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Opinión | Continúan las protestas de los indignados

Gafas para aquellos que no quieren ver

Esta claro que nuestros politicos y este país necesitan gafas. Gafas que les permitan ver y, sobre todo, apreciar que lo que pasa fuera de sus fronteras es, en esencia, lo mismo que sucede dentro del territorio español.

Maribel Martínez
Jueves 16 de junio de 2011.
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Protesta ante el Parlament de Catalunya
Foto: Guillaume Darribau

Una gafas que corrijan esa miopía, mejor dicho esa ceguera que les permite reconocer, amparar e incluso animar las revueltas en los países del norte de África y que, sin embargo, ciegamente niega la mayor, no dando pábulo a las acampadas, manifestaciones, protestas y presiones que desde hace semanas se vienen sucediendo en nuestro país.

Allí no hay indignados se nos dice, allí hay ciudadanos que luchan por sus derechos y que, frente a dictaduras más o menos consentidas por Occidente, exigen gobiernos democráticos y la posibilidad de trabajar y vivir dignamente. Algunos de esos países, nos recuerdan nuestros gobernantes, están en situación de guerra civil -véase Libia, Yemen o Siria-, mientras otros, como Marruecos, se siguen manifestando y reclamando libertades, que desde el palacio real se reprimen o permiten, según interesa a su rey Mohamed VI.

No es igual, pero ¿quién no ha pensado alguna vez que podría llegar a serlo? También como en España, muchos de esos países empezaron protestando tímidamente, saliendo a las calles para demostrar su indignación y mire dónde han acabado. Estamos en Europa, nos dicen; aquí las cosas son de otra manera, argumentan para tranquilizar menesterosas conciencias.

Pero mira por dónde, que las cosas ya no se diferencian tanto de las revueltas del norte de África. Las manifestaciones en Europa también son reprimidas, muchas de las veces a sangre y fuego, como en cualquiera de los países norteafricanos. Solo hay que ver los vídeos y fotos de cómo se comportan las “fuerzas del orden” en Grecia, Portugal o aquí mismo, en España.

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PIGS

LOS PIGS SE REBELAN

Los PIGS, ese insultante apelativo con el que desde la suficiencia y el poderío de países como Alemania o Reino Unido nos han dado en llamar, han dicho basta. Grecia rompió el fuego, nunca mejor dicho, e Italia, Francia, España, Portugal, Islandia o Irlanda han dado un paso al frente y, por primera vez en la historia de Europa, han dicho “hasta aquí y de aquí en adelante, ni un paso atrás”.

Las revueltas tienen un mismo origen en todos los casos: la situación económica que se vive en los países de la Zona Euro. Una crisis que arrastramos desde hace ya más de cuatro años, que se ha permitido -cuando no animado- desde el FMI o los bancos centrales, y de la que son culpables en gran medida los bancos, las agencias de calificación o los especuladores de fondos de inversiones.

Contra esos criminales se lucha y se protesta en los llamados PIGS. Algunos, como Grecia o Portugal, están contra las cuerdas, sumidos en la bancarrota y forzados a un cambio de gobierno que ha puesto esos estados en manos de la derecha más neoliberal. Otros, como Islandia, han sido capaces de hacer frente a sus deudas millonarias, negándose a pagar aquellas que fueron consecuencia de las especulaciones de sus banqueros o políticos. Y no solo eso, sino que en una demostración de madurez democrática que para sí quisiéramos nosotros, han llevado a sus gobernantes, empezando por el ex primer ministro Geir Haarde a los tribunales, haciéndole responsable de la situación.

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Continua la lucha contra los deshaucios
Foto: Alvaro Minguito y David Fernandez

BERLUSCONI PIERDE EL REFERÉNDUM

Sin duda muchos italianos -y no pocos españoles- vemos con envidia cómo se las gastan por el norte de Europa. ¡Qué esfuerzo y cuánto trabajo está costando el cortarle las alas, la cabeza o lo que haga falta, políticamente hablando, a Silvio Berlusconi! Esta semana la mayoría de los italianos, tras una masiva y sorprendente asistencia a las urnas de los electores, ha decidido que lo que se presentaba como un referéndum para decidir la aprobación de cuatro propuestas presentadas por Il Cavaliere, pero que en realidad era una burda maniobra para asegurarse el sillón que últimamente no para de tambalearse, se ha convertido en un plebiscito en el que Berlusconi ha podido comprobar que ya nadie le apoya. Tras las multitudinarias y numerosas protestas que se suceden desde hace meses en Italia, este referéndum ha servido para constatar que Il Cavaliere está más en la cuerda floja que nunca, pero esta vez, además, está solo, sin apoyos políticos. Ni siquiera cuenta ya con su compañero de aventuras de la Liga Norte, Umberto Bossi, que como las ratas abandona el barco.

Y si las protestas se extendieron por el norte de África como un reguero de pólvora, algo parecido está sucediendo entre los países del sur de Europa. Si antes fue Francia y sus protestas durante casi todo el pasado año, en contra de las reformas salariales y la edad de jubilación; después Grecia, Islandia o Portugal, ahora España ha despertado del letargo y son sus jóvenes los que han tomado el relevo. Movimientos como Democracia Real Ya o el Movimiento del 15-M, nos han demostrado que nuestros jóvenes no están dormidos, que no solo están indignados, sino hartos, y que sus luchas, sus manifestaciones, sus acampadas han venido para quedarse.

Si alguien pensaba que esto era flor de un día y que tras las elecciones todo se disolvería como un azucarillo, han errado en las previsiones. Han subestimado la potencialidad y la espontaneidad de sus acciones y ahí es donde han fallado. Han juzgado a los jóvenes y sus formas de protesta con los parámetros viejos y caducos con los que se ha movido hasta ahora la vieja sociedad europea. Y estos jóvenes tienen ideas, fuerza y, sobre todo, arrojo y paciencia para hacer las protestas de una forma novedosa y, desde luego, eficaz.

LLANTO Y RECHINAR DE DIENTES.

¿Cuántos de los que los juzgan, empezando por los políticos, han pensado y razonado que tal vez su forma de entender el juego democrático está ya caduca? Claro que la comodidad en la que viven instalados, como el sillón de Berlusconi, también se tambalea. De ahí la miopía que padece este país, que no quiere ver que la sociedad del «todo vale», la del gasto desmedido, la de los chanchullos y las corrupciones sin tasa, hace tiempo que ya terminó. Ahora recogemos las migajas de esa época de desenfreno en forma de vergonzosos desahucios, ERES, cierres de empresas, subidas de impuestos, bajadas de salarios, reformas laborales y amenazas de que lo que hemos conocido, por muy malo que fuera, no será nada comparado con lo que desde el FMI, el Banco de España, la CEOE, la oposición y el propio partido socialista nos auguran para un futuro bien próximo.

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