Dos salas comerciales, en Huesca y Zaragoza, acogen la proyección de Blood money, el valor de una vida. Un documental de propaganda antiabortista que ha provocado el rechazo de feministas aragonesas, que han empezado a recoger firmas para difundir su protesta.Las películas que llegan a los multicines de la ciudad de Huesca son generalmente las grandes producciones del cine norteamericano: si tus intereses cinematográficos son otros lo más probable es que no pises ese recinto. El cine presenta el aspecto de una empresa con dificultades económicas, ofrecer una oferta más diversa seguramente le reportaría más beneficios y a la vez mejoraría la oferta cultural de la ciudad.
Esta semana la programación presentaba una novedad: incluía un documental. Lamentablemente, no pertenecía a la interesante producción que existe en este género y que nunca llega a nuestra cartelera. Este documental norteamericano no es una obra cinematográfica propiamente dicha, es el discurso de los grupos “antielección” en el tema del aborto, un alegato antifeminista, un recurso propagandístico con tono de adoctrinamiento y la consecuente puesta en escena, que debería ser presentado como tal y no ser exhibido en una sala comercial como un documental más.
Son casi 90 minutos en los que condena a las mujeres que interrumpen su embarazo, partiendo de enunciados que son opiniones pero que se presentan como evidencias científicas. Considera a las que han abortado cómo víctimas de la sociedad a las que no se ha ofrecido otra opción, identifica la maternidad con nueve meses de embarazo, sin referencia a los derechos sexuales y reproductivos, reduce a las mujeres a un mero recipiente portador de otro ser, sin capacidad ni derecho para decidir sobre sí mismas. No hay referencias a las complejidad y diversidad de situaciones en las que se puede producir un embarazo, ni referencia a la paternidad, ni a la intervención del hombre en el embarazo, como tampoco a la responsabilidad de traer a un ser al mundo y las necesidades humanas. Su “análisis” no está contextualizado, oculta información, miente y simplifica la realidad.
La presencia de imágenes religiosas cristianas de fondo es constante, pero no se presenta como el punto de vista de una confesión religiosa. Recurre también a imágenes impactantes de fetos y bebés, que generan impresión y rechazo. Los testimonios de mujeres son sólo de víctimas arrepentidas y los de hombres de legisladores, científicos y religiosos de una misma ideología.
El documental descalifica a las posturas que defienden la educación sexual, la anticoncepción y el aborto, y las asimila directamente a la esclavitud y al nazismo. La intensidad se incrementa hasta provocar miedo cuando describe las que considera catastróficas consecuencias del aborto: suicidio, muerte, trastornos mentales, infertilidad, tormento y culpa. Llega a equiparar el aborto con el asesinato y la pérdida de millones de vidas, pero no analiza las consecuencias del aborto clandestino y los beneficios en la salud cuando el aborto se hace en buenas condiciones sanitarias.
Y para no perder la oportunidad, en la edición española presenta las caras visibles de los popes de las organizaciones antielección en nuestro país: aparecen expresando abiertamente su postura contraria a la recién aprobada reforma del aborto, demonizando a las clínicas y profesionales que ofrecen servicios de aborto y culpando a las mujeres que interrumpen su embarazo del incremento del gasto sanitario.
Blood Money es una perla de desinformación en el tema del aborto, una actualización del reportaje panfletario El grito silencioso, un atentado a los derechos sexuales y reproductivos y a la dignidad de las mujeres, apoyado por el sector más fundamentalista de la iglesia y de la ciencia y con el que la empresa de los Multicines de Huesca claramente se ha alineado.
Documental ultra polémico
El documental Blood money, el valor de una vida se ha estrenado en más de 30 ciudades españolas. Actualmente se exhibe en Aragón en Cinemundo Huesca y los cines Aragonia de Zaragoza. Organizaciones antiabortistas como Hazte Oir o Derecho a vivir acusaron al Ministerio de Cultura de boicot por calificarla "para mayores de 18 años", pero se estrenó con la calificación para mayores de 16. La película está narrada por la doctora Alveda King, sobrina de Martin Luther King, también conocida por encabezar marchas en contra del aborto y por su activismo "antigay", con afirmaciones recientes en las que calificaba el matrimonio homosexual como un "genocidio" que llevaría “a la extinción".
Desde el grupo de debate feminista Witch 2.0 se están recogiendo firmas para enviar a los medios de comunicación un escrito de protesta por "este alegato de los grupos antielección contra el aborto, un documento panfletario de lo más reaccionario".
Boletín Radiofónico DIAGONAL 139