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Entrevista | Amaia Pérez Orozco, feminista y economista

"Más de la mitad de las empleadas de hogar son migrantes"

Experta del Instituto Internacional de Investigación y Capacitación de la ONU para la Promoción de la Mujer (ONU-INSTRAW), feminista y economista. Amaia participó recientemente en las jornadas “Economía mundo, crisis y cuidadanía” organizadas por varios colectivos sociales en Zaragoza. Su análisis alerta sobre la crisis de los cuidados, un problema invisible que empieza a emerger, haciendo patente la insostenibilidad del sistema capitalista.

Marta Cambronero y Elvira Lozano
Jueves 20 de mayo de 2010.
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Foto: JM Dorado

¿Qué son las cadenas globales de cuidados?

Las mujeres que entran en el mercado laboral transfieren los cuidados a otra mujer, una mujer migrante. A su vez, esa mujer que ha migrado ha dejado su responsabilidad de cuidado a otras mujeres. Por eso hablamos de cadenas de mujeres a lo largo del mundo que se transfieren cuidados según ejes de poder, y que son las que sostienen los sistemas socioeconómicos. La deficiencia por parte de las instituciones públicas, de las empresas y de los hombres a la hora de asumir estas responsabilidades obliga a poner en marcha estas cadenas.

¿Esto qué implica?

Visibilizan grandes deficiencias en la forma en que organizamos los cuidados, que la migración viene a paliar de manera parcial. Las familias migrantes se insertan en los peores trabajos y tienen las peores condiciones de conciliación de la vida laboral y familiar precisamente para que otra parte de la población pueda conciliar. El sistema adjudica la responsabilidad en los hogares a las mujeres y a la vez asume que las trabajadoras van a estar plenamente disponibles. Existe un nexo sistemático entre cuidados, desigualdad y exclusión. Ponte en la situación del hijo de una mujer migrante que se queda solo porque su madre tiene que cuidar por las noches a una anciana. Y qué decir de cuando tienes que cuidar a tus hijos a través del locutorio.

¿Cómo quedan las familias en el país de origen?

En situaciones muy vulnerables. Cuando la gente decide migrar es porque no hay forma de apañárselas allí. En lo material, muchas veces los hogares mejoran, porque llegan unos ingresos que antes no había. El problema es a nivel emocional y afectivo. Hemos descubierto algo curioso al analizar cadenas compuestas por hombres. En general, no han dejado hijos en origen o, si los han dejado, como antes no les cuidaban, cuando se marchan no cambia nada en la organización cotidiana, sólo que la figura del padre está más lejana. La cuestión se desbarata cuando son las mujeres las que se van. La responsabilidad se suele redistribuir entre otras mujeres: una hermana, una tía, una hermana mayor... Se dan casos en que los niños se quedan a cargo del padre, pero éste se rodea de toda una red de mujeres para salir adelante día a día: la abuela les da de comer o la cuñada vive al lado. Además, siempre pensamos en los hijos, pero América Latina está en un proceso de envejecimiento fuerte y el tema de quién va a cuidar a los padres cuando sean mayores empieza a convertirse en un problema grande.

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El pasado 28 de marzo, 200 empleadas de hogar se manifestaron en el centro de Madrid bajo el lema “Sin nosotras no se mueve el mundo”. Foto: Olmo Calvo

¿Cómo aborda la Ley de Dependencia estos problemas?

La ley ha sido un paso adelante en dos cosas. Por un lado, en la construcción, muy parcial, de un derecho al cuidado, ya que reconoce el derecho a recibir cuidados. Sólo en una situacion muy concreta -dependencia- pero es un paso. Por otro lado, ha visibilizado el trabajo que hasta ahora se hacía de forma gratuita por mujeres en las casas. Pero la ley tiene limitaciones muy fuertes. Fundamentalmente, que el desarrollo no se ha basado en los servicios de cuidados, sino en lo que se llama prestación monetaria por cuidados familiares no profesionales. Más del 50% de las prestaciones que se dan son de este tipo: se está pagando entre 300 y 500 euros a las mujeres para que cuiden 24 horas en la casa. ¿Quiénes son éstas? Las de siempre, mujeres familiares, pero también se utiliza esta paguilla para contratar de forma irregular a una mujer migrante. Así que las mujeres de 50 años para arriba, históricas cuidadoras, y las mujeres migrantes son los dos pilares de la Ley de Dependencia. Además, los pocos servicios públicos que se desarrollan están muy privatizados: no se han creado residencias públicas y la ayuda a domicilio se ha canalizado a través de empresas, que contratan en condiciones muy precarias. Se ha abierto un nicho de explotación laboral muy grande. La ley podría permitir avanzar hacia un régimen de cuidados más justo, pero de momento tiene unas deficienciasmuy serias.

¿Cómo podría mejorarse?

Tenemos que construir un derecho al cuidado, con tres dimensiones. La primera, el derecho a recibir cuidados, lo que pasa por tener escuelas infantiles públicas o servicios residenciales para ancianos, pero también por el derecho al tiempo de calidad, lo que exigiría una reorganización de la forma de producir en el mercado, de la jornada laboral y de las ciudades. La segunda es el derecho a elegir si quieres cuidar a o no. Si es que sí, que sea en condiciones dignas. Y si no quieres hacerlo, que haya alternativas, como servicios públicos. La última dimensión aborda los derechos laborales en el sector de cuidados, que es uno de los más precarizados de todo elmercado laboral. Lo que no está claro es qué alternativa queremos. ¿Estado? ¿Tercer sector? ¿Obligar a las empresas? ¿Guarderías en el barrio? ¿Excedencias pagadas por cuidado de hijos? Otra alternativa son los servicios, pero ¿los queremos públicos o más de tipo comunitario?, ¿gestionados por el ayuntamiento o por redes vecinales? Es un debate que hay que tener. En el contexto de la Ley de Dependencia tenemos claro que habría que derogar el artículo que permite esa figura de los cuidados no profesionales en el entorno familiar y construir una red pública de servicios fuerte de ayuda a domicilio (centros de día y de noche, de descanso temporal, de vacaciones, residencias), públicos, de calidad y de gestión directa. Y, además, clarificar el papel del empleo de hogar.

¿En qué situación se encuentra el régimen de empleo de hogar?

Es un nudo de vulneración de derechos: laborales, de conciliación, a cuidar a tus hijos, a tenerlos contigo, a tu propia salud, al tiempo, al cuerpo... Está relacionado con el régimen especial de empleo de hogar tan discriminatorio que existe. Esto se va a cambiar justo estos meses -está en el Parlamento-. Se va a reconocer como un trabajo más normalizado. Parece que va a haber una mejora, pero la cuestión es si va a ser suficiente. En noviembre se juntaron varios grupos de mujeres migrantes, organizaciones feministas y algunas mujeres con diversidad funcional -las que son cuidadas-, para construir reivindicaciones. Del empleo de hogar no se puede hablar sin hablar de migración, porque más de la mitad de las empleadas de hogar sonmigrantes.

Querría que nos hablaras del concepto de cuidadanía.

Surgió de compañeras de Sevilla que trabajaban en el tema de cuidados. En la inauguración de un centro social en el Pumarejo, en 2003 ó 2004, al descubrir la placa vieron que ponía “Este centro es para uso y disfrute de la cuidadanía”. La palabra apareció por error, pero ellas la captaron rápido, empezaron a difundirla y nos la hemos ido apropiando gente de distintos sitios. Es lo bonito, que es un concepto colectivo. La idea central de la cuidadanía es que la sociedad actual, en lugar de poner el cuidado de la vida en el centro, pone a los mercados capitalistas. La apuesta es dar un vuelco al sistema y poner en el centro los cuidados, la calidad de vida cotidiana. Y desde ahí replanteárnoslo todo. También la cuidadanía frente a la ciudadanía, que genera exclusiones, ya que se construye con referencia a quien no es ciudadano. La cuidadanía es universal, salta fronteras nacionales, identitarias, de género...

El Ayuntamiento de Zaragoza lo ha utilizado en una campaña publicitaria. ¿Qué te parece?

Me ha sorprendido mucho. Si una institución pública se toma en serio la cuidadanía, eso pasa por exigir cambios a la gente, pero ellos mismos tendrían que implementar cambios muy fuertes en el modelo urbano. Empezar a construir una ciudad al servicio de las personas y no al servicio de los coches o de las empresas. Poner la calidad de vida en el centro de todas las prioridades y construir servicios públicos. Si va en esa línea, me parece fantástico. Si va en la de quitarse la responsabilidad y adjudicársela solo a la gente, me parece un problema grande: un robo de argumentos.

* Artículo publicado en el nº 87 de la revista La Calle de Todos

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