Los herederos ideológicos de la dictadura, seguros de la impunidad que se les habÃa regalado a través de una amedrentada ley de amnistÃa, arremeten contra el magistrado resucitando el temor al fantasma de la guerra civil y al revanchismo de los perdedores.
Todo esto puede suceder porque nuestra transición está plagada de mitos y verdades a medias. Aunque es cierto que trató de conjurarse la posibilidad de un nuevo conflicto nacional, la reconciliación de los bandos fue impuesta y tuvieron que pasar más de 30 años para conseguir una condena parlamentaria del régimen fascista.
No se juzgaron las responsabilidades criminales y la petición de perdón a las vÃctimas del franquismo tardó 24 años en llegar. Igualmente, las indemnizaciones resultaron ridÃculas y se exoneró de responsabilidades a las grandes fortunas amasadas con el trabajo de los esclavizados presos polÃticos.
En cuanto al consenso polÃtico, resulta irreal si consideramos que 40 años de dictadura arrasaron con la formación polÃtica de una ciudadanÃa que, pese a agruparse en partidos cuyo principal objetivo era liberarse de la dictadura, tuvo que conformarse con que siete padres de la patria fueran los redactores de la Constitución, que no contó con una participación popular y que excluyó, por ejemplo, a los representantes vascos.

La monarquÃa como modelo de conciliación elegido por los españoles es otra falacia. Fue el propio dictador quien designó a Juan Carlos como heredero del trono a instancias del mismÃsimo Nixon, que temÃa por el posible caos que supondrÃa la desaparición de Franco. Tampoco se depuraron los residuos autoritarios que permanecieron en las administraciones o en el poder judicial, transmitiendo este letal legado a sus sucesores. Ni se resolvió el problema de las identidades nacionales vascas, gallegas o catalanas, que debieron conformarse con un modelo de comunidades autónomas que se debate entre el centralismo y un federalismo que no acaba de llegar. O un sistema de partidos que actúa de forma piramidal, excluyendo la participación de las bases y alejándose de la auténtica pluralidad democrática.
Si sumamos a todo esto la falta de libertad de la prensa y los medios de información que, al regirse por cuestiones mercantiles, deben obediencia a los grupos económicos que los financian, podemos comprender mejor que organizaciones como Falange o Manos Limpias, que en Alemania serÃan ilegalizadas por apologÃa del fascismo, campen a sus anchas y se permitan el lujo de pedir la inhabilitación de Baltasar Garzón.
Vivimos en un paÃs que tiene miedo a sacarse las legañas de los ojos. A restituir la memoria de nuestra historia para poder avanzar con paso firme y seguro. Liberados de todos estos espectros del pasado que suponen un pesado lastre y nos impiden perfilar un auténtico estado democrático que garantice nuestras libertades y derechos. De aquellos antiguos barros, surgen los actuales lodos.
BoletÃn Radiofónico DIAGONAL 139