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Número 45. 4 ene - 17 ene 2007
Saberes //

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LA PRODUCCIÓN COLECTIVA DEL SABER EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR

Un esfuerzo por generar circuitos de autoformación

Montserrat Galcerán
En el marco de la reforma europea, la catedrática de Filosofía plantea los problemas de la Universidad española y la riqueza de iniciativas que unen teoría y praxis.

La Universidad española es como un barco que a duras penas se mantiene a flote. Mientras que éste se hunde, otros han empezado a surcar las aguas con nombres tan llamativos como Sapienza Pirata de Roma, Universitat Pirata de Barcelona o Universidad Nómada de Madrid.

Nadie duda de que muchos son los problemas que aquejan a la Universidad: escasa financiación, falta de recursos, aulas masificadas, escaso nivel de los profesores, nepotismo, poca investigación... Y por encima de todos, el problema fundamental: la escasa democracia interna. Desde hace decenios nadie ha tocado los privilegios de la capa minoritaria de los catedráticos, mayoritariamente varones. Ni la (escasa) participación de l@s estudiantes en los departamentos y en las juntas de Facultad, ni ha logrado cambiar las relaciones de poder personal, corporativo y gremial, en ocasiones sindical, de la maquinaria universitaria. Ni lo va a lograr el llamado Plan Bolonia, o sea, la construcción del Espacio Europeo de Educación Superior, pues lo que éste pretende es supeditar la maquinaria universitaria a los mecanismos del mercado de la educación, para potenciarlo, pero no se plantea una democratización a fondo de los mecanismos institucionales.

Por otra parte, la enseñanza superior establece una profunda distinción entre teoría y práctica o, dicho en otros términos, enseñanza, investigación y aplicación del conocimiento. Por lo general, los profesores no enseñan “lo que están investigando”, sino conocimientos más o menos estándar; no investigan lo que enseñan, sino que encuadran la investigación en las grandes líneas marcadas por la política científica nacional y por los temas de relevancia internacional; no aplican ni lo que enseñan, ni lo que investigan, sino que se despreocupan de ello. La Academia adquiere así una consistente lógica interna que está produciendo enormes efectos negativos, pues es incapaz de generar un conocimiento que se convierta en vehículo de transformación de la realidad, en vez de contentarse con dominarla.

Cada vez son más, sin embargo, los estudiantes, licenciad@s, jóvenes investigadores, artistas, trabajadores de las artes y de los medios que, en una situación de gran precariedad, producen conocimiento y arte, sin ocupar espacios profesionales reconocidos, ni adecuadamente remunerados. Su relación con la investigación y el conocimiento es completamente diversa y profundamente rompedora: no se trata de saberse la ristra de requisitos exigibles para adecuarse a los parámetros de las agencias de evaluación, sino de utilizar el conocimiento como un conjunto de herramientas para comprender y transformar la realidad. Son los barcos piratas los que procesan y albergan la riqueza cognitiva necesaria para interactuar eficazmente en nuestras sociedades complejas y así, mientras que los proyectos de “reforma empresarial de la Universidad” promueven su apropiación y salvaguarda, garantizando por medios económicos y meritocráticos que sólo algun@s tengan acceso a ellos -se trata de formar las élites del nuevo siglo-, esos otros golfantes promueven la creación colectiva, sin barreras ni restricciones, del saber público.

Estos nuevos experimentos muestran un rasgo común y parten de un mismo supuesto: el esfuerzo por retomar, colectivamente, la producción de saber y generar circuitos de autoformación que puedan sostenerse autónomamente, desarrollando formas nuevas de generar renta. Porque la renta es imprescindible, aunque su obtención no tiene por qué depender de un trabajo valorado solamente desde el aporte individual de cada un@ -cosa imposible- sino del reconocimiento y el pago del trabajo común. Esta tarea es ya de por sí política. Los nuevos movimientos sociales necesitan conocimientos desarrollados sobre el territorio de su práctica. Y esos conocimientos hay que producirlos sobre el terreno con un recurso privilegiado: nuestras propias cabezas puestas a pensar colectivamente. Navegantes dibujando el mapa. Éste es el trabajo de las universidades piratas.

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