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ENTREVISTA A ALBERT PLÁ

“Lo divertido es contar el cuento por primera vez”

RAÚL LÓPEZ CAZORLA
Jueves 15 de marzo de 2007. Número 50
Albert Plá es un artista en continuo aprendizaje. Tras discos en catalán, rumbas explosivas y espectáculos teatrales, ahora viaja con ‘El malo de la película’, un disparatado y desconcertante montaje entre imágenes grabadas por Plá y la música de Judit Farrés.
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ESPECULACIÓN. El último espectáculo de Plá trata de un abogado encargado de transformar una zona rural en polígono industrial.

Entrevistador y fotógrafa son citados en el teatro Fernando de Rojas, en el Círculo de Bellas de Madrid, donde actúa Albert Plá con su último espectáculo, El malo de la película. Al fondo hay un tipo vestido con una chaqueta de chándal que ensaya un texto endiabladamente veloz mientras supervisa el sonido y da indicaciones junto con Judit Farrés, la otra mitad de El malo de la película (encargada de la música y de actuar con Plá en la obra). Esta entrevista hay que imaginársela con la voz de Plá, que tiene un timbre apagado y una lentitud mágica a la hora de hablar. Eso, y unos ojos que han visto muchos lados de la vida.

Plá en el tajo

DIAGONAL: El malo de la película lleva ya casi nueve meses de representaciones por España y Latinoamérica. Al igual que con Canciones de amor y droga, has pasado por la actuación y el espectáculo antes que por el disco. ¿Por qué ese proceso inverso?

ALBERT PLÁ: Para mí es el proceso habitual. Mi lugar de trabajo es el escenario. Luego uno puede hacer discos y otros proyectos, que al final siempre pasan por el escenario, donde me siento más cómodo para expresar lo que quiero. Un disco de promoción ayuda a la gira, pero yo prefiero contar las cosas por primera vez... Lo divertido es que la gente vaya a un espectáculo y no sepa de qué le estás hablando, contar el cuento por primera vez... Todo tiene su encanto, pero creo que si tú sales a un escenario es para que la gente vea algo que no ha visto antes...

D.: Quizá también la obra de teatro te ayuda a darle unidad a distintas historias y canciones...

A. P.: Sí. De hecho, en el caso de Canciones de amor y droga y el disco Supone Fonollosa hicimos los discos porque ya estaban preparados y teníamos canciones grabadas, pero para mí lo importante era el espectáculo. Si no hubiera habido actuaciones, no habría hecho los discos. Éstos los haces después, porque tienes unas canciones y las empaquetas... Pero es un proceso muy diferente. En general, siempre que he hecho canciones, las hago pensando cómo las voy a cantar en directo...

D.: ¿Se están acabando los circuitos convencionales para tocar como músico? ¿Has encontrado dificultades?

A. P.: Yo nunca he tenido dificultades. Hombre, si quieres vender cien mil discos, salir en Telecinco, que suenen tus canciones en Los 40 Principales y, además, cantas en catalán, es que eres tonto del culo y estarás siempre enfadado con el mundo. Nosotros desde hace años tenemos nuestro circuito y trabajamos todo lo que queremos. Buscamos muy bien los espacios en los que podemos trabajar, y ya está. No merece la pena meterse en berenjenales, que podrían distorsionar la forma que tienes de expresar tu obra...

D.: ¿Y qué te parece la piratería musical? ¿Te daña como músico? Cuando un artista vive de sus discos y de sus royalties...

A. P.: No, un artista no vive de sus discos ni de sus royalties; los que viven de los discos y de los royalties son las discográficas, que se han apropiado de las canciones de los artistas, tanto que ahora cuando quieres grabar un disco tienes que ceder el 50% de la propiedad intelectual de la canción; cobras un 10% del precio al mayorista y, además, pretenden joderte quedándose un porcentaje de tus conciertos. Así que es normal que haya gente que se lo monte de otra forma... Además, piratería siempre ha habido -yo de pequeño siempre tenía casetes grabadas... Ahora se inventaron lo de la piratería como tapadera de una industria que se cae... Bueno, la verdad es que no se cae: tienen otros objetivos. Yo, por ejemplo, trabajo para Sony-BMG. Y Sony vende reproductores de discos pirata... Estás en el departamento musical, por ejemplo, hablando de la piratería y de la industria musical, y en el despacho de al lado hay un tío que está facturando por todos los reproductores y los discos piratas... Además, creo que las casas de discos nos tendrían que indemnizar a los músicos. Es decir, si tengo una exclusiva con una discográfica que no me permite trabajar con músicos de otras discográficas, entonces yo también tengo la exclusiva de que sólo ellos venden el disco, y si se vende pirata, ese contrato de exclusividad se ha roto. La culpa es de ellos porque no nos están defendiendo. Y si, además, pone Sony en los discos pirata, que den gracias de que no los denuncio...

D.: Lo peor de todo es que se intente criminalizar al espectador o al oyente por querer escuchar o ver cultura, que sea considerado un acto delictivo el querer consumir cultura sin pagar...

A. P.: Creo que nosotros vamos a América gracias a Internet. La gente sabe quién eres porque te han pirateado discos... Sales con tu disco nuevo y al día siguiente en Internet ya está pirateado. Con portada y todo. La gente no compra mis discos y, yo qué sé, ¿qué importa eso? Han comprado mis canciones. Si les gusta, ya se comprarán un disco el día que se enamoren. Y si no, pues no.

D.: ¿Entonces crees que Internet va a transformar la industria musical?

