
A pesar de que los debates intelectuales son supuestamente lances instructivos, he aprendido que la mayoría de las veces aburren al más pintado. Por eso, una manera de sazonar un debate de poca altura consiste en exponer los diferentes métodos y tácticas de los contendientes. Más que tratar de valorar o comprender un argumento sobre la base de lo que revela, uno puede tratar de exponer lo que oculta.
En un reciente artículo publicado por Diagonal [“Israel es el peligro”], Santiago Alba Rico sostiene que Israel es la mayor amenaza para la paz del mundo. Parece sacar una nueva conclusión ética de la última fase de la brutalidad israelí. Si se considera el grado de la agresión perpetrada este verano por Israel en Líbano y Gaza, dicha conclusión es indudable. Israel es una ruina moral.
Pero a pesar de que Alba Rico presenta un argumento correcto, su premisa es en cierto modo obvia. Simplemente acusa de homicidio al asesino. En ello reside, sin embargo, la mayor fuerza.
Alba Rico no es un político, no está tratando de sugerir una solución para el conflicto, no hace un llamamiento para “arrojar al mar a los judíos”. Sólo señala que Israel nos está dirigiendo a todos hacia una catástrofe inminente.
Por otro lado, Sánchez Cedillo pretende lo imposible. Trata de refutar a Alba Rico defendiendo el caso de Israel. La tarea es increíblemente difícil, pues se sitúa a sí mismo en un camino que incluso los sionistas tratan hace tiempo de evitar. De hecho, los sionistas han abandonado el “discurso de la justificación”. Apoyados por los estadounidenses y con bombas nucleares a su disposición, el derecho a la existencia de Israel se mantiene con la espada o, para ser más específicos, con millones de bombas de racimo listas para ser lanzadas.
Presentar un argumento a favor del derecho a la existencia del “Estado sólo para judíos” es una tarea heroica, porque después de Jenin, Gaza y Beirut es difícil otorgarle a Israel una defensa moral.
Manipular
Es un hecho bastante establecido que en el discurso democrático liberal de la posguerra quien controla los “significados” es quien establece la realidad. En otras palabras, si uno quiere ganar debe aprender a manipular. Manipular es dictar significados.
Los sionistas tienen tendencia a ocultar el hecho de que Israel es sólo un nombre en clave para un Estado nacional expansionista y racialmente motivado. Es básicamente el nombre en clave del “Estado sólo para judíos”. Israel no es sólo un inocente Estado nacional, sino más bien un Estado racialmente orientado con leyes discriminatorias que, tal como Hanna Arendt ya señaló a comienzos de los 60, no son categóricamente distintas de las infames leyes de Nuremberg.
Una vez que se cae en la cuenta de que el significante Israel no es más que una “manipulación”, es lícito reemplazar la supuestamente cándida palabra “Israel” por su verdadero significado, esto es, “el Estado sólo para judíos”.
Sánchez Cedillo sugiere que “no puede poner[se] en tela de juicio la existencia de Israel, al menos como punto de partida de una perspectiva de paz y justicia”. A primera vista, esta cita parece una declaración inocente y legítima. Sin embargo, en cuanto reemplazamos la palabra “Israel” por su auténtico significado ideológico nos encontramos con: “El Estado sólo para judíos no puede ponerse en entredicho, al menos como punto de partida de una perspectiva de paz y justicia”.
Es evidente que desde un punto de vista ético la cita modificada no se tiene en pie. El concepto de “Estado sólo para judíos” debe ser puesto en entredicho antes de iniciar cualquier discusión que se ocupe de “paz” o de “justicia”.
No hay mejor negocio que el negocio de la Shoah
En su refutación, Sánchez Cedillo descarta cualquier comparación entre Auschwitz y Gaza. Su razonamiento parece legítimo a primera vista: mientras que Auschwitz es un “campo de concentración”, Gaza es “sólo” una cárcel gigantesca con más de un millón de presos hambrientos bombardeados y ametrallados a diario por el todopoderoso Ejército del “Estado sólo para judíos”, si bien, concedámoslo, los presos todavía respiran. Cabe la posibilidad de admitir que se trata de un argumento de peso, pero sólo si uno posee una mentalidad intelectual, emocional o físicamente circuncidada. De hecho, tanto los sionistas como sus apologistas son incapaces de entender por qué el razonamiento de aquí arriba no logra abrirse paso a través de las paredes del gueto judío y del discurso sio-centrista.
Trataré de ayudarlos. Dado que son los sionistas y sus apologistas quienes bloquean categóricamente cualquier posible proceso de reconsideración que tenga algo que ver con la II Guerra Mundial y el judeocidio nazi, la Shoah se está convirtiendo rápidamente en una manipulación política, no en una vívida y genuina ilustración ética. En vez de afrontar críticamente el holocausto, los europeos están ahora sujetos a leyes que determinan la verdad de Auschwitz. En vez de afrontar éticamente Auschwitz como seres libres, los europeos están condenados a aceptar un extraordinariamente estricto relato con implicaciones morales y políticas precisas, por no hablar de su interpretación. En otras palabras, es la hegemonía sionista sobre el discurso histórico lo que ha transformado Auschwitz en un árido hecho aislado que pierde su relevancia conforme escribo estas líneas.
Por otra parte, la verdad de Gaza, Jenin, Bint Jabel y la zona sur de Beirut es el resultado de una genuina reacción ética surgida de mentes y espíritus libres. Compadecerse de los palestinos es el mero resultado directo de estar en el mundo. Mientras que Auschwitz se ha convertido en una parte esencial de la política occidental contemporánea y está intrínsecamente relacionado con todo lo que detestamos en el discurso político occidental, compadecerse de los palestinos es reclamar el humanismo, unirse a David para derrotar a Goliat.
Mención de un nombre importante
Al final de su refutación, Sánchez Cedillo insiste en que “la existencia de Israel no puede ponerse en entredicho”. En caso de que uno pueda preguntar exactamente por qué, Sánchez Cedillo se apresura a responder. “En 1968 Jean-Paul Sartre consideró ‘insano’ atribuir el ‘papel de agresor’ al Estado de Israel en la guerra de 1948”. De lo cual puede deducirse que “al Estado sólo para judíos” se le debe otorgar un derecho incondicional e ilimitado a la existencia sólo porque el gran Jean- Paul Sartre estaba mal informado o intelectualmente paralítico en 1968.
Si es ésta la mejor manipulación retórica que los defensores de Israel son capaces de inventar, más valdría que Israel y el sionismo confiaran únicamente en la espada, pues desde el punto de vista intelectual el derecho a la existencia del “Estado sólo para judíos” parece insoportable.