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Zombies, policías y 15M

Maderos, polizontes, guindillas, estupas... hay muchos modos de llamar a la policía, pero aún persiste una duda, ¿qué lleva a una persona a ponerse ese uniforme? La mitología, la sed de emociones y algunas causas inconfesadas son algunas posibilidades.

- Harry el sucio vs. los derechos civiles
- Protectores del sueño americano


Servando Rocha
Miércoles 28 de septiembre de 2011.  Número 157  Número 158
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Foto: Olmo Calvo

Estaban completamente atónitos. Cientos de reclusos de la prisión de San Quintín, histórico emblema de las revueltas negras contra el sistema carcelario, asistían al concierto que Crime ofrecía en el mismo patio. Sin embargo, la banda, una plataforma performativa de auténtico rock and roll en el San Francisco de finales de los ‘70, decidió que aquel día dejarían en el local de ensayo los impecables disfraces de policía con los que solían salir a escena. Vestidos de negro, en una especie de orgulloso luto (un réquiem bajo el sol californiano), disparaban sus instrumentos justo hacia la muchedumbre que levantaba sus brazos.

Frecuentemente, la imagen de los miembros de Crime era similar al aspecto pulcro y brillante de un Lou Reed vestido de cuero negro, al uniforme de los mil y un locales leather que entonces se podían encontrar en la ciudad o a la estética de aquellas películas donde la pasma era convertida en zombie aniquilador como metáfora de la brutalidad policial contemporánea (Stonewall). Y más tarde: el rostro de Hitler en un cartel.

Inaceptable, una mercancía defectuosa, el gesto airado de quien se siente estafado: los rockeros parecían policías y los policías parecían rockeros. Nuestra época es también parte de esta instantánea. El truco de la posmodernidad, teorías aparte, es aparentar ser lo que no se es. Man Ray lo codificó en forma de una plancha que no era tal, sino una obra de arte provista de clavos (¿Qué osado se atrevería a planchar sus pantalones con semejante artefacto?). La policía opera también de la misma forma. Los futuros agentes llenan las academias deseando glamour y un poco de poder, pero también algo sofisticado, más cercano al criminólogo que a quien patrulla las calles de madrugada. Pero al labrarse el porvenir surge el terror, la pesadilla de convertirse en alguien triste y decadente, como el protagonista de Taxi Driver y sus pensamientos en voz alta (“Algún día va a venir una lluvia y va a barrer toda la mugre de las calles”) mientras lentamente atraviesa la ciudad.

Se sienten estafados, sin duda, cuando se ven abocados a recorrer una ciudad cuyas dinámicas y cambios escasamente comprenden, obligados a resolver conflictos para los que carecen de facultades (para eso hacen falta recursos más hábiles que el tratarnos de “caballe- ros”), a aplicar la ley sin atajos. Lo que queda tras una sesión de hiperrrealidad es un agente de policía mutilado, un personaje producto de la televisión, cuerpos de choque que hacen de la comisaría de Leganitos o Moratalaz (en esta última, en una de sus vitrinas, se expone una botella de Radical Fruit a la que han incorporado un poco de tela blanca junto a la etiqueta de “Cóctel molotov casero”) un lugar seguro al que acudir a lamer sus heridas, recorriendo con risotadas los pasillos oscuros que tantos detenidos conocen.

Harry el Sucio o Teniente Corrupto, grandes películas que retratan a polis duros y violentos, escondían interpretaciones más profundas acerca de la condición moderna de este poli humano, demasiado humano. Bajo su mirada, la geografía urbana adquiere la dimensión de un relato de William Gibson y algunos lugares se transforman mágicamente en territorios prohibidos e inhóspitos, cómo el barrio de Lavapiés al que suelen llamar “la jungla”.

Exorcismos

He visto a agentes de policía ser víctimas de exorcismos, os lo aseguro. Sucede con frecuencia, cuando uno de ellos resbala y cae al suelo o cuando se siente incapaz de responder a quien le pregunta por qué oculta su identificación. También sucede cuando tras uno de esos excesos –tan frecuentes en nuestros días– regresa a comisaría y se pone manos a la obra, maquillando el atestado policial. Este documento (el atestado), confeccionado a medio camino entre el cut up de Burroughs y el cadáver exquisito de los surrealistas, exige manos más hábiles que aquellas que se limitan a copiar eso de “y empleando la fuerza mínima y necesaria para reducirlo, debido a las patadas y la gran resistencia que ofrecía el arriba reseñado”. Y entonces resoplan, profunda y densamente. ¡Qué difícil debe ser ensamblar este texto casi convertido hoy en un subproducto literario!, acudiendo a los nombres de Julio Verne o Herman Melville, porque para acabar el trabajo hace falta una imaginación desbordante y el crepitar de lo mejor de la literatura contemporánea (el formidable aparato descriptivo de DeLillo o Celine).

Existe cierta fascinación por el otro, un sentimiento al que han contribuido los miles de indignados de los últimos meses. Estoy seguro que muchos de los agentes, en algún momento, han soñado con habitar las plazas tomadas, compartir charla y solidaridad, habitar el otro. Creo que la seducción de la vida clandestina les llama la atención poderosamente. Para el agente antidisturbios, el anonimato esconde el placer de hacer sin ser identificado, observar seguro a su milicia policial, todos a una y junto a él, justo cuando despega el velcro que sostiene su identificación y “por si acaso” lo oculta antes de poner su pie en la calzada, dispuesto a hacer lo que haga falta y sin explicaciones. El inigualable placer de iniciar la razzia, perseguir a la chavalería y, al sentirse como desnudo y con las manos atadas, utilizar un novedoso invento: grabar a quien te graba, aunque no exista cinta y todo sea simulación, última pirueta de la guerrilla de la comunicación.

Es cierto. Como subproducto televisivo, el poli se convierte en una trituradora de personas cuando comprende que jamás experimentará la destreza de Tom Cruise en Minority Report. Es un esclavo de sí mismo que se sabe recipiente de todo lo malo y ominoso. El único consejo para todos esos aprendices de policías que engrosan las escuelas es el mismo que puedo dar a todo individuo que desee mantenerse cuerdo e íntegro: que destruya el televisor. Burroughs, que odiaba la televisión, en una ocasión afirmó que “los drogados adoran la televisión. Billie Holiday sabía que comenzaba a desintoxicarse cuando no sentía el deseo de ver la televisión”.

Crime exorcizaban a la autoridad imitando a ésta y exagerando todos sus tics. Sin embargo, no era suficiente Y ahora tampoco lo es. Hace falta algo más, algo parecido a una iluminación. Recuerdo que hace poco, durante una manifestación indignada, una chica que estaba a mi lado invitaba a los fornidos agentes a “unirse a la protesta”. Estos la observaban con gesto marmóreo, aunque alguno sonreía. En la grandísima película Están Vivos (1988, John Carpenter), los rebeldes se hacían con unas gafas de sol que, al usarlas y observar a un agente, descubrían que bajo su apariencia humana se escondía el horrible rostro de un no muerto, un zombie que día y noche, abducido por el ansia de control, patrullaba la ciudad en busca de gestos extraños, actitudes inusuales y rostros sospechosos. Y de eso se trata.

Estoy seguro que con menos televisión y con un par de esas preciadas gafas de sol, todo se vería muchísimo más claro y evidente, justo como un inmenso y hermoso fogonazo de verdad. //

Temas contra la policía

Mucha policía poca diversión Eskorbuto (1983): Canción generacional o lema hecho canción, el estribillo de este himno es suficientemente claro para ser recordado desde hace más de 20 años. Conste que Eskorbuto sufrieron la represión policial postfranquista “en sus propias carnes”.

911 is a joke Public Enemy (1988): La policía estadounidense no atiende las llamadas de auxilio de los negros pobres, viene a decir esta canción que fue versioneada en su día por Duran Duran e inspiró la canción antirrepresiva 911 is still a joke del cantautor Jeff Ott.

A.C.A.B. Stage Bottles (1995): A.C.A.B el acrónimo anglosajón para la frase “Todos los policías son bastardos” es el título de decenas de canciones, normalmente de grupos punks y de Oi! La banda Stage Bottles es una de los más destacados del panorama alemán.

Gimme tha power Molotov (1997): De la policía corrupta al poder corrupto solo hay unos pocos eslabones, eso es lo que defiende Molotov en su canción más conocida. El power mexicano aún no se siente y la policía sigue en las mismas en este socio privilegiado de EE UU.

Pork and beef The coup (2001): Mucha marcha en una canción que comienza con el lema “No justice, no peace”, recurrente en las reivindicaciones de los afroamericanos contra la violencia policial y que se despacha explícitamente contra la Policía y la DEA.

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4 Mensajes del foro

  • Zombies, policías y 15M

    29 de septiembre de 2011 13:16, por burmashave
    No hay ningún tipo de esperanza para recuperar a aquel que decide hacerse policía. Ellos no quieren. Prefieren ser el esclavo que cumple ordenes, y que jamás morderá la mano del que le da de comer. En Andalucía se llamaba a este tipo de ser humano: El perro cortijero. Y no habría más que recordar los ghettos judíos, y los propios judíos que eran llamados a vigilar a sus hermanos. La miseria humana puede no tener límites. No olvidemos

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  • Zombies, policías y 15M

    29 de septiembre de 2011 16:20, por UnoMas
    Englobas a todo un colectivo en el que existen muchísimas especialidades tan distintas como Policía Científica, Tedax, GEOS, GOES, Guías Caninos, Caballería, Policía Judicial (con todo el abanico de tipologías delictivas que existen) en una sóla: "el guardia de la porra". Eso demuestra lo pernicioso del artículo, la falta de ética, objetividad y rigor periodístico. Me atrevería a decir que hay cierto resentimiento del periodista hacia las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Resumiendo, un pésimo artículo.

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    • Zombies, policías y 15M 30 de septiembre de 2011 13:43, por nodo69
      El artículo es más que patético, es lamentable. En toda sociedad humana el orden público es algo que debería existir según mi punto de vista, cuanto hemos de agradecer a los cuerpos de policía por combatir el crimen.

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    • Zombies, policías y 15M 26 de octubre de 2011 13:42, por Javier
      Existen muchos motivos para tener resentimiento hacia los guardias de la porra, y hacia la policía en general.

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