A. P.: No sé, supongo... Yo me bajo todo por Internet.

El malo de la película

D.: En la obra anterior te acercaste a planteamiento sonoros más electrónicos. En esta obra, también, quizá por la influencia de Judit Farrés. ¿Ha sido deliberado?

A. P.: Ha sido accidental. Ha sido, sobre todo, conocer a Judit, que empezó a hacer los arreglos y a través de ella trabajé con pinchas y DJ... La música de El malo de la película la ha hecho ella.

D.: ¿Y el tema de la especulación urbanística?

A. P.: No fue intencionado. Un amigo nos dijo. “Hey, el personaje protagonista podría ser...”. Y de ahí se nos ocurrió. Nada más.

D.: ¿Te ha tocado de cerca vivir o padecer la especulación urbanística?

A. P.: Sí, no cambia mucho. Yo a todo el mundo que le veo con una casa le veo muy contento. No seré yo quien le diga que no se la haga...

D.: ¿Y el coste ecológico de la construcción? Ese debate no se está produciendo...

A. P.: Yo creo que esto son evidencias... Ignoro si esto está como debate, no sé, lo ignoro y me la suda [cara de asombro del entrevistador]. Sobre este tema... Mira, pueden asfaltar todo el planeta. Por mí como si construyen una central nuclear en la Plaza Cataluña....

D.: Vale, de acuerdo. Cambio de tema. En Canciones de amor y droga hay un verso que se me quedó grabado: “Tú qué sabes de mí, ná de ná”. Es lo que hace de alguna forma el espectador con el yonki -siempre que se cree con derecho a juzgarlo, y se compadece de él, aunque no sepa nada de su vida...

A. P.: Es que... Ummm... A todo el mundo le da pena el que es diferente a él. Esto es muy claro, ¿no?

D.: También es una pena que los artistas sean juzgados tan rápido. Como le ha pasado a Robe Iniesta o a ti mismo.

A. P.: Es así, es inevitable. Yo también juzgo a las personas. Veo a un tío en la tele un día y digo “vaya imbécil”. Cuando sales en los medios te expones a esto. Es mejor ni pensarlo...

La cocina de Plá

D.: Otra constante de tu trabajo es el disfraz, o la figura del personaje, que aparece en El malo de la película. Sin embargo, parece que gran parte del público piensa que todo lo que cantas te pertenece personalmente y te identificas con ello, cuando a lo mejor un artista es, de alguna forma, siempre un actor.

A. P.: No lo sé. La verdad es que yo lo que canto me lo tengo que creer. Y lo digo francamente. También digo cosas que no creo, pero no está en mi personaje... No estoy actuando, siento lo que estoy expresando.

D.: Has dicho que no buscas provocar cuando escribes, que de alguna forma no quieres limitarte, ponerte barreras.

A. P.: La verdad es que cuando haces una obra suele empezar porque, simplemente, te sorprende la idea y te hace gracia. Tampoco piensas en lo que quieres buscar... La provocación ni la buscas ni es una herramienta. A mí historias de “chico busca chica” no se me ocurren porque no me motivan. Sin más. A lo mejor se me ocurre “perro quiere perra” y “gato quiere gata”, y a lo mejor ahí me lanzo... Pero se te ocurren las canciones porque te divierten, porque te salen de forma natural, no porque las quieras enseñar a alguien... Es una cosa que no puedes controlar. Y al cabo de un año sale. O de un mes. O no sale nunca.

D.: ¿Te consideras un artista censurado, invisibilizado?

A. P.: Yo mismo me invisibilizo y me oculto... No me apetece salir en ciertas plataformas.

D.: Por último, ¿hay algún tabú del que no te atreverías a cantar?

A. P.: No, no, al contrario. Si se me ocurre un tema nuevo, descuida que hablaría de él. Paramos la entrevista. Nos pide disculpas por tener que irse y contesta con un breve “Venga, chicos, nos vemos luego”. En el camerino donde hemos estado los espejos están por todas partes.

DISCOGRAFÍA
· Ho sento molt (1989)
· Aquí s’acaba el que es donava (1990)
· Una MM lligada amb un cordill (1991)
· No sólo de rumba vive el hombre (1992)
· Supone Fonollosa (1995)
· Veintegenarios en Alburquerque (1997)
· Anem al llit (2002)
· Cançons d’amor i droga (Pla es fa el Sales) (2003)
· Vida y milagros (2006)


EL TÁNDEM PLÁ-JORDÁ
D.: Uno de tus trabajos menos conocidos es la música para De nens, de Joaquín Jordá...

A. P.: Estoy orgulloso de mi trabajo en esa peli. Teníamos muy buena relación, y de hecho trabajó para El malo de la película. Sale en escenas a las que tengo especial cariño... El cáncer que tenía era imperceptible. De hecho, estábamos preparando una escena sobre enfermedades y él nos soltó “Anda, mira, yo tengo cáncer de pulmón”. Así nos enteramos. Luego nos estuvo contando toda la enfermedad, lo que le decían los médicos... Estuvimos juntos hasta una semana antes del estreno, cuando nos dijeron que se había muerto. No llegó a ver el estreno de la obra...

D.: Jordá es el típico artista que no ha recibido los homenajes que se merecía...

A. P.: Sí, está claro. Cuando salió De nens en el Festival de Cine de San Sebastián, Medem también estrenó La pelota vasca, y todo el mundo hablaba de la polémica y, mientras tanto, en el mismo Festival se estaba pasando la película de Jordá, y en ella salían imágenes censuradas y en trozos de mis canciones ponían pitos. En serio. Pitos. La película censurada delante de todo el mundo, y la gente hablando de la libertad de expresión sobre la peli de Medem mientras en la sala de al lado estaban proyectando un documental censurado.

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