Por nueve votos a favor y seis en contra, el Tribunal Constitucional italiano, compuesto por 15 jueces, ha declarado inconstitucional el Laudo Alfano, ley aprobada recientemente a propuesta de Silvio Berlusconi y que no tenÃa más objeto que conseguir la inmunidad para los cuatro altos cargos del Estado, impidiendo asà que fueran llevados ante los tribunales durante el ejercicio de su mandato.
Una estrategia más de las muchas promovidas por Il Cavaliere en su intento de blindarse ante la justicia, ya que de los cuatro altos cargos, Berlusconi es el único que tiene cuentas pendientes con la Justicia.
La decisión de los 15 jueces del alto Tribunal es claramente contraria a los intereses polÃticos y empresariales del primer ministro, ya que lo equipara al resto de los italianos. Ante las pretensiones de inmunidad que la Ley Alfano amparaba, el Constitucional echa mano de la legitimidad de la Constitución italiana, que en su artÃculo 3 habla de que «todos los italianos son iguales ante la Ley, y por tanto nadie es inmune a ella». Por otro lado el Tribunal alega que, según el artÃculo 138, para tratar una cuestión de derecho tan fundamental es necesaria una ley de rango constitucional y no una ordinaria como la Alfano.
Malos tiempos corren para Silvio Berlusconi una vez perdida la inmunidad, ya que tendrá que responder a dos de los cuatro procesos congelados por la Ley Alfano y que tras esta decisión serán reabiertos.
El primero será ante el Tribunal de Milán, donde debe responder a la acusación de soborno al abogado británico David Mills –condenado a cuatro años y seis meses de cárcel-. Según la fiscalÃa, le pagó 600.000 dólares para que mintiera a los jueces en su favor y asà ser exonerado de delitos de fraude fiscal en la venta de los derechos televisivos de su imperio Mediaset.
Otro frente que se abre es la acusación que prepara un fiscal por apropiación indebida a través de la empresa Mediatrade y que se encuentra en la fase preliminar de instrucción.
La reacción del primer ministro
Nada más conocerse la noticia, Silvio Berlusconi ha reaccionado con la contundencia y fanforronerÃa habitual. Ante la pérdida de su inmunidad ha contestado con un desafÃo: «Expondré a mis acusadores al ridÃculo y les mostraré a ellos y a los italianos de qué pasta estoy hecho».
En declaraciones a Radio RAI y tras confirmar que no va a dimitir, aseguró que hay dos procesos-farsas absurdos y risibles que mostrará a los italianos incluso yendo a la televisión, en referencia al caso por el soborno al abogado David Mills. «Sigo adelante, tranquilo y con más fuerza que antes», ha dicho.« El Gobierno continúa serenamente, con más ganas si cabe, ya que me considero indispensable para la democracia y para el bienestar del paÃs».
El primer ministro arremetió contra el jefe del Estado, el ex comunista Giorgio Napolitano, al que acusó de ser de izquierdas. Incluso se atrevió a decir que la ley rechazada podrÃa haber sido aprobada si Napolitano hubiera intervenido ante los jueces inclinando la balanza a su favor.
Nadie quedó inmune a sus ataques, jueces, polÃticos, periodistas, incluso llegó a meterse con los invitados del programa Porta a Porta de la RAI. Tal era el tono de su enfado que llegó a decirle «eres más guapa que inteligente» a la diputada del Partido Demócrata, Rosy Bindi, cuando ésta salió en defensa del presidente Napolitano.
La tormenta desencadenada con todas estas declaraciones ha obligado al portavoz del Gobierno, Paolo Bonaiuti, a salir en defensa de Berlusconi con la excusa de que son momentos de gran agitación y pueden ocurrir cosas asÃ.
Por primera vez en mucho tiempo, el Caimán no se siente tan seguro y parece que tiene miedo. Ha hecho incluso un amago de dimitir -que no cumplirá- y aunque cuenta con los apoyos de sus compañeros de gobierno, entre ellos el lÃder de la Liga Norte, Umberto Bossi, quien amenazó con recurrir al pueblo, y de los medios de comunicación de su propiedad que siguen defendiéndole, es casi seguro que los jueces conseguirán sentarlo ante los tribunales, logrando asà lo que no han sido capaces de hacer los polÃticos de la paupérrima y desnortada izquierda italiana.
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