciones que comparten la preocupación, las estrategias y alternativas.
Se están elaborando materiales de investigación y formación en distintos formatos, se están estableciendo alianzas y redes de trabajo, denuncia, lucha y sensibilización por el Estado español, la creación de una web con material educativo, noticias de actualidad, etc. que sea una buena herramienta de trabajo y difusión, trabajar activamente en las alternativas existentes a los supermercados y dedicar esfuerzo en las que todavía están por concretar.
Ecologistas en Acción
ISIDRO JIMÉNEZ (EEA)
Como parte de la campaña
contra las grandes superficies,
Ecologistas en Acción está trabajando
diferentes líneas a
través de sus grupos en todo
el Estado. Por un lado, la labor
de difusión, a través de un
informe sobre los ocho mitos
básicos a la hora de elegir las
grandes superficies. También
un conjunto de exposiciones
de carteles que abordan de
forma gráfica e imaginativa las
repercusiones sociales y
ambientales de este tipo de
establecimientos. Además, se
organizan proyecciones del
documental de 60 minutos
Gran Superficie, elaborado por
ConsumeHastaMorir, que
hace un recorrido por aspectos
clave del consumo, como
la publicidad, la educación en
valores consumistas o la presión
del canon de belleza. La
campaña llegará a un momento
clave a finales de noviembre
con el evento internacional
del Día Sin Compras.
Campaña ‘No te comas el mundo’
FERRAN GARCÍA
Voy al supermercado y
compro salmón congelado.
En el restaurante
pido pechugas de pollo.
Es San Valentín y regalo
rosas rojas. En la pescadería
compro medio kilo
de gambas. Sin darnos
cuenta, comprando esos
alimentos hemos dado
la vuelta al mundo. Salmones
chilenos, pollos
brasileños, rosas colombianas,
gambas tailandesas...
cada vez con
mayor frecuencia nuestra
cesta alimentaria se
basa en productos de
importación. Pero para
que existan importaciones
necesitamos producciones
para exportación.
Y este hecho, los monocultivos
para exportación
de países empobrecidos
hasta nuestros estómagos,
no es gratuito. Tiene
consecuencias dramáticas
para las sociedades
rurales y el medio
ambiente de todo el planeta.
Literalmente, y cada vez con mas voracidad, nos estamos comiendo el mundo. Ese es el leit motiv de la campaña con el mismo nombre: establecer el enlace entre una soja brasileña y la muerte de decenas de campesinos expropiados de sus tierras, entre un filete de perca y la pobreza más absoluta a las aguas del lago Victoria, en África. Los monocultivos exportadores son una fuente de pobreza, hambre y erosión ambiental. Se nos venden como motor de desarrollo para las regiones pobres cuando en realidad son uno de sus principales problemas. Quien condiciona más intensamente esta orientación son los llamados ‘supermercados’. A la hora de luchar contra este modelo, lo que sobra, lamentablemente, son motivos. Más que Monsantos, Nestlés o Cargills, quien realmente marca el qué se produce, cómo, cuándo, quién, a qué precio y para quién, son los ‘Carrefoures’. El poder corporativo de estas empresas es tan enorme que se han convertido en el principal objetivo de denuncia, crítica y sensibilización de la campaña, así como de buscar y mostrar las alternativas a los mismos.