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Global | Escenas de la vida cotidiana en Chiapas

Chavos y chamacas en el sureste mexicano

Una aproximación a la vida de los jóvenes indígenas en las selvas mexicanas del estado de Chiapas.

José Luis Martínez /Fotos: Maribel Roldón
Domingo 25 de octubre de 2009.

Severiano es indio, joven y zapatista. Labios carnosos, ojos de almendra, cuerpo de tigrillo. Una escultura viviente. Su carnal Miguel lo llama «Brus Li», lo mismo que un comandante del Ejército Zapatista. Esta nueva generación de chavos ya agarró la antorcha de manos de los alzados de 1994.

Severiano viste una playera estampada con la imagen de Bruce Lee en postura de combate. Con otros cuates de su edad anda atendiendo un balneario recuperado por los zapatistas en la Zona Norte. Puro hotelito autónomo. Los caciques de la región no ven con buenos ojos esta incursión de los indígenas en la hostelería. Traman planes para despacharlos.

Severiano practica kárate en la noche, a la luz de miles de luciérnagas. Muy ahorrador él. Pero hace dos semanas, cuando los caciques vinieron a sacarlos por la fuerza del balneario, Severiano se abalanzó sobre ellos machete en mano. ¿Será que todavía no conquistó el título de cinturón negro, primer dan?

CARGAR

Aquí las chamaquitas andan cargando todo el día. Cargan como mulas desde los 6 años. Cargan leña para cocinar. Cargan a sus hermanitos más chicos. A veces, incluso cargan el agua para tomar, en un estado que almacena el 90% del agua dulce de la República. Las chamacas andan siempre cargando pero son bien poco cargantes. Puestas a cargar, cargan ya con responsabilidades en el gobierno de las juntas de los Municipios Autónomos zapatistas. Ya los pantalones comienzan a desplazar las tradicionales faldas listadas. ¡Háganse ustedes cargo!

FIERROS

Don Chemita está en el bote. Ya lo apresó la policía federal en el penal del Amate. Don Chemita está viejito pero el mal gobierno no le perdona su vida de luchador social. No le perdona ser líder agrario en la región de Carranza. No le perdona su reciente huelga de hambre defendiendo la ocupación de una finca por campesinos pobres. Camionetas de agentes, disfrazados de operarios de la luz, llegaron a su poblado para robarse a don Chemita. Lo arrastraron como a un costal de frijol. No hay respeto.

Unos chavos salieron en persecución de los pistoleros. Los pinches policías sacaron sus fierros y tirotearon su carro. Uno que le dicen Jerusalén murió en el suceso. Los otros quedaron malheridos en la terracería. Demasiado dignos. Demasiada traición.

GRATOS

Los chavos, en Chiapas, comen casi todos los días. Puro maíz y frijol. Incluso fuman alguna vez.

-Compa, ¿hace un «Gratos»? -le pregunto a un chavo.

-¡Si hay, don Chepe!

El pinche «Gratos» mentolado, sin filtro, es un lujo en los poblados. Se fuma -¡si hay!- al anochecer. Tras regresar del trabajo en la milpa y asearse en el río. En torno al humo del «Gratos» se arman buenas pláticas. El cigarro es medicinal. Soplado su humo en la muela alivia ese dolor cabrón que no cesa de chingarte. Ni aún entonces lanzan un quejido estos chavos. Pero no hay lana para comprar cigarro a cada rato. Digo yo que fuman tan poco por seguir los consejos de la Organización Mundial de la Salud.

MALINCHE

Fue mítica princesa indígena que se alió con Cortés para derrotar al imperio azteca. Malinche es sinónimo de traidor como Sabines lo es de priista (cacique del viejo partido-estado, el PRI). Sabines es tan priista como malinche. En una semana cambió de caballo ingresando en el PRD para garantizar su elección como gobernador de Chiapas. Visto y no visto.

Pero Sabines es un hombre de principios. Por principio mandó asesinar campesinos rebeldes. Por principio sobornó líderes agrarios para desarmar al movimiento campesino. Por principio se enriqueció él y su familia con la política. Por principio apoya el paramilitarismo y la represión de los indígenas.

Los chavos andan aquí bien alertados de Sabines y sus ataques de principios.

