Todo comerciante sabe de las dificultades para vender una mercancía averiada y de las filigranas que hay que hacer para darle salida. Desde remiendos y capas de pintura en un coche hasta dientes postizos si se trata de un burro. Y, como corresponde, las necesarias recreaciones verbales para convencer al incauto de lo buena y provechosa que va a ser para él la operación que va a efectuar.


La censura es un método utilizado por todos los gobiernos totalitaristas del planeta. La dictadura franquista entendió pronto la necesidad de ejercer un dominio absoluto sobre la información que debía ser filtrada a la población y la que se le debía sustraer. Ahora, sus herederos políticos recurren nuevamente, con más pena que gloria, a esta tradicional práctica fascista.

Las movilizaciones convocadas por los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, en defensa de las pensiones tienen más de impostura que de una contundente respuesta proporcional al ataque que está sufriendo la clase trabajadora. Su pataleta contestataria trata de ocultar, con escaso éxito, años y años de negociaciones cuyo resultado han sido recortes en el gasto social del Estado y el deterioro de las pensiones. CGT ha denunciado recientemente otro caso de ambigüedad sindical en el caso de la planta zaragozana de Opel en Figueruelas.
Incluir al movimiento ecologista en la lista de los grupos terroristas más peligrosos del mundo es una estrategia maquinada y construida con el único fin de desprestigiar a estas organizaciones. Hace tiempo que el FBI y los servicios de seguridad británicos, estadounidenses, franceses e incluso alemanes, prestan una especial atención a las actividades ecologistas y han llegado a introducir topos entre sus filas. El peligro que representa el incremento de la conciencia medioambiental ha sido percibido como un atentado contra los intereses de las grandes multinacionales, auténticas dueñas del planeta, que inescrupulosamente esquilman los recursos naturales para seguir alimentando su insaciable avidez de dinero.

La asociación Movimiento hacia un Estado Laico (MHUEL) ha presentado una instancia solicitando al Ayuntamiento de Zaragoza el cese inmediato de la emisión del cántico católico diario, y por triplicado, que desde la basílica del Pilar se escucha en gran parte de los barrios zaragozanos. Su petición, propia de un estado aconfesional, es conforme a la normativa que el propio Ayuntamiento estableció para la protección del medio ambiente contra ruidos y vibraciones. La polémica está servida y la reacción fundamentalista no ha tardado en desatarse.

Boletín radiofónico Diagonal Periódico, número 121
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