El esperpento se ha adueñado del escenario polÃtico nacional. En el último acto de esta tragicomedia contamos con la estelar actuación de don Mariano Rajoy que, ninguneando a los tribunales cuya independencia se desgañita en reclamar, e ignorando la prometida limpieza de su destartalada casa, mantiene que Camps será candidato popular en 2011 digan lo que digan los togados que lo deben juzgar.

¿Saben aquel que diu que va Marianico Rajoy y se inventa un código ético contra la corrupción? SÃ, hombre, sÃ. Este es muy bueno. Hace escasamente cinco meses va el presidente de la oposición y, atendiendo al clamor popular que exigÃa medidas ejemplares ante los casos destapados, lanza el compromiso de perseguir implacablemente cualquier atisbo de corruptela que pudiera manchar el "impoluto" historial del Partido Popular. Ardua labor que el intrépido capitán araña aseguró acometerÃa sin que le temblara el pulso a la hora de cortar la cabeza, metafÃsicamente hablando, de todos los felones. Pero claro, en un partido cuyas siglas aparecen, un dÃa sà y otro también, envuelto en toda clase de escándalos y malversaciones a lo largo y ancho de las comunidades que gobierna, ¿por dónde empezar?, ¿cómo practicar esa cirugÃa sanatoria sin acabar dejando al enfermo, el Partido Popular, desmembrado y posiblemente eviscerado a causa de lo extendida y arraigada que está la infección que padece?
Son tantos los candidatos por méritos propios que el pobre Mariano teme que, de practicar esta asepsia, el PP se vacÃe de representantes en las comunidades donde más manda y en las que, paradójicamente, la calaña moral de estos personajes no ha perjudicado en absoluto su rentabilidad electoral. Rajoy sabe que "España es asÃ". Que hoy se puede decir una cosa y mañana la contraria, gracias a la idiocia mnemotécnica que afecta a nuestro pueblo. Que un ladrón, si es un hábil populista y detenta un cargo de poder, cuente en nuestro paÃs con su cohorte de incondicionales entregados a un fervor hipnótico ante las habilidades para el latrocinio que tiene el personaje. En espera, quizá, de que les salpique parte de la abundancia que consiguen sus Ãdolos con sus labores de atraco continuado a la caja común.
Pero, volviendo al chiste, ahora va Marianico y asegura que Camps, ese señor al que la sastrerÃa le pone tan burro que le nubla la razón y la moral, seguirá siendo el candidato popular valenciano, digan lo que digan los jueces. ¡Chúpate esa, plebe democrática! Queriendo. Porque lo que viene a decir Rajoy, dinamitando su propio discurso de hace cinco meses, es que se pasa a los tribunales por el forro de la gaviota y que estarÃa dispuesto a presentar a las próximas elecciones a un corrupto convicto que, a lo mejor, podrÃa tener que acabar gobernando desde la cárcel de Picassent. Sin embargo, no crean que los pilares de nuestra democracia se tambalean ni que masas enfervorecidas de ciudadanos, entre ellos los votantes honestos del PP, salen a la calle exigiendo una rectificación del presidente pepero.
En Carpetovetonia estas cosas no pasan de la mera anécdota. Nos hemos hecho tanto a la desfachatez que soportamos muy bien el esperpento entre nuestra clase polÃtica. ¿Y saben lo peor? Que soy capaz de visualizar a Camps desde su celda mega-super-vip, vestido con un pijama de seda de rayas, dirigiendo el futuro de la Comunidad Valenciana. ¡Este paÃs me va a matar!
BoletÃn Radiofónico DIAGONAL 139