
Encontramos en esta antología (dispuesta acertadamente de manera temática y no cronológica, y de cuidada traducción) una voz poderosa e insumisa que se aventura a proclamar la reconquista de la dignidad de aquellos a los que se la han extirpado.
Así, Martín Espada esgrime la poesía como una posibilidad de escape y ruptura de un sistema injusto, cruel y racista. En ese sentido, su condición de hijo de inmigrantes puertorriqueños en Estados Unidos le confiere una perspectiva especial para apreciar su sociedad. No en vano, existe una presencia notoria de la autobiografía en el libro, y muchos de los protagonistas de sus piezas comparten esa exclusión. La firmeza y la reafirmación de su condición es la viga que fortifica su canto.
En su escritura destaca cómo deriva hacia momentos líricos climáticos en muchos de sus poemas más narrativos (pues ésa es la base de buena parte de sus textos, donde no es extraño que incorpore diálogos). Estas composiciones contrastan con otras piezas con un mayor ejercicio metafórico, en los cuales logra una gran altura con una asombrosa claridad.
De este modo, ofrece versos firmes y de distintos registros, deteniéndose en individuos concretos, sin maximalismos, pero siempre con una óptica de comunidad y de calidez que insufla aire y esperanza a sus lectores.