
"Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo". Estas palabras pertenecen a Federico GarcÃa Lorca. El gran poeta y espléndido dramaturgo, que entendÃa la necesidad de acercar el arte al pueblo y por ello fundó su propia compañÃa, La Barraca, con el objetivo de representar a los autores del Siglo de Oro en todos los rincones y pueblos perdidos de nuestra geografÃa.
Esta misión nos parece, hoy en dÃa, más revolucionaria que nunca gracias, en gran medida, a esos actuales mercaderes de la cultura: la SGAE. Su última y esperpéntica actuación ha sido contra los escolares de un instituto de A Coruña a los que pretende cobrar por representar Bodas de Sangre. Su afán recaudatorio asfixia el espÃritu que movÃa al poeta, que decÃa: "Debemos sacar a los clásicos del fondo de las bibliotecas, arrebatárselos a los eruditos y devolverlos al sol y al aire libre de los pueblos".
Lorca hacÃa hincapié en el recogimiento y admiración con que recibÃan estas obras las masas de trabajadores y campesinos que, junto a las clases más cultas o de formación universitaria, eran quienes mejor acogÃan esta iniciativa. Por otros derroteros andaba la burguesÃa, frÃvola y materialista, incapaces de entender la importancia de esta empresa, obsesionados por la avidez de hacer negocio a costa de impedir el acceso a quien careciera de cuartos para pagar el precio de la taquilla.
La SGAE representa, hoy dÃa, a esos burgueses elitistas que comercian con la propiedad intelectual olvidando que las manifestaciones artÃsticas o culturales tienen vocación de ser difundidas para enriquecer, no tanto a sus creadores, como al nivel educacional del paÃs. Lorca apostaba por los actores aficionados, estudiantes en su mayorÃa, para dar vida a estas obras. ¿Qué hubiera dicho ahora de este ataque brutal de la SGAE contra los chavales gallegos? Él, que alentaba los desafÃos literarios contra el bombo autocomplaciente de los "consagrados", se hubiera posicionado del lado de los escolares. O sea, al lado de la cultura y de su promoción entre todas las clases sociales. Federico entendÃa el Teatro como un instrumento, el más expresivo y útil, para la edificación de un gran paÃs y el barómetro de su decadencia o de su ascenso. La SGAE solo sirve para alentar esa decadencia, y todo, por un puñado de euros.
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