CALDO

Tras el alzamiento indígena de 1994, los zapatistas recuperaron grandes fincas de la selva, abandonadas por los terratenientes. Cerca de Comitán un grupo grande de campesinos ocuparon la hacienda del cacique y asesino Absalón Castellanos. Varios chavos habían sacrificado una res y la andaban guisando, en caldo, adentro de una gran olla. Un periodista, testigo del hecho, les recriminó su acción:

-¿Que no ven que van a necesitar esa res el día de mañana?

-¿Será que hay mañana, patroncito…? -respondieron los chavos y continuaron con la pitanza.

FREGAR

Veo a los chavos fregar su bol después de comer potzol (maíz triturado disuelto en agua).

-Oiga compa, mire usted que yo no «friego» -dice el chavo-. Yo no más lavo mi traste.

Friegan los zancudos, por miles, capaces de traspasar acero con su aguijón. Friega el hambre cuando ni alcanza para pura tortilla.

Aunque fregar, de a veras, friega el pinche gobierno, que no cesa de chingar a los pobres, como si no más les tuviera coraje. Recordando a nuestros clásicos del Siglo de Oro, a la policía la nombrarían como «la Ilustre Fregona».

GUADALUPANA

La Virgen de Guadalupe, para chavos y chamacas, es más que Dios. Es la primitiva Madre-Tierra, enmascarada de virgen, para protegerla del «Conquistador». La Guadalupana hace milagro. Una vez, sin ir más lejos, hizo el prodigio de sacar a un cuate, rodeado por cientos de federales, bajo sus augustas sayas.

Aunque aquí, para prodigio, ninguno como el Milagro Mexicano. El antaño presidente Miguel de la Madrid metió a México en el neoliberalismo y bajo su amparo inmensas fortunas se amasaron en las filas del gobierno. El viejo tigre priista Carlos Slim, número uno en el ránking de los multimillonarios mundiales, acaparó un patrimonio similar a la renta de quince millones de mexicanos pobres. Ya ven que la Virgen, a su lado, una aficionada en esto de hacer milagros.

MOSCOS

Los chavos y las chamacas, cuando no andan chambeando, se la pasan ahuyentando el mosco. Zancudos prolíficos, emperadores de la malaria. Chaquiste atroz, amante de las riberas, de mordedura mordaz. Mítica mosca chiclera. Esa que transmite la lepra de la montaña. Pica tu oreja y en unas semanas se te cae, no más.

Cuando chavos y chamacas hacen servicio de armas, en el Ejército Zapatista, allá en la selva, temen a esta mosca como a la peste. En antes, curaban su picadura con el ácido de la batería de un carro. Ahorita los güeros que vienen de Europa les traen medicina que no quema. De contrabando, ni modos. Será para evitar que sigan arruinando baterías.

PALMAS

En las comunidades, ahorita, se escucha música bien chingona: Juanes, Shakira, Los Tigres del Norte, Mijares... Hasta Camilo Sexto, que aquí no se hace ascos a nada. Rancheras, corridos, rumba, reguetón, marimba y danzón.

En la selva, la neta son los tecladistas. Con un minisintetizador, bajo eléctrico, batería y acordeón, rápido te organizan un bolo, si hay lana para pagarlo. Ni más ni menos que en las fiestas de Belchite. No hay fiesta comunitaria que se precie sin su tecladista.

Ahora sí, la música más exótica la interpretan las chamacas indígenas. Siempre de madrugada. Es una suerte de flamenco pachuco que se acompaña con palmas. Es la entrañable melodía de las muchachas palmeando la tortilla de maíz antes de asarla en el comal. Puro duende tzeltalero.

SUSURROS

Chavos y chamacas no hablan, susurran. Ni aún para pelear levantan la voz.

Un año atrás, por estas fechas, se produjeron graves incidentes entre policías y campesinos, en la zona turística de Chinkultic. La policía del estado secuestró a seis campesinos, algunos puro chavitos. En un recodo del camino a Comitán los ultimó a balazos. A sangre fría.

Un año después los uniformados siguen en libertad. La mitad de los paramilitares «Máscara Roja» encarcelados por la matanza de Acteal, en 1997, salieron del bote sin cargos. Más números a la interminable lista de la impunidad. Aquí solo levanta la voz el mal gobierno.

CALDERA

Dicen aquí los diarios que la crisis y la pobreza tornaron de nuevo a México en una caldera a presión.

-¿Caldera?, será mero mero Calderón… -dice Severiano, en plan sentencias.

Calderón, don Felipe. Ese escuincle (perro) que duerme en «Los Pinos» (residencia presidencial)

¡Qué cosas tienen los chavos!

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