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Héroes caídos

Una pequeña reflexión en torno a la memoria y el valor del testimonio, a raíz del descubrimiento de Howard Manoian como "falso héroe" durante el desembarco de Normandía.

Gustavo Alares
Lunes 24 de agosto de 2009.

El descrédito de las narrativas tradicionales propio de la posmodernidad y el actual culto a la memoria, ofreció al estadounidense Howard Manoian la posibilidad de construir su presente desde los cimientos de un pasado sin duda excitante y heroico... pero sobre todo falaz. Durante décadas su autobiografía lo convirtió en protagonista de la Historia como integrante de la mítica Easy Company de la 101 División Aerotransportada que se desplegó en las proximidades de Sainte-Mère-Eglise durante el desembarco de Normandía. Una versión alternativa, sin duda más atractiva que su anodina participación en la Segunda Guerra Mundial como miembro de la 33ª Compañía de Descontaminación Química.

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H. Manoian a los 19 años

El engaño ha sido puesto en evidencia el pasado mes de julio por el historiador Brian Siddal. Manoian, afincado desde 1985 en Chef-du-pont -una localidad muy próxima a Sainte-Mère-Eglise- no dudaba en describir con todo tipo de detalles sus peripecias en el frente de batalla y era justamente estimado por sus convecinos como héroe local, y como tal, llegó a ser distinguido con la Legión de Honor.

La impostura de Manoain refleja la fascinación -con rasgos de ceguera- hacia la figura del testigo, de la víctima, del protagonista. En definitiva, el triunfo de la vivencia -expresada en primera persona con toda su afectividad, imprecisión y en este caso falsedad-, sobre el relato indirecto de los historiadores.

El suceso trae al recuerdo las polémicas suscitadas en España torno a Enric Marco, el que fuera presidente de la Asociación Amical de Mathausen, o al también prisionero “imaginario” Antonio Pastor, cuya falsedad desentrañaron los historiadores Sandra Checa y Benito Bermejo.

Para Howard Manoian, Antonio Pastor y Enric Marco, y quizás a medio camino entre el “síndrome Zelig” y la ficción interesada, una parte importante de sus vidas -aquella que les dotó de notoriedad y de una identidad intrasferible como héroes y víctimas-, discurrió sobre los raíles de la impostura. Pero para muchos otros, sus fabulaciones -convertidas en testimonio-, vinieron a satisfacer la necesidad de relacionarse con el pasado de una manera más directa, más emocional y primigenia... y en este caso, falsa.

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