
WALTER JON WILLIAMS
Con un armazón de novela negra (trapicheos, protagonista barriobajera, tintes mafiosos) y una gran capacidad para construir una atmósfera nihilista y degradada, se levanta un relato de ciencia ficción sobre el poder de ritmo vivo y trasfondo político evolucionando desde el cyberpunk.
El plasma es la energía que mueve el mundo, y también las luchas empresariales y las desigualdades sociales, pero tiene resonancias mucho mayores que la mera metáfora del petróleo actual: más bien, lleva al extremo tanto su capacidad como su dependencia.
Así, en esencia, la obra habla del conflicto energético y del desasosiego existencial en una sociedad hiper- urbanizada y alienante. Porque el escenario es una supermetrópolis abigarrada, sucia y angustiosa, abrumada por pantallas de TV con anuncios y noticieros, aunque el autor, con acierto, sugiere ese mundo más que lo especifica (sobre todo mediante una trama, simplificando, de terrorismo y conspiraciones que muestra los aspectos sociales y políticos coetáneos), y su protagonista es una joven obsesiva, oprimida, inestable y desencantada: “en una ciudad grande como el mundo, ¿qué es lo peor? Tener 25 años y saber exactamente cómo transcurrirá el resto de tu vida”.
Una manera distinta de explorar nuestra realidad, sus consecuencias y sus posibilidades.