
Una larga lucha se venía desarrollando desde los años ‘90 para conseguir la preservación de Can Ricart, un enorme complejo de la industria textil situado en pleno barrio de Poblenou y afectado por los planes urbanísticos del 22@, que prevén el derribo de un 40% del patrimonio. La inmobiliaria Realia será una de las beneficiarias del suculento pastel, con Alicia Koplowitz y Florentino Pérez como cabezas visibles del negocio. Para sumarse a las reivindicaciones vecinales y en respuesta al desalojo de La Makabra, fue okupado el 2 de diciembre. El juez de instrucción firmó a mediodía del 12 de diciembre la orden de expulsión, que en ningún momento fue comunicada a la abogada de los okupantes.
Jordi Hereu, alcalde de Barcelona, reconoció haber presionado para acelerar el desalojo y apoyar así al marqués de Santa Isabel, propietario actual de la antigua fábrica. Esa misma noche Joan Saura (Iniciativa- Verds), conseller de Interior de la Generalitat, informaba a José Montilla de la próxima actuación que de madrugada iban a llevar a cabo los mossos. Pero Montilla dijo que no, que de madrugada nada de nada, a plena luz del día y cuanto antes mejor. Y así se hizo. A las 15.30h. del 13 de diciembre, cuando en la nueva Makabra -o en lo que algunos ya empezaban a llamar la Rikabra- cerca de 40 personas preparaban la nueva pista de circo, el skatepark y un improvisado escenario, más de un centenar de policías asaltaban el recinto con la maza en la mano.
Encerraron a todos los presentes en una de las naves y los fueron identificando. Siete fueron trasladados durante unas horas a la comisaría de la calle Bolivia por no llevar documentación. En el exterior el gabinete de prensa de Saura organizaba la puesta en escena para las cámaras de televisión y fotógrafos. El conseller llegó a afirmar que había sido un desalojo de “buen rollo”. No lo vieron así los miembros de la Plataforma Salvem Can Ricart, la Asociación de Vecinos de Can Ricart y del Poblenou. El presidente de esta última, Manel Andreu, afirmó que se trataba de “una operación desproporcionada” y que a partir de ahora los derribos del patrimonio podían empezar sin nadie que los frenara.
“Nos dejaron en pelotas”
Al día siguiente, se celebraba en el antiguo mercado del Born la presentación oficial a bombo y platillo del Plan Estratégico de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona. Encabezaba el acto Hereu, y le acompañaban en primera fila el presidente de Caixa de Catalunya, Narcís Serra, y los regidores Alcover, Mayol y Martí. Ante la mirada atónita del servicio de seguridad, tres miembros de La Makabra subían tranquila y decididamente al gran escenario que presidía el acto, tomaban asiento en los sillones de diseño alquilados para la ocasión y se desnudaban lentamente. Desde el estrado, y con una fuerte megafonía, Jorge tomó la palabra totalmente desnudo. Le dijo al alcalde que los habían “dejado en pelotas después del desalojo”. Le recordó a Hereu que la cultura que se presentaba en ese acto oficial era “una cultura del mercado, una cultura del negocio” y que desde Can Ricart se quería apostar por “un espacio de creación libre y autogestionado, con el que seguir demostrando que la cultura no está muerta, que hay otra Barcelona que rechaza y condena la especulación”.
Una vez finalizado el acto, Hereu salió del Born rodeado de ocho guardaespaldas y con la intención de cruzar la concentración de 200 solidarios con La Makabra. A partir de ese momento Hereu vivió los 12 minutos con toda seguridad más intensos desde su nombramiento como sustituto de Joan Clos.
Un enorme tumulto les rodeó. Decidieron avanzar a pie en dirección a la sede del Ayuntamiento. Los gritos, empujones, patadas, puñetazos y golpes de porra se hicieron presentes durante una inacabable caminata por la calle Princesa, en la que Hereu pasó de mostrar una desafiante sonrisa a una pálida expresión de miedo. El grito de “La cultura no se desaloja” retumbaba por las calles de La Ribera una y otra vez. Algún vecino llegó a lanzar desde su balcón basura contra el alcalde al paso de la comitiva. En Via Laietana fue conducido por antidisturbios hasta su coche oficial.
El sábado 16 cerca de un millar de personas se concentraron en la plaza de Sant Jaume para dar apoyo a la lucha de La Makabra y en defensa de Can Ricart. Fue la clausura en formato de cabaret artístico de una manifestación que había recorrido el centro de la ciudad.