Vivimos el dÃa a dÃa sin apreciar las pequeñas cosas que nos la hacen posible, sin valorar a los seres que nos rodean.
Vivimos deprisa, sin pensar, exhaustos de aquà para allá... y cuando en alguna ocasión la vida nos sacude es cuando tomamos conciencia de que nos llenamos de cosas y actos vacÃos de contenido.
Hay que pararse y escuchar al corazón, saber qué momentos nos llenan de gozo, qué es lo que nos conmueve. Conocernos es una tarea difÃcil porque la sociedad nos hace comportarnos de acuerdo a sus normas para ser aceptados desde la infancia. Lo que creemos que somos o cómo somos es una imagen distorsionada.
Escarbar y encontrarse cuesta. Desgraciadamente no nos lo enseñan en el colegio, es la escuela de la vida la que a veces no lo muestra. Pero muchas veces este conocimiento llega cuando la vida ha llegado a la madurez, cuando casi la hemos perdido.
Cuando la vida te da una prórroga, aún tienes la ocasión de separar el grano de la paja.
Porque lo verdaderamente importante no es poseer sino compartir. A la tumba nos iremos con las manos vacÃas y el corazón lleno.
BoletÃn Radiofónico DIAGONAL 139