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Periódico Diagonal

Hay que disolver el sionismo para alcanzar la paz

KHALID AMAYREH , Periodista (desde Al-Khalil, Palestina ocupada)
Jueves 26 de octubre de 2006. Número 40
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Isa

Como palestino que ha estado viviendo bajo el yugo de la ocupación militar israelí durante más de 39 años y que perdió a tres tíos inocentes bajo las balas de la ocupación, no se me hace cuesta arriba comparar a Israel con la Alemania nazi.

Es verdad que Israel no ha instalado cámaras de gas en ciudades y pueblos palestinos. Sin embargo, no ha cesado de asesinar y atormentar palestinos de diferentes maneras, con una brutalidad e infamia absoluta que no difiere en esencia del comportamiento nazi.

Además, es necesario recordar que el holocausto alemán no empezó con Auschwitz y Bergen Belsen, sino con una idea, con un libro y una Kristalnacht, ese tipo de cosas hoy tan endémicas en el pensamiento colectivo de Israel conforme la sociedad judía israelí se deja arrastrar hacia el fascismo religioso y patriotero.

Sionismo

No es que el sionismo liberal esté cediendo el paso al sionismo religioso, tal como pretenden algunos apologistas proisraelíes. Sionismo liberal o sionismo democrático son términos contradictorios entre sí.

El sionismo, se nos dice, busca “la construcción de una patria nacional para los judíos”. Sin embargo, para millones de sus víctimas, el sionismo busca la extirpación, la expulsión y la dispersión de la mayoría del pueblo palestino, mediante el terror organizado y la violencia. Ése es el lado atroz del sionismo, que buena parte de Occidente se niega a ver.

Desde el principio el sionismo consideró Palestina como una nación sin pueblo para un pueblo sin nación. Esta arrogante negación de la existencia de mi pueblo no se originó en la ignorancia de la realidad. Fue más bien una expresión de racismo violento y virulento, muy parecida a la de aquellos bárbaros europeos blancos que exterminaron a seis millones de nativos americanos.

Los sionistas sabían que Palestina estaba habitada por cientos de miles de cristianos y musulmanes. De hecho, a pesar de que han pasado 50 años desde la creación del ‘Estado judío’, el objetivo no declarado pero final de Israel sigue siendo la expulsión de los palestinos de la zona que se extiende entre el río Jordán y el mar Mediterráneo.

Cualquier observador informal de los medios israelíes se enfrenta casi a diario con comentarios y declaraciones de funcionarios israelíes -incluso de miembros de la Knesset y ministros del Gobierno- que exigen el “traslado” de los palestinos, no sólo de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este, sino también de Israel.

El “traslado” no es un término inocente. Se trata de un eufemismo de genocidio, al menos de un genocidio parcial, puesto que es casi imposible llevar a cabo la expulsión y la limpieza étnica de millones de personas sin recurrir al asesinato en serie y al terror masivo.

Es imperativo que llamemos al crimen por su nombre. Al igual que los nazis trataron de arrasar a los judíos como pueblo, los sionistas han estado tratando de arrasar a los palestinos como pueblo. La destrucción sistemática de aproximadamente 460 ciudades y pueblos palestinos por parte de Israel (1948-52) expresaba la total indiferencia y negación del “otro”, sobre la única base de que las víctimas no eran judías.

Apartheid

Por desgracia, este modus operandi sigue siendo la política central de Israel hacia el pueblo palestino. No existe prueba más diáfana de las intenciones maliciosas de Israel que la construcción intensiva de centenares de asentamientos sólo para judíos en territorios ocupados. Asentamientos sólo para judíos, carreteras sólo para judíos, piscinas sólo para judíos, incluso derechos sólo para judíos. Y ahora tenemos ese maldito muro gigantesco.

Además de los asentamientos, Israel ha tratado de hacerles la vida insoportable a los palestinos con la intención de obligarlos a emigrar para siempre.

Con este fin, los sucesivos gobiernos israelíes (tanto los laboristas como el Likud) han utilizado cualquier truco legal concebible, incluida la introducción de un doble sistema de justicia, uno liberal para judíos y uno riguroso para quienes no lo son.

Una expresión de este apartheid judicial es el encarcelamiento indefinido, sin cargos ni juicio, de miles de activistas palestinos, estudiantes, profesionales y profesores universitarios, así como políticos, diputados y ministros (desde 1967, Israel ha detenido a más de 800.000 palestinos).

Cuando el sistema notoriamente insidioso de represión institucionalizada fracasó en su intento de hacer que una cantidad importante de palestinos emigrase, Israel recurrió a la fuerza sin pudor, aterrorizando y asesinando palestinos ante la menor “provocación”, exactamente de la misma manera que los nazis de Hitler en la Europa ocupada hace más de 60 años.

Sí, kamikazes palestinos han llevado a cabo ataques contra civiles israelíes y han matado israelíes inocentes, a menudo como represalia por el asesinato de niños palestinos. Por mi parte, condeno totalmente y sin vacilación estos crímenes suicidas contra israelíes inocentes.

Dicho lo cual, Israel no puede empujar a los palestinos hasta el límite del exterminio físico y la desaparición nacional y gritar al mismo tiempo que Hamás representa el terror y los ataques suicidas.

Israel afirma que no mata deliberadamente niños y civiles palestinos. Los errores ocurren una vez, dos, diez veces. Pero cuando el asesinato de civiles se repite casi a diario es que se trata de una táctica política. Matar a sabiendas es matar deliberadamente.

Hoy se trata del mismo Israel cuyo Ejército acaba de destruir gran parte de Líbano y de arrojar un millón y medio de bombas de racimo en el sur del país.

Salidas

Sé que los apologistas profesionales proisraelíes, incluso los que se autoproclaman seguidores de las nobles tradiciones izquierdistas contra la opresión, gustan de establecer una cierta simetría moral entre Israel y los palestinos.

Pero cabe preguntar qué simetría puede haber entre el violador y su víctima, entre la fuerza de ocupación y el pueblo ocupado, entre el colono fanático armado y el aterrorizado labrador palestino que depende de los pacifistas voluntarios occidentales para protegerse de la brutalidad de los colonos.

¿Cabe la esperanza de una solución pacífica en este amargo y perdurable conflicto? Sin duda alguna, y se basa en el desmantelamiento del sionismo y la creación de un Estado único, cívico y democrático en Palestina-Israel, donde judíos y árabes vivan como ciudadanos iguales, tal como muchos judíos y árabes están viviendo hoy en Europa.

El sionismo debe ser disuelto porque el concepto de “Estado judío” implica necesariamente el racismo intrínseco contra quienes no son judíos.

Por fortuna, hay judíos con conciencia y buena voluntad que estarían de acuerdo con esta solución. Ellos son nuestros aliados naturales para alcanzar la paz.

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