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Global | El presidente mexicano dejó en la calle a 44.000 trabajadores

La lucha contra el cierre de la eléctrica LyFC en México

Puntualmente recibimos noticias de México, casi siempre preocupantes, que conducen a la alarma ante los derroteros que llevan la política y la economía en ese país. Las últimas nos llegan de los trabajadores de la eléctrica Luz y Fuerza del Centro (LyFC), empresa estatal cuya clausura dejó a más de 44.000 personas sin empleo en octubre de 2009.

Maribel Martínez
Martes 27 de julio de 2010.
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Protesta de trabajadores de Luz y Fuerza del Centro. Fotos: Revoluciona! Noticias

Hace unos meses nos hicimos eco en Diagonal Aragón de los continuos ataques y hostigamientos que sufrían dos caravanas de defensores de los derechos humanos que se dirigían a la población del municipio autónomo de San Juan Copala y otros municipios cercanos de la región de Triqui en Oaxaca, con el resultado de dos defensores muertos, Bety Cariño y Juri Jaakkola, varios heridos y numerosos desaparecidos durante días. Entonces ya constatamos y denunciamos la impunidad con que se mueven los paramilitares del UBISORT, bien protegidos y amparados por el gobernador del estado.

Ahora les toca a los trabajadores de la empresa estatal LyFC: 44.000 personas que, de la noche a la mañana, el pasado 11 de octubre se quedaron en la calle tras la decisión del presidente del ejecutivo mexicano, Felipe Calderón, de liquidar la segunda eléctrica del país -que abastecía a 6,2 millones de clientes en la zona centro-.

Tras la sorprendente liquidación y cierre de la empresa, el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) manifestó por medio de uno de sus líderes, Martín Esparza, el convencimiento de que este cierre obedecía a la intención de privatizar la empresa, dejándola en manos de la iniciativa privada y, de paso, acabar con los siempre combativos sindicatos de electricistas.

Desde que se tomó la decisión, más de 15.000 ex empleados de la empresa eléctrica estatal se han mantenido en la resistencia, realizando múltiples manifestaciones en contra de la decisión del presidente Calderón. Entre las acciones que se llevan a cabo para que el decreto presidencial no acabe con el puesto de trabajo de tantos miles de trabajadores está la instalación de un campamento en el Zócalo de la ciudad de México DF -frente al Palacio presidencial- en el que permanecen miles de personas como protesta por el cierre de la eléctrica.

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Cayetano Cabrera, durante la huelga de hambre de 90 días.

Un ejemplo de dignidad

Es de destacar también la huelga de hambre que han seguido 14 trabajadores, entre ellos el ingeniero electricista Cayetano Cabrera y el electricista Miguel Ángel Ibarra Jiménez, que son los que más tiempo la han mantenido: casi 90 días. Alimentados desde el primer día sólo con agua y miel, la huelga se suspendió la madrugada del 23 de julio, después de que el dirigente Martín Esparza anunciara a sus compañeros los acuerdos firmados con el Gobierno Federal, entre los que destaca el reconocimiento como interlocutores en las negociaciones a los representantes sindicales de los trabajados.

El dirigente del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) División Pachuca, Luis Espinosa, adelantó el mismo 23 de julio que el acuerdo se concretará en la creación de una nueva empresa, que brindará su servicio a la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Cabrera, al igual que Ibarra, había manifestado que su decisión al ponerse en huelga de hambre era la de llegar hasta el final, perdiendo la vida si era necesario. Todo lo daría por bien empleado si los 44.000 compañeros recuperaban su puesto de trabajo.

El pasado enero la defensa legal del SME solicitaba a la Corte Suprema ejercer su facultad de personarse en el proceso de cierre para solicitar su amparo. Los trabajadores habían cifrado sus esperanzas en la justicia, a la espera de que se determinara si el decreto que clausuró la empresa se realizó conforme a derecho constitucional. Ahora se ha conocido que la Corte Suprema de Justicia de la Nación (SCJN) de México decretó el 5 de julio pasado de forma unánime -y sin que hubiera un precedente similar, que no ha lugar al recurso de amparo que interpuso el SME contra el cierre de LyFC.

Según la sentencia del magistrado Juan Silva Meza que instruyó todo el proceso: «El Presidente de la República sí está facultado para decidir la extinción de un organismo descentralizado en caso de que deje de cumplir con los fines para los que fue creado o cuando ya no resulte conveniente desde el punto de vista económico». Con la sentencia dictada por la Corte, se avaló también la legalidad del despido de los electricistas y se cerró la puerta para una posible reapertura de LyFC.

Está claro que se habla de viabilidad y rentabilidad de la empresa como elementos a tener en cuenta a la hora de echar a la calle a los trabajadores. No le ha hecho temblar el pulso al presidente Calderón al firmar el decreto de cierre el que con su firma dejara en la calle a tantos miles de trabajadores y en la miseria a sus familias.

Mientras los huelguistas continuaban acampados en el Zócalo, la Comisión Permanente del Congreso había acordado formar una comisión con legisladores de varios partidos para mediar entre el Gobierno federal y el SME en un intento por encontrar una solución y salvar la vida de los trabajadores en huelga de hambre.

Además, los legisladores pidieron al Ejecutivo federal y a las Secretarías de Gobernación y del Trabajo el diseño de un plan de acción que evitara la pérdida de dos vidas humanas. Legisladores del Partido Revolucionario Institucional (PRI) exigieron al titular de Gobernación, José Francisco Blake Mora, una ruta de salida y evitar la muerte de Cayetano Cabrera y Miguel Ángel Ibarra Jiménez.

Mientras, el SME mantiene firme su postura de diálogo con el Gobierno federal, y no se retirará de la mesa de negociación, pues tiene lista una propuesta técnica, financiera y administrativa para presentarla al Presidente. De igual manera, el senador del Partido Revolucionario Democrático (PRD), Pablo Gómez, presentó un punto de acuerdo para que la Permanente acuerde interponer una requisitoria constitucional contra el Ejecutivo por la extinción de LyFC.

Última hora

Los dos miembros del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), Miguel Angel Ibarra y Cayetano Cabrera, que durante este tiempo llevaron a cabo la huelga de hambre más larga con 86 y 90 días respectivamente, ya han abandonado el área de terapia intensiva del Centro Médico Nacional Siglo XXI del IMSS, en donde ingresaron tras abandonar la huelga.

Uno de ellos, Miguel Ángel Ibarra, está estable y se encuentra junto a los otros 12 electricistas que se mantenían en ayuno y que ahora están en observación. Cayetano Cabrera, quien estuvo 90 días en ayuno, fue trasladado a una clínica privada debido a su grave estado.

Las negociaciones para este acuerdo fueron dirigidas por parte del gobierno mexicano entre los secretarios de Trabajo, Javier Lozano, y de Gobernación, José Francisco Blake, siendo su interlocutor Martín Esparza en representación de los trabajadores. El acuerdo de tres puntos, contempla la instalación de una mesa de diálogo para solucionar el conflicto, el levantamiento del ayuno y el compromiso de hacer cumplir el acuerdo.

- Más información: http://lucha-revoluciona.blogspot.com/

Mentándonos la madre

ANA CUEVAS

Si existe algo característico de la naturaleza humana, es la facultad de trabajar y procurarse los medios de subsistencia. El trabajo, a pesar de que se ha convertido en algo raro y doloroso gracias a la desnaturalización del mercado, es la fuente que nos proporciona alimentos, cobijo y ropa de abrigo. Por eso, privarnos de él, equivale a despojarnos de la propia vida.

Así lo entienden al menos Cayetano Cabrera, Miguel Ibarra y otros doce trabajadores del sindicato mexicano de electricistas, que han mantenido una huelga de hambre de casi tres meses que a punto ha estado de conducirles a la muerte. Eran empleados de la compañía "Luz y Fuerza del Centro" hasta que el presidente Calderón, aplicando las leyes creadas por la descarnada filosofía mercantil, decidió privatizarla. 44.000 personas perdieron sus empleos.

La acción del Estado mexicano está dentro de la absoluta legalidad, entendiendo como tal el marco jurídico e institucional diseñado prêt-a-porter para ajustarse a la lógica del capital. En cambio, el gobierno acusaba a los huelguistas de extorsión y comportamiento antidemocrático.

Y quienes deberían haber estado de su parte -otros trabajadores, sindicatos, trotskistas, anarquistas, zapatistas y demás organizaciones y líderes de izquierdas- en vez de inundar las calles de indignación solidaria frente a los abusos de Calderón, se difuminan en grupúsculos que aceptan las reglas del juego impuestas, negociando pírricas victorias o asumiendo de antemano la derrota. Algunos incluso han llegado a ridiculizar su lucha, acusándolos de idiotas por prestarse al martirio a manos de la manipulación de un sindicato concreto.

Cabrera había declarado que una huelga de hambre solo tiene dos vías de solución: o lograr su objetivo o morir. Afortunadamente, la huelga ha cesado antes de que se produjera la pérdida de sus vidas. La Secretaría de Gobernación ha aceptado instalar una mesa de diálogo de "alto nivel" con el SME en la que participará también la Secretaría de Trabajo. El objetivo es encontrar un esquema para la recontratación de 17.000 de los electricistas despedidos que no aceptaron su liquidación. Aunque es pronto para cantar victoria, los huelguistas han demostrado que su sacrificio no ha sido estéril y han abierto una puerta a la esperanza. No obstante, el propio Cabrera ha manifestado que, de no ver los resultados en la negociación en cinco días, se reincorporará de nuevo a la huelga de hambre.

Estos operarios han protagonizado un pulso al poder de proporciones épicas. Su ayuno se ha convertido en hambre de justicia. Para ellos, la pérdida de sus trabajos era un anticipo de la propia muerte y estaban dispuestos a llegar a las últimas consecuencias. Y el responsable no hubiera sido únicamente Calderón o la inhumana maquinaria neoliberal. La autoría se habría repartido proporcionalmente entre la gran mayoría de los movimientos de izquierda, incapaces de reunirse para luchar por ellos. Por la dignidad y la vida de todos los trabajadores. Algo que también nos resulta familiar por estos lares donde, los que deberíamos arrimar el hombro para organizar la resistencia frente a los abusos generalizados, preferimos pasarnos la vida mentándonos la madre.

Salud y ánimo para estos valientes que deben servirnos de inspiración en los turbulentos tiempos que atravesamos.

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