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Basura para el pueblo

La ideología anti-nuclear se estrella contra la situación económica que atravesamos. Como sucede con la xenofobia, la crisis y el desempleo sirven de excusa para justificar posturas que, en circunstancias de bonanza económica, no obtendrían tantos adeptos entre la gente. Los residuos que genera esta producción energética se venden cara a la sociedad como una oportunidad de progreso y futuro para las localidades dispuestas a albergar un cementerio nuclear. Basura nuclear como solución a nuestras inquietudes. Pero ¿a quiénes favorece realmente este negocio?

Ana Cuevas
Domingo 24 de enero de 2010.

La polémica sobre la ubicación de los cementerios nucleares divide a la sociedad acerca de un modelo de energía que cuenta con muchos conversos entre quienes lo defienden. Si hace unos años parecía que la tendencia iba a ser fomentar el uso de energías renovables y reducir los reactores nucleares, ahora se escuchan voces favorables a multiplicar el número de centrales en nuestro territorio.

La crisis económica ha reforzado la línea argumental de los pro-nucleares, que prometen prosperidad y trabajo a los pueblos que accedan a enterrar los residuos bajo su suelo. Pero existe otra lectura, bastante menos populista, que mueve a muchos de los defensores de esta materia. Mª. Teresa Domínguez, presidenta del Foro de la Industria Nuclear, lo explicó con una claridad meridiana: "La implantación de diez nuevas centrales hasta 2030 inyectaría 19,7 millones de euros al sector de la construcción".

Otra vez el cártel del ladrillo que, tras la explosión de la burbuja inmobiliaria, necesita nuevos proyectos para satisfacer su naturaleza depredadora. Pero lejos de causar indignación, sus palabras animan a personajes como el presidente de la CEOE, ese empresario de reconocida honestidad y clarividencia en los negocios, y a la domesticada clase sindical que tiene a bien representarnos, para reclamar un debate sobre la cuestión. De nada sirven las alertas de seguridad que provienen de fallos en centrales como Vandellós II o Ascó.

Si miramos a Europa, nos encontramos con que en Francia la ciudadanía se resiste con uñas y dientes a acoger cementerios nucleares en sus municipios. Y en Austria desde 1999 su constitución recoge el abandono de la energía nuclear. Una tendencia que se ha convertido en doctrina y ha propiciado que antiguas centrales se cubran ahora por paneles solares.

Pero en nuestro país preferimos escuchar los cantos de sirenas que nos embaucan haciéndonos creer que nuestro futuro pasa por enterrar no solo la peligrosísima basura nuclear bajo nuestros pies, sino también todas las esperanzas de explorar otros tipos de energía. Se nos aconseja que seamos agradecidos por la letal ponzoña que, como si se tratara de un regalo que despejará todas las incertidumbres laborales del populacho, nos ofrecen con samaritana displicencia. Discúlpenme porque mi educación me impida señalarles por donde se pueden introducir esta bazofia.


 

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1 Mensaje

  • Basura para el pueblo

    24 de enero de 2010 20:11, por Maricampanas
    Y no nos olvidemos que en los pueblos que se postulan como posibles ubicadores de estos cementerios las decisiones sobre si opta o no a ellos la toman los ayuntamiento. En ningún caso se ha tenido en cuenta la opinión de la población, mayoritariamente en contra en todos los casos. Nos quieren hacer "comulgar con ruedas de molinos" y hacernos tragar un sapo que ningun otro país quiere para sí. Raro es que nuestro ínclito vicepresidente no se haya descolgado alabando la medida y proponiendose, como hace habitualmene, para alojar en nuestra Comunidad no uno sino los que hagan falta. ¡Pues no faltaría más!

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