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Global | Las comunidades del altiplano boliviano en la cumbre del clima

Crónicas de Copenhague (III)

A Copenhague no solo acuden los líderes mundiales a discutir y llegar a acuerdos que prorroguen el más que finiquitado Protocolo de Kioto. Estos días por el hall del Klimaforum han pasado inumerables ONGs, grupos de activistas, periodistas y representantes de países que ni siquiera seríamos capaces de situar en el mapa.

Maribel Martínez (Copenhague)
Domingo 20 de diciembre de 2009.

Entre este animado y colorista grupo de personas nos hemos encontrado a la delegación de Bolivia, formada por unas 25 personas. Comisionados por los pueblos indígenas, elegidos entre los notables de cada comunidad, tienen un portavoz oficial y varios líderes que durante estos días se han entrevistado con todo aquel que ha querido escucharles. Con dos de ellos hemos podido charlar en un descanso de su agitada agenda de visitas, contactos y protestas.

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Fotos: Ecologistas en Acción

Félix Laimi Poma es un líder mallku del Congreso de Aguas y Marcas de Collaguazo en el altiplano boliviano. En su credencial figura como comisionado de medio ambiente y biodiversidad. Su comunidad de procedencia es Sopocachi. A primera vista destaca su colorida vestimenta que ni el gélido frío que estos días reina en Copenhague ha podido tapar. No es ni joven ni un anciano, pero a través de sus palabras se percibe que reúne toda la sabiduría del pueblo indígena al que representa.

Al principio se muestra reacio a hablar con Diagonal, pues su experiencia con los periodistas durante la Cumbre no sido muy buena: “Muchos periodistas nos han entrevistado estos días, pero hasta ahora no hemos visto nada publicado. Nos sentimos muy defraudados, parece que a nadie le interesan ni nuestros problemas ni nuestras reivindicaciones”.

Afirma que saben que lo que han venido a denunciar es poco comparado con las grandes palabras que han escuchado aquí, pero para sus comunidades el que desaparezca su glaciar, el Illimani, les condena a desaparecer como pueblo y con él su cultura.

Están aquí para pedir que se reduzcan las emisiones de CO2, pues saben que son las causantes de que en los últimos años las temperaturas hayan aumentado en más de dos grados. Su consecuencia más grave es que el Illimani está desapareciendo. “En siete u ocho años ya no quedará nada de él”. Si esto sucede, desaparecerá no solo el glaciar, tambien lo harán las comunidades y pueblos indígenas que necesitan de su agua para sobrevivir. “Si desaparece nuestro glaciar, ¿de dónde sacaremos el agua para nuestros hijos, animales y cultivos? Estamos agrediendo a la Pachamama, nuestra Madre Tierra, y ella está enfadada. Nosotros nos sentimos amparados por ella”.

Félix Laimi y los otros comisionados representan a cinco organizaciones de la zona de los Altos de Bolivia-La Paz. Son todos agricultores, gentes acostumbradas a hablar de cosas sencillas como son las papas, habitas o el maíz que cultivan. Aquí han cambiado sus humildes vestimentas del campo por sus mejores galas que con orgullo exhiben en el Fresh Center. Traen a la Cumbre la preocupación por el futuro que les espera a las 15.000 personas de unas 45 comunidades a las que representan.

Estos días en Copenhague han sido muy duros para ellos. Nada más llegar aquí participaron en la manifestación del martes 15, sin duda la más duramente reprimida por la policía. Ellos recibieron como los demás un trato denigrante y vejatorio. “Cuatro de nuestros compañeros han sido detenidos y aún no tenemos noticias de ellos. No esperábamos este trato de la Policía, somos gente tranquila, nada violenta, y recibir palos cuando lo que queríamos era contar lo que nos pasa ha resultado devastador para muchos de nosotros”.

“Gracias a compatriotas que viven en Dinamarca hemos podido no solo viajar sino que ellos nos han proporcionado albergue, comida y, en más de un caso, ropa de abrigo”, nos dice Alivio Aruquipala, otro de los líderes bolivianos desplazado a Copenhague y perteneciente a la comunidad de Khapí.

Achachila, la abuela de las nieves, está enfadada

En aymará Achachila, la abuela, es la nieve, el glaciar. Desde siempre ha estado con ellos, por eso la respetan, le hacen ofrendas, fiestas y bailes. Con ellas le dan las gracias por el agua, por la vida. Ahora que el glaciar desaparece, con él desaparecerá su modo de vida y su cultura. Los más ancianos, los depositarios del saber y las tradiciones han sido desde antiguo también sus hombres-medicina, pues carecen de médicos. Son ancianos sabios y respetuosos con la naturaleza, sin embargo no hay conocimiento que pueda parar un desastre como el que amenaza a estos pueblos del altiplano boliviano. “Si la selva y los glaciares desaparecen, estamos enfadando a la Pachamama y a Achachila”.

Antes llovía un mes seguido, nevaba y se reponía el glaciar. Ahora lo hace como mucho algunas horas, soplan grandes vientos que arrasan la tierra y las cosechas se pierden. Hasta ahora estas comunidades han sido autosuficientes, viviendo de lo que cultivan y de algo de ganado, por lo que si hace calor y desaparece el glaciar, desaparecerá también su forma de subsistencia.

El calor hace que las plantas enfermen y necesiten insecticidas que son muy caros. “¿De qué sirve llevar la cosecha al mercado, si “a platica que ganamos la tenemos que emplear en comprar productos químicos para combatir las plagas?”, se pregunta. “Nuestros animales enferman y para comprar medicinas tenemos que vender una vaquita o una llama”.

Según cuenta, esta forma de entender y sentir la tierra forma parte de la cosmovisión andina: “Si Achachila, la abuela, está enfadada nuestros niños enferman”. La vida es más difícil, los casos de cáncer y gripe, enfermedades prácticamente desconocidas antes, se multiplican. “¿A quién vamos a recurrir?. Por ellos, por nuestras comunidades estamos aquí”. Piden que se reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del aumento de las temperaturas en el altiplano y de la más que previsible desaparición del glaciar Illimani.

Le pido un mensaje para el presidente Zapatero: “Le rogamos que nos devuelva en forma de ayudas parte de lo que durante la época de la conquista americana se llevaron en oro y plata. Nosotros les hicimos ricos a ustedes hace 500 años, por eso les pedimos que ayuden ahora a los pueblos indígenas”.


Vergüenza climática en Copenhague

Para Ecologistas en Acción, los últimos intentos desesperados no consiguen salvar una Cumbre de Copenhague que debía marcar el inicio de una batalla real contra el cambio climático basada en un acuerdo legalmente vinculante, ambicioso y justo. Los líderes han fallado.

La antigua forma de hacer política, en la que los líderes del reducido grupo de países influyentes conseguían solucionar los problemas, fracasa en Copenhague. Los países del ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblo de nuestra América) y Tuvalu frenaron una propuesta de alrededor de 20 países que, con Estados Unidos a la cabeza, pretendían dejar de lado a la mayor parte de la población mundial para sacar adelante un texto sin cifras de reducción de emisiones para los países industrializados, ni siquiera un objetivo global de reducción de las mismas y con términos demasiado vagos como para ser considerado seriamente. Sin embargo, una vez que alcanzaron la redacción conjunta del texto, lo presentaron como el Acuerdo de Copenhague, cuando todavía no había sido llevado al plenario para que se aprobara por el resto de los países.

En estos momentos, según Ecologistas en Acción, la decepción y la vergüenza por la actuación de los jefes de Gobierno y Estado reinan en Copenhague. El carácter multilateral de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) y la participación igualitaria de todos los países del mundo, independientemente de su poder, tamaño o capacidad de influencia, se encuentra en peligro. Y con ello la supervivencia de millones de personas, cuyo futuro está todavía unido a la firma de un acuerdo ambicioso y justo, que permita mantener la continuidad de la lucha internacional contra el cambio climático mediante compromisos obligatorios.

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