
Magna, la futura propietaria de Opel-España, no se muestra dispuesta a modificar sustancialmente las decisiones tomadas sobre la planta. El temor de una extinción paulatina de toda la producción para deslocalizarla en otro lado está tomando cuerpo entre los trabajadores de la factorÃa, que deben decidir cómo van a defender sus puestos de trabajo.
La propuesta de Magna en la reunión mantenida en Madrid, el 13 de marzo, con los sindicatos de la factorÃa de Opel de Figueruelas puede interpretarse como toda una declaración de intenciones. La multinacional austriaco-canadiense se reafirmó en su determinación de despedir a 1.350 trabajadores y el traslado de parte de la producción a Alemania.
El ministro Miguel Sebastián, que junto a los consejeros de EconomÃa e Industria acudió a este desencuentro, manifestó "no parecerle suficiente la propuesta" y el consejero Larraz declaró que habÃa habido avances, "aunque no los suficientes". Los que no se mostraron nada esperanzados fueron los representantes sindicales que están viendo cómo se reducen gradualmente las expectativas de un futuro para la fábrica. Futuro que Magna no parece dispuesta a garantizar más allá de entre cinco a diez años. La sombra de la deslocalización se hace más visible cada dÃa.
¿Negociación o lucha contundente?
Veinticinco mil familias aragonesas dependen directa o indirectamente de la actividad de Opel-Figueruelas. La desaparición de la planta supondrÃa una catástrofe de dimensiones desconocidas para Aragón. Por si no fuera lo suficientemente grave el número de despidos anunciados, se perfila un porvenir para la factorÃa que no pinta nada halagüeño.
Ya son muchas las voces que se alzan entre los trabajadores en contra de seguir haciendo concesiones. Se puede ceder, están dispuestos a rebajarse los sueldos para mantener los empleos, ¿pero dónde debe situarse el lÃmite de estas concesiones?. Además, aunque la plantilla se sometiera a todas las condiciones de la multinacional, ¿garantizarÃa eso que no dejarÃan de fabricar aquà en un plazo no muy lejano? Los planteamientos de Magna no parecen seguir la lógica de las finanzas. Desmantelar parte de la producción y trasladarla a Alemania parece más una decisión polÃtica que económica. Pero, de cualquier forma, demuestran mucha determinación en la ejecución de su estrategia. La amenaza de que Opel-España desaparezca pasa de ser, más allá del mal augurio de los más pesimistas, una posibilidad inquietante para la sociedad aragonesa.
Existen discrepancias sindicales respecto a la forma de encarar el conflicto. Los sindicatos mayoritarios han tomado una actitud más negociadora, frente a la combativa propuesta por otros. Si la incertidumbre por sus empleos está tan extendida entre los operarios, ¿no serÃa más razonable emplear toda la artillerÃa para defender los puestos de trabajo?
Que las instituciones de la comunidad o las centrales aporten luz sobre este asunto no parece muy probable de momento. Quizás, el hecho de que Magna se esté quitando la piel de cordero para mostrar su verdadera naturaleza sea una suerte. DeberÃa servir para que se consiga la unión sindical en la lucha frente al gigante automovilÃstico.
BoletÃn Radiofónico DIAGONAL 139