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Análisis | Debate sobre la seguridad de las centrales nucleares

Si no es ahora, ¿cuándo vamos a discutir sobre la energía nuclear?

Tras el accidente nuclear en Fukushima (Japón) se hace necesario un debate profundo y sensato sobre el uso de la energía nuclear en el Estado español.

- El accidente nuclear de Fukushima

- Paso a paso de un accidente SBO


Maribel Martínez
Jueves 17 de marzo de 2011.
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Central de Garoña. Imagen: Greenpeace

Nuestros políticos sustentan la idea de que los ciudadanos somos como niños, incapaces de tomar decisiones o asumir responsabilidades en el tema nuclear. Y nos lo han dejado bien claro: miren si no lo que dice la vicepresidenta Elena Salgado, nuestra gioconda de rostro impenetrable, cuando se le preguntó sobre las centrales nucleares españolas. Con total desparpajo y sin inmutarse manifestó que «ahora, y en caliente, no es momento».

Tampoco parece que sea el momento más apropiado para Eva Almunia, candidata socialista a la presidencia del Gobierno de Aragón, quien al ser preguntada sobre este tema, no se apartó ni un milímetro de la doctrina impuesta desde Ferraz: nucleares, sí; ampliación de vida útil de las más antiguas, también. Qué lejos quedan estas afirmaciones de la pasada campaña electoral, en la que el Partido Socialista no se cansó de afirmar, llevándolo en su programa, que había que cerrar Garoña, sin posibilidad de prorrogar su vida útil.

Para no ser menos, la candidata del PP a la presidencia del Gobierno de Aragón, Luisa Fernanda Rudi, la del rostro pétreo incapaz de manifestar emociones, en declaraciones a Radio Zaragoza no tuvo inconveniente en hacer una encendida defensa de estas energías como alternativa al alza de los precios del petróleo e instrumento para frenar la, a su juicio, desfavorable balanza energética entre España y Francia.

Y como no hay dos sin tres, al grupo se une la flamante candidata del PAR a la alcaldía de Zaragoza, Rosa Santos. En las jornadas «El medio ambiente y los residuos como motores de la economía y el empleo», en las que participó en calidad de secretaria general de la CREA (Confederación Regional de Empresarios de Aragón), realizó una encendida defensa, otra más, de la energía nuclear, tras reconocer que en su juventud rechazó la instalación de centrales nucleares en la provincia de Soria.

Es entendible que candidatos y portavoces de partidos de derechas como el PP y el PAR, defensores a ultranza del lobby pro nuclear, lleven en sus programas electorales y defiendan con denuedo las centrales nucleares. Es mucho lo que le deben al cártel de las eléctricas como para no defender a machamartillo esta energía.

Lo que para muchos resulta difícil de tragar es la postura del PSOE, partido que en la pasada campaña electoral defendía el No a las nucleares y ahora se presenta como converso de última hora, dispuesto a echar toda la carne en el asador para convencernos de sus bondades.

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Vandellós II. Imagen: Foro Nuclear Español

El trabajo de los lobbies pro nucleares

No lo duden, los lobbies pro nucleares se han empleado a fondo para difundir su mensaje. Desde hace ya muchos meses asistimos, entre perplejos y mosqueados, a continuas noticias y mensajes en los medios de comunicación: había que hablar del tema nuclear, esa era la consigna. En editoriales, debates y artículos de opinión, de pronto una avalancha de periodistas y tertulianos alababan las bondades de la energía nuclear, denostando a quienes se oponían, principalmente esos ecologistas empeñados de llevarnos de nuevo a la época de las cavernas.

Olvidados ya los tiempos de Chernóbil o de Three Mile Island, se sentían imbatibles, pues, salvo los ambientalistas, nadie osaba refutar sus postulados. Si acaso cuando nos llegaban las escasas -y siempre convenientemente filtradas- noticias de escapes en Vandellós o los parones en los reactores de Ascó I y II, siempre había un oportuno técnico o periodista que, ante los más que razonables miedos de los alcaldes y vecinos de las zonas afectadas, salía al paso argumentando que nuestras centrales eran las más seguras del mundo.

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"¡No al cementerio nuclear!". Imagen: Ecologistas en Acción

Ahora el terrible desastre nuclear de Japón, con sus alarmantes y cada día más catastróficas noticias, ha hecho que, por fin, los ciudadanos nos preguntemos sobre la conveniencia del uso de la energía nuclear y sus peligros, derivados no sólo de posibles accidentes con fugas y emisiones de partículas radiactivas a la atmósfera, sino también por los residuos, que tardan en desaparecer miles de años, y los ATC, cementerios nucleares que todos parecen evitar y que ningún pueblo quiere poner en su entorno. ¿Por qué será?

Las opiniones de los grupos ecologistas

Tal vez sea en este momento -ahora que el ciudadano puede formarse una opinión, ya que tiene elementos para hacerlo- cuando debamos someter a debate popular el uso de una energía tan contaminante como la nuclear. El accidente nuclear de Fukushima nos ha enseñado en pocos días más sobre contaminación y desastres nucleares que cualquier disertación académica. Ahora es el momento, cuando el lobby pro nuclear no se siente tan cómodo y poderoso frente a las imágenes de los reactores explotando y la población japonesa abandonando a la desbandada sus ciudades.

Frente a la opinión, repetida hasta la saciedad, de que la nuclear es una energía barata y limpia, y que, por tanto, no hay peligro alguno en alargar la vida de las centrales, hay que contraponer las opiniones, como la de los grupos ecologistas Greenpeace o Ecologistas en Acción. La nuclear no es una energía limpia, es una falacia. Si bien, aparentemente, no genera una contaminación química tan manifiesta como las térmicas de combustibles fósiles, sí que contamina durante las diversas fases del ciclo nuclear: minería y extracción, tratamiento del mineral, enriquecimiento y preparación del combustible -no nos olvidemos que estamos hablando de uranio-. Su contaminación -principalmente física- es imperceptible, porque produce radiaciones no visibles. Y el principal problema de la energía nuclear -los residuos con alta radiactividad y super tóxicos por miles de años- no ha sido resuelto satisfactoriamente en los 60 años de su historia.

En cuanto a nuestra dependencia exterior de los combustibles fósiles (gas natural, carbón o petróleo), ocultan que también dependemos del exterior en casi todo el ciclo nuclear. Si bien antes aquí se extraía uranio -que ahora se compra fuera-, su procesado para combustible también se realiza en el extranjero. La tecnología es norteamericana, aunque aquí exista alguna empresa que pueda aportar algún componente o bienes de equipo. Y si se quisiera procesar el combustible gastado para aprovecharlo en parte -por ejemplo, para extraer plutonio para armas nucleares-, hay que enviarlo fuera, como ocurría con el de Vandellós I, que se enviaba a Le Hague (Francia) en un peligroso tren que pasaba por las ciudades de Tarragona y Barcelona.

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Nuclear, confort a todo riesgo. Imagen: Ecologistas en Acción

El accidente de Japón ha demostrado que no hay nuclear segura, ni allí, donde se construye pensando en los terremotos; ni aquí, en donde tenemos centrales con una vida más que finalizada, como en el caso de la central nuclear de Garoña, gemela de la de Fukushima. Precisamente la central burgalesa debería cerrar en 2013, tras 42 años de vida.

Pero también se debería hablar del lobby pro nuclear, representado por el Foro Nuclear que agrupa a las empresas españolas relacionadas con la energía nuclear, y que continúa insistiendo en que las centrales españolas cuentan con suficientes garantías. Europa no es de la misma opinión y ayer, influidos por la antinuclear Austria, los 27 alcanzaron un acuerdo con la industria para someter a las 142 plantas de la UE a «pruebas de resistencia» para comprobar su seguridad. La UE demuestra un poco de cordura frente a la estrategia del avestruz de estas industrias. Además, hay que denunciar el descarado monopolio de las eléctricas frente a otras energías, como las renovables, menos contaminantes y que no encuentran más que trabas de todo tipo para su desarrollo.

Es hora de que nuestros políticos dejen de tutelarnos; hace tiempo que somos lo suficientemente maduros como para tomar una decisión sobre este tema. Ha llegado el momento de que manifestemos dónde, cuándo y cuántas de las centrales en nuestro territorio deben cerrarse.

Hablemos, pues, de la energía nuclear y exijamos a nuestros políticos una posición clara sobre el tema, como ha hecho Izquierda Unida en todo el Estado presentando mociones en ayuntamientos, comunidades autónomas y en el Congreso.

Última hora sobre el accidente en la central nuclear de Fukushima (Japón)

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