
Música fúnebre, monos blancos y mascarillas, pancartas y carteles recordando la tragedia japonesa. Seriedad y tristeza en el ambiente. Incluso el grupo de tambores que acompañaba a los congregados -Ritmos de Resistencia, siempre dispuesto a alegrar el ambiente- estaba ayer más triste y su música sonaba en tonos formales y serios.

Un recuerdo para Fukushima y para el pueblo japonés durante la lectura del manifesto por el periodista José Luis Trasobares. Y un aviso: la central nuclear de Garoña, que se encuentra en la cabecera del río Ebro, debería estar cerrada hace ya mucho tiempo.

Si sucediese algo parecido a lo de Japón, Zaragoza -y con ella todos los pueblos por los que discurre el Ebro- se verían afectados en mayor o menor medida por algo similar a lo ocurrido en Fukushima.
Por eso, al finalizar su lectura, se escucharon gritos reclamando su cierre, al igual que las de Cofrentes, Vandellós o Ascó.

Y para finalizar el acto, un simulacro de accidente nuclear. El mensaje era claro: “No a las nucleares. Garoña, cierre ya. Ninguna central es segura ”.
Seguía lloviendo cuando la plaza volvió a quedar en silencio. Solo eran gotas de lluvia; la otra, la ácida, por ahora solo cae en Fukushima. Sus gentes están en el corazón de muchos de nosotros.

Boletín Radiofónico DIAGONAL 139