Abandono por unos días la Marcha a Bruselas: mis obligaciones profesionales me exigen regresar a Zaragoza. Me alejo de las tierras galas con una mezcla de alegría y tristeza en el corazón. Alegría al ver que esta iniciativa cada vez tiene más eco, y tristeza por dejar allí a mis amigos, a los compañeros de carreteras, acampadas, reuniones vecinales, y fraternales saludos en dos idiomas.

Vuelvo a casa con fuerzas e ilusiones renovadas. Salimos de Zaragoza un 14 de agosto que ahora me parece lejano tras tantas jornadas de caminatas. Éramos muchos ese primer día, luego con el transcurrir de las etapas la Marcha ha ido cambiando de caminantes pero no de ímpetu y de militancia.
Aquí están algunos de los que empezaron, como el Negro, Dámaso, Abdoulaye, el Panameño y toda su familia, Mariano, Ana y Antonio, Germán, Diego, Álvaro, Jesús, Isabel, Eduardo, Carmen, Antonio, las buenas gentes de L’Ainsa, el concejal de IU de Monzón, el diputado de la asamblea andaluza o el alcalde de Santaliestra. Todos han caminado estos días, algunos lo seguirán haciendo, llegando incluso a Bruselas. Otros muchos como yo se unirán en próximas etapas y reforzaremos la serpiente naranja que en estos momentos, bajo la lluvia, camina hacia Toulouse.
Muchas son las sensaciones, muchos los sentimientos. Casi todos positivos, un agradecimiento muy sentido para todos los que de una u otra manera han estado al pie del cañón. A todos los ayuntamientos que nos han cedido sus instalaciones, a las gentes que nos dieron buenos, ricos y sustanciosos alimentos. A quienes nos llenaron la furgoneta de fruta, dulces, leche, café y cosas necesarias para nuestro sustento. Los amigos que nos regalaron su compañía durante unos días y junto a nosotros llegaron a la frontera cansados, doloridos, pero felices por haber sido capaces de semejante gesta.
También a nuestros vecinos galos. A las gentes de CNT, Attac, Solidaires, Nuevo Partido Anticapitalista, a las agrupaciones vecinales de los pueblos por donde estos días hemos recalado. ¡Qué felicidad tras la dura jornada llegar a Montrejeau, Montsaurnés o Saint Gaudens y ser recibidos de manera tan cálida!
Cuántos sentimientos encontrados me producen estas amables y simpáticas gentes. Es tan poco lo que nos separa y tanto lo que nos une. Luchamos por los mismos ideales, por un mejor trabajo, por un salario más justo, por unas pensiones que no dejen a los abuelos sumidos en la pobreza. Para que los emigrantes no sean ciudadanos de tercera en el primer mundo. Para que nuestros jóvenes accedan a su primer trabajo. Por unos derechos sindicales y sociales que muchos de nosotros ganamos tras años de sangre y lágrimas. Por todas estas reivindicaciones y también para que nuestra voz, la de todos los europeos, se escuche en Bruselas.
Poco a poco aquella loca idea de unos cuantos quijotes españoles ha traspasado la frontera. Ahora son los pueblos y ciudades francesas los que se suman a la Marcha a Bruselas. Empiezan a trabajar, a movilizarse, y todos lo hacen con un objetivo común: la defensa de los trabajadores y de sus derechos laborales y sociales. A nuestro paso conocemos convocatorias, reuniones, próximas iniciativas que caminarán paralelas en el tiempo a nuestra Marcha. El 7 de septiembre hay convocada una manifestación nacional en Francia. Todo sirve para este objetivo común que nos hemos propuesto.
Ya está confirmado que nos reuniremos con autoridades en Toulouse o en París. Y cuando lleguemos a Bruselas, cansados, con los pies destrozados y el ánimo bien alto, hablaremos a cuantos nos quieran recibir, les contaremos nuestra experiencia, les explicaremos lo que nos ha hecho caminar 1.750 kilómetros y les pediremos que sean nuestros portavoces en la capital de Europa.
La huelga general del 29 de septiembre en España cada vez está más cerca. No podemos quedarnos de brazos cruzados, mucho menos ahora que en toda Europa los trabajadores empiezan a sumarse a esta convocatoria.
Boletín Radiofónico DIAGONAL 139