
La amenaza de liberalización sobrevuela sobre Conaliteg. Este organismo público descentralizado es el encargado de decidir el contenido de los libros y se encarga de difundirlos gratuitamente entre gran parte de los estudiantes mexicanos. Conaliteg depende de la Secretaría de Educación Pública y ha estado siempre en el centro de la polémica por haber sido utilizado partidariamente por los diferentes gobiernos. Pero otro nuevo escándalo lo rodea.
Según el líder del PRD, Andrés Manuel López Obrador, Santillana contrató a Juan Ignacio Zavala porque Felipe Calderón, cuñado del seleccionado para el cargo y actual presidente mexicano, planea privatizar este organismo público. “Esto se convertiría en todo un escándalo ya que siempre los libros de texto han sido gratuitos y por la misma disposición constitucional deberán serlo siempre”, afirma Yadira Hidalgo, periodista mexicana. Desde la discutida victoria de Calderón, se han sucedido diferentes hechos que no deben pasar desapercibidos.
Rodríguez Zapatero y George Bush fueron los primeros presidentes en reconocer la autoridad de Calderón. El diario El País y el resto de medios del grupo PRISA tomaron postura en las últimas elecciones presidenciales contra López Obrador. Ahora, las relaciones de las élites hispano-mexicanas pasan por un gran momento. A todo esto debemos sumar los rumores sobre las relaciones del magnate mexicano Carlos Slim, Felipe González y PRISA, que podrían terminar con la compra de una parte del grupo por Slim, la tercera persona más rica del mundo.
En el intento de saber cuáles serán las consecuencias de todo esto, el negocio de los libros de texto es una de las cabezas de lanza de PRISA, y donde mayor importancia tiene este negocio es en México si nos atenemos al número de libros vendidos por la multinacional española. En el país centroamericano Santillana distribuyó en 2005 un total de 22.843.786 libros de texto. Esto significa cerca del 30% de los libros que la editorial vende en todo el mundo y casi el doble de los que vende en el Estado español, cifra que se supera también en Brasil. De ahí la gran importancia que tiene para la empresa de Polanco el mercado latinoamericano.
Un fichaje de libro
El fichaje de Zavala, como número
dos de Santillana México hizo sonar
todas las alarmas y rumores sobre
la apertura de los libros a la lógica
del mercado. Así, la empresa
española se sitúa en una gran posición
ante el posible cambio. Con la
actual situación, aunque la privatización
no se llegara a dar, la situación
de influencia sobre el organismo
público por parte de Santillana
sería muy positiva para sus arcas.
Según fuentes del mercado editorial, en declaraciones a DIAGONAL, “en la escuela privada mexicana, los centros escogen los libros de la editorial que estimen, muchas veces llegando a acuerdos económicos con las editoriales, de forma que escogen no sólo por la calidad de los libros, sino también por el descuento que les hacen, -descuento que no trasladan a los progenitores- y para quedarse con un margen”. “En los públicos lo que se hace es una evaluación por Conaliteg, donde se determina qué libros se aceptan para la escuela, comprados por el Estado y distribuidos a un precio inferior al del mercado o gratuitamente, pero que sigue siendo rentable para las editoriales ya que se ahorran toda la distribución y los stocks que pudieran no venderse”, continúa la misma fuente. Para los mexicanos existe otro problema: la falta de revisión de los contenidos. “Se firma el contrato y a repartir libros con la visión ‘española’ con lo que eso conlleva para la educación mexicana”.
Los beneficios de Santillana
Hoy los libros que distribuye Santillana
a través de sus diversas firmas
(Lanza, Santillana, Aguilar,
Nuevo México, Richmond y Suma
de Letras), según publica en su
web, tienen un precio medio de
mercado de unos 6-7 euros. Esta
situación recordaría a la ya utilizada
en el Estado español por la misma
empresa, tras la situación privilegiada
que la editorial consiguió
en los últimos años del Franquismo
(ver columna), en la que se aseguró
el dominio en la comercialización
de los libros de texto, que se
asemeja a la actual operación en
México. La situación del mercado
del libro ha derivado en el control
absoluto de las grandes editoriales
y los grandes supermercados, que
incluso venden los libros más baratos
de lo que los compran las librerías
de barrio, salvando la regulación
estatal de precios existente,
por la que se prohíbe vender los libros
un 20% más barato de lo estipulado.
En los centros comerciales
se pueden comprar con descuentos
relativos al 25